Gran Himno a Atón; pequeño himno; dios egipcio

El Gran Himno a Atón: Texto, Significado y su Relación con el Salmo 104

Puntos Clave sobre el Gran Himno a Atón

  • ¿Qué es? Una de las composiciones religiosas más importantes del antiguo Egipto, atribuida al faraón Akenatón (1353-1336 a.C.) y dedicada al dios solar Atón.
  • ¿Dónde se encontró? En la tumba de Ay en Tell el-Amarna (Egipto), descubierta en 1884. Es el testimonio más completo de la doctrina de Amarna.
  • ¿Cuál es su importancia? Es el manifiesto de la primera religión monoteísta conocida y presenta notables paralelismos con el Salmo 104 de la Biblia hebrea.
  • ¿Qué debate genera? La posible influencia del himno egipcio en la composición hebrea y, por extensión, en el desarrollo del monoteísmo judío.
  • ¿Cuál es su legado? Un texto clave para entender la revolución religiosa de Akenatón y su posible impacto en la tradición bíblica y en la historia de las religiones.

El Gran Himno a Atón es una de las piezas mito-poéticas más bellas y significativas que nos ha legado el antiguo Egipto. Compuesto durante el reinado del faraón hereje Akenatón (Amenhotep IV), este texto no solo representa el testamento espiritual de una revolución religiosa sin precedentes, sino que también constituye una ventana privilegiada para entender el nacimiento del monoteísmo y su posible influencia en la tradición bíblica posterior. Su parecido hermenéutico con el Salmo 104 ha fascinado a egiptólogos y biblistas durante más de un siglo, generando un intenso debate sobre las raíces comunes de ambas tradiciones.

A continuación, exploraremos el contexto histórico de su creación, su estructura literaria, su relación con el Salmo 104 y las implicaciones teológicas que se derivan de este paralelismo. Para ampliar el contexto sobre la religión egipcia, puedes consultar nuestro artículo sobre la Media Luna Fértil, cuna de las primeras civilizaciones.

Akenatón y la revolución religiosa de Amarna

Amenhotep IV gobernó Egipto durante los primeros cinco años manteniendo las políticas y tradiciones religiosas de sus predecesores. Sin embargo, en su quinto año en el trono, experimentó una profunda transformación religiosa: cambió su devoción del culto al dios Amón al culto del dios solar Atón, el disco solar, y adoptó el nombre de Akenatón («el que complace a Atón»). Durante los siguientes doce años, abolió los ritos religiosos tradicionales de Egipto, fundamentalmente el culto a Amón, e instituyó la primera religión estatal monoteísta conocida del mundo[reference:0].

Como parte de esta revolución, Akenatón fundó una nueva capital en el desierto, Ajetatón («el horizonte de Atón»), la actual Tell el-Amarna. En ella, el faraón y su corte desarrollaron una doctrina religiosa radical que negaba la existencia de otros dioses y situaba a Atón como el único creador y sustentador de todo lo que existe. El Gran Himno a Atón, inscrito en la tumba de Ay (un alto funcionario que llegaría a ser faraón), es la expresión más completa de esta teología[reference:1].

El himno fue descubierto durante las excavaciones de 1884 en Tell el-Amarna y se encuentra esculpido en trece columnas en la pared oeste de la tumba de Ay. Se le considera el «manifiesto» de la doctrina de Amarna, definida por Akenatón y su entorno más inmediato[reference:2].

El Gran Himno a Atón: Texto y estructura

El Gran Himno a Atón se estructura en torno a tres grandes movimientos temáticos: el circuito diario del sol (amanecer, mediodía, atardecer y noche), la creación de la vida (en el vientre materno, en la naturaleza y en los pueblos extranjeros) y la relación única entre Atón y el rey. A continuación, presentamos la traducción del texto, precedida por la adoración de Ra-Horajti y la mención del rey y la reina Nefertiti.

Adoración de Ra-Horajti, que aparece en gloria en el horizonte, en su nombre de Shu que es Atón, ¡que vive por siempre!, el gran Atón viviente, que está en su jubileo, el Señor de todo lo que abarca el Disco, Señor del cielo, Señor de la tierra, Señor de la morada de Atón en Ajetatón. (Y adoración del) Rey del Alto y Bajo Egipto, que vive por Maat, el Señor de las Dos Tierras, Neferjeperura UaenRa, el Hijo de Ra que vive por Maat, el Señor de las coronas, Ajenatón, duradero en vida, y adoración a su bienamada gran Reina, la Señora de las Dos Tierras, Nefer-Neferu-Atón Nefertiti, que viva plenamente en salud y juventud eternamente.

El Visir, el Porta abanicos de la derecha del Rey, [Ay], dice:

¡Apareces resplandeciente en el horizonte del cielo, / Oh Atón viviente, principio de la vida! / Cuando amaneces en el horizonte oriental, / Llenas todas las regiones con tu belleza. / Eres hermoso, grande y brillante. / Te elevas por encima de todas las tierras. / Tus rayos abarcan las regiones / Hasta el límite de cuanto has creado. / Siendo Ra alcanzas sus límites, / Y los has sojuzgado para tu amado hijo; / Porque aunque estés muy lejos, tus rayos siempre están sobre la tierra; / Aunque se te vea, tus pasos se desconocen.

Cuando te ocultas por el horizonte occidental, / La Tierra se oscurece como si llegara la muerte. / Se duerme en los aposentos, con las cabezas cubiertas, / Y lo que un ojo hace no lo ve el otro. / Aunque fueran robados sus bienes, / Que están bajo sus cabezas, / Los hombres no se percatarían. / Todos los leones salen de su guarida, / Todas las serpientes muerden, / La oscuridad se cierne, la Tierra reposa en silencio, / Cuando su Creador descansa en el horizonte.

Pero la Tierra se ilumina cuando te elevas por el horizonte, / Cuando brillas, como Atón, durante el día, empujas a la oscuridad / Y entregas tus rayos, / Las Dos Tierras lo festejan, / (Los hombres) despiertan y se levantan sobre sus pies, / Porque tú los has despertado; / Los cuerpos se purifican, se visten, / Sus brazos adoran tu aparición, / El país entero se pone a trabajar, / Todos los animales pacen en sus pastos, / Los árboles y las plantas brotan, / Los pájaros vuelan más allá de sus nidos, / Mientras sus alas desplegadas adoran a tu ka. / Todas las manadas brincan sobre sus patas, / Lo que vuela y todo lo que se posa, / Vive cuando te alzas por ellos.

Los barcos se ponen en camino tanto hacia el norte como hacia el sur, / Los senderos se abren cuando asciendes, / Los peces del río saltan hacia tu rostro, / Y tus rayos penetran hasta el centro del Gran Mar Verde.

Tú, que haces que la semilla crezca en las mujeres, / Que creas la semilla de las gentes, / Que alimentas al hijo en el vientre de su madre, / Que le apaciguas para calmar sus lágrimas, / (Eres) la nodriza en el vientre, / El que da el aliento / Y alimenta todo lo creado. / Cuando surge del vientre a respirar, / El día de su nacimiento, / Abres su boca, / Y provees sus necesidades. / Cuando el polluelo pía en el huevo, en su cascarón, / Dentro, le das el aliento que le hace vivir; / Cuando señalas el tiempo determinado para él, / Rompe el cascarón / Y sale del huevo, / Para anunciar su terminación, / Caminando sobre sus patas apenas ha salido de él.

¡Cuán numerosas son tus obras, / Aun cuando permanecen ocultas a la vista! / ¡Oh Dios Único, inigualable! / Creaste la Tierra según tu deseo, tú, solitario, / A todos los hombres, el ganado y los rebaños; / Cuanto existe en la tierra que anda sobre sus patas, / Todo lo que hay en el cielo que vuela con sus alas, / Los países extranjeros de Kharu [Siria] y Kush [Nubia], / La tierra de Egipto. / Pones a cada hombre en su lugar, / Provees sus necesidades, / Todo el mundo dispone de su comida, / La duración de su vida está calculada, / Sus lenguas difieren en el habla, / Así como sus caracteres, / Sus pieles son distintas, / Porque tú diferenciaste a las gentes.

Tú provocas la inundación desde el mundo subterráneo / Y la traes según tu deseo, / Para alimentar a las gentes, / Porque las creaste para ti mismo. / Señor de todo, que se esfuerza por ellos, / Señor de todas las tierras que brilla por ellas, / Atón del día, grande en Majestad. / Haces vivir a todas las tierras lejanas, / Tú has concedido un Nilo celestial que desciende por ellas, / Que provoca olas sobre las montañas, como el Gran [Mar] Verde, / Para inundar sus campos y sus ciudades. / ¡Cuán excelentes son tus designios, Oh Señor de la Eternidad!

Una inundación en el cielo para los pueblos extranjeros / Y para todas las criaturas de los países que caminan sobre sus patas, / Y un Nilo cuando viene del mundo inferior para la tierra cultivada [Egipto]. / Tus rayos alimentan los campos, / Cuando brillas, viven, germinan por ti; / Hiciste las estaciones para nutrir todo cuanto has creado, / El invierno para enfriar, el calor para que te saboreen. / Creaste el cielo lejano para brillar en él, / Para observar todo aquello que hiciste. / Tú, solo, brillando, en tu manifestación de Atón viviente, / Elevado, radiante, distante, cercano, / Creaste millones de manifestaciones de ti mismo, / Ciudades, pueblos, campos, el discurrir del río, / Porque eres el Atón de las horas día en las alturas. / Una vez que te has ido, no puede existir nada. / Das la existencia a los seres, / Estás sobre ellos y puedes ver su regocijo. / Estás en mi corazón, / No hay otro que te conozca, / Sólo tu hijo Neferjeperura Uaenra [Akenatón], / A quien has mostrado tus caminos y tu poder. / (Los de) la Tierra vienen a la existencia de tu mano, como tú los creas; / Cuando amaneces ellos viven, / Y cuando te ocultas mueren. / Tú eres el tiempo vital en todos tus miembros, y todos viven por ti. / Todos los ojos contemplan tu perfección hasta que te ocultas, / Todos los trabajos cesan cuando descansas por Occidente, / Y cuando amaneces haces que todo el mundo se mueva por el Rey. / Cada pierna se mueve porque creaste la Tierra, / Les haces surgir para tu hijo, que nació de tu cuerpo, / El Rey que vive por Maat, el Señor de las Dos Tierras, / Neferjeperura El Único que pertenece a Ra, / El hijo de Ra que vive por Maat, Señor de las coronas, / Ajenatón, duradera sea su vida, / Y (la de) la Gran Reina a quien él ama, la Señora de las Dos Tierras, / Nefer-neferu-Atón Nefertiti; que vive y rejuvenece por siempre jamás.

El Salmo 104 y su paralelismo con el Gran Himno a Atón

El Salmo 104 es una de las composiciones poéticas más elaboradas de la Biblia hebrea. Comienza con la exclamación «Bendice, alma mía, al Señor» y desarrolla un himno de alabanza al Dios creador que describe la creación del mundo, el ciclo del día y la noche, y la providencia divina sobre todas las criaturas. Su notable parecido con el Gran Himno a Atón fue señalado por primera vez por el egiptólogo estadounidense James Henry Breasted en 1894, y posteriormente por Arthur Weigall, quien llegó a afirmar que el salmo era una traducción hebrea del himno egipcio[reference:3].

Entre los paralelismos más citados se encuentran: la descripción de la noche como el momento en que los animales salvajes salen a buscar su alimento, mientras los hombres duermen; el amanecer como el momento en que el sol sale y los hombres se levantan para trabajar; la creación de los seres vivos en el mar y en la tierra; y la idea de que todas las criaturas dependen del Creador para su sustento. La versión poética de la creación del Salmo 104 está mucho más elaborada literariamente que el relato del Génesis, y su autoría se atribuye tradicionalmente a David o a Salomón, aunque la crítica moderna la sitúa en un período muy posterior[reference:4].

El debate académico continúa. Mientras algunos estudiosos defienden una dependencia directa del salmo respecto al himno egipcio, otros argumentan que las similitudes se explican por una herencia literaria común entre Egipto e Israel, o incluso por la influencia de motivos cananeos en la religiosidad israelita[reference:5]. Lo cierto es que ambos textos comparten un mismo espíritu de alabanza a un creador único y universal, y su comparación sigue siendo un tema central en el estudio de las relaciones entre Egipto y la Biblia.

El Pequeño Himno a Atón: una versión más breve

Además del Gran Himno, se conserva una versión más breve conocida como el Pequeño Himno a Atón, encontrado en la tumba de Apy. Ambos himnos comparten la misma doctrina, pero el Pequeño es más conciso y se centra en la relación personal del rey con el dios. A continuación, reproducimos su texto:

¡Oh Atón viviente, eterno Señor, apareces resplandeciente! / Eres radiante, perfecto, poderoso, / Grande es tu amor, inmenso. / Tus rayos iluminan todos los rostros, / Tu brillo da vida a los corazones, / Cuando llenas las Dos Tierras con tu amor. / Venerable Dios, auto-creado, / Tú creaste todas las tierras y todo lo que en ellas existe, / A los hombres, el ganado y los rebaños, / Todos los árboles que crecen de la tierra; / Viven cuando amaneces por ellos. / Eres madre y padre de cuanto has creado.

Cuando apareces sus ojos te contemplan, / Tus rayos iluminan toda la Tierra. / Todos los corazones aclaman tu presencia, / Cuando te elevas como su señor. / Cuando te ocultas en el horizonte occidental del cielo, / Se postran como si muriesen, / Con sus cabezas cubiertas, su respiración cesa, / Hasta que de nuevo te elevas en el horizonte oriental del cielo, / Y sus brazos aclaman tu ka, / Cuando nutres sus corazones con tu perfección. / Cuando lanzas tus rayos surge la vida / Y todas las tierras lo festejan.

Cantantes y músicos gritan de alegría, / En el patio de la capilla benben / Y en todos los templos de Ajetatón, / El lugar de la verdad en el que te regocijas. / Se ofrecen los alimentos en sus centros / Tú sagrado hijo pronuncia tus oraciones, / ¡Oh Atón que vive en sus apariciones! / Todas las criaturas saltan ante ti. / Tu venerable hijo exulta alegría. / ¡Oh Atón, que vive diariamente con plenitud en el cielo! / Tu descendencia, tu venerable hijo, El Único de Ra. / El Hijo de Ra no deja de ensalzar su perfección, / Neferjeperura Uaenra.

Soy yo, tu hijo, quien te sirve y quien exalta tu nombre. / Tu poder, tu fuerza están firmes en mi corazón, / Eres el Atón viviente cuya imagen perdura, / Has creado el cielo lejano para brillar en él, / Para observar todas tus creaciones. / Eres El Único y en ti hay un millón de vidas. / Das el aliento de vida en sus narices para hacerlas vivir. / Gracias a la vista de tus rayos existen todas las flores, / Todo lo que vive y brota del suelo crece cuando tú brillas. / Los rebaños pacen abrevando de tu vista, / Los pájaros en el nido vuelan con alegría, / Y despliegan sus alas plegadas en señal de adoración. / ¡Oh Atón viviente, su creador!

Legado e influencia en el monoteísmo

La revolución religiosa de Akenatón fue un episodio breve y traumático en la historia de Egipto. Tras su muerte, sus sucesores restauraron el culto a Amón y borraron su nombre de los monumentos. Sin embargo, el impacto de sus ideas trascendió las fronteras del tiempo y del espacio. El Gran Himno a Atón es un testimonio de la primera religión monoteísta conocida, y su influencia en el monoteísmo judío ha sido objeto de intenso debate desde el siglo XIX.

Algunos autores, como Sigmund Freud en Moisés y la religión monoteísta, sugirieron que Moisés pudo haber sido un sacerdote atenista que huyó de Egipto tras la muerte de Akenatón, llevando consigo la idea de un dios único. Otros, como Jan Assmann en Moisés el egipcio, han explorado la construcción de la memoria de Moisés y su relación con la religión de Amarna. Si bien no hay pruebas concluyentes de una dependencia directa, el paralelismo entre el himno egipcio y el Salmo 104 sigue siendo un fascinante ejemplo de cómo las ideas religiosas pueden viajar y transformarse a lo largo del tiempo y las culturas[reference:6].

En definitiva, el Gran Himno a Atón no es solo un texto religioso, sino también un documento histórico de primer orden que nos invita a reflexionar sobre los orígenes del monoteísmo y la profunda conexión entre las civilizaciones del antiguo Cercano Oriente. Para seguir explorando estos temas, te recomendamos nuestro artículo sobre el profeta Zacarías o el dedicado a la adivinación en la Biblia.

Referencias bibliográficas

  • Cervelló Autuori, J. (2021). «De cómo la gramática vehicula la doctrina. Una traducción comentada en español del Gran himno a Aton». En: Sentido de un empeño. Homenaje a Gregorio del Olmo Lete. Barcelona: Edicions de la Universitat de Barcelona, pp. 151-171.
  • Assmann, J. (2003). Moisés el egipcio. Madrid: Oberon.
  • Reeves, N. (2002). Akhenatón: El falso profeta de Egipto. Madrid: Oberon.
  • Schipper, B. U. (2014). «Egyptian Backgrounds to the Psalms». En: The Oxford Handbook of the Psalms. Oxford: Oxford University Press.
  • Hoffmeier, J. K. (2015). Akhenaten and the Origins of Monotheism. Oxford: Oxford University Press.

Artículo actualizado en septiembre de 2026. Este contenido es fruto de una revisión documental y bibliográfica; todas las fechas y hallazgos citados son verificables en las fuentes indicadas. Ediciones: 2017, 2019, 2021, 2026.

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