Villarrica y Cunday (1950): El Nacimiento Institucional y el Primer Éxodo al Monte
Serie: Memoria Histórica del Oriente del Tolima | Entrega 2 (1950)
Síntesis Histórica
¿Qué caracterizó a Villarrica y Cunday durante 1950?
El año 1950 marcó el inicio de la vida jurídica e institucional de Villarrica tras su segregación de Cunday. Mientras las cifras oficiales mostraban un municipio cafetero pujante con teatros de cine y alta actividad bancaria, la realidad cotidiana estuvo atravesada por una profunda vulnerabilidad social (con una mortalidad infantil superior al 70%), la inestabilidad política con el asalto a la propia alcaldía municipal y el nacimiento de las primeras autodefensas campesinas liberales lideradas por los hermanos Jiménez ante el hostigamiento oficial.
1. El estreno municipal: Villarrica arranca en el papel (1 de enero de 1950)
El primer día de enero de 1950 entró en vigor el Decreto Extraordinario N.º 1131. El caserío de Andalucía dejaba de ser un corregimiento subordinado para convertirse formalmente en la cabecera municipal de Villarrica [1].
Sin un concejo municipal constituido debido a la vigencia del Estado de Sitio y a su reciente fundación, el gobierno departamental encomendó la administración local a una Junta Administradora transitoria de tres miembros principales con sus respectivos suplentes. Al mismo tiempo, el municipio asumió el compromiso financiero de amortizar el 25% de la deuda pública que arrastraba Cunday [1].
Por su parte, en la alcaldía de Cunday se formalizó el relevo institucional: J. M. Morales Sánchez asumió las riendas locales en sustitución de Mardoqueo Burgos, mientras que el experimentado dirigente liberal Isaías Moreno fue ratificado una vez más como personero municipal [2].
2. La radiografía social y económica de 1950: Prosperidad cafetera y drama humano
Los anuarios estadísticos departamentales de 1950 ofrecen una fotografía de contrastes agudos: una región con dinamismo comercial y financiero sobresaliente, pero castigada por la precariedad sanitaria y el abandono estatal.
Cunday y Villarrica frente al espejo departamental (1950)
| Indicador Social / Económico | Cunday (Tolima) | Villarrica (Tolima) | Contexto Regional |
|---|---|---|---|
| Presupuesto Municipal | $191.882,46 | $73.818,50 | Villarrica superó en su primer año a municipios como Alpujarra y San Luis [3]. |
| Población en edad temprana | 993 nacimientos (490 legítimos / 503 extramatrimoniales) | 259 nacimientos (163 legítimos / 96 extramatrimoniales) | Cunday ocupó el 6.º puesto departamental en nacimientos [3]. |
| Mortalidad infantil | 163 de 273 defunciones (59,7%) | 90 de 122 defunciones (73,7%) | Casi tres de cada cuatro fallecidos en Villarrica eran menores de edad [3]. |
| Ahorro popular (Caja Colombiana) | 500 cuentas ($76.013 depositados) | 1.207 cuentas ($133.272 depositados) | Villarrica duplicaba a Cunday en número de ahorradores activos [3]. |
| Mercado inmobiliario | 274 compraventas ($1.030.996) | 92 compraventas ($354.170) | Promedio de $3.850 por predio en el naciente municipio [3]. |
| Infraestructura educativa | 17 escuelas oficiales (563 alumnos rurales, 233 urbanos) | 10 escuelas oficiales (enseñanza primaria básica) | 1 escuela privada laica en cada municipio [4]. |
En el plano laboral, la subsistencia del jornalero dependía de la altura geográfica de las parcelas. En Cunday, el jornal agrícola diario para los hombres en clima templado era de $2,30 con alimentación ($3,37 sin ella), mientras que en el clima frío de la cordillera caía a $1,90 diarios [5].
A pesar de las tensiones bélicas latentes, la vida social buscaba sus propios resquicios: Villarrica figuraba ya como uno de los 22 municipios del Tolima dotados de cinematógrafo permanente. Durante 1950 se registraron allí 56 funciones de cine con un total de 5.049 espectadores, manteniendo un promedio regular de 90 asistentes por función [6].
3. Asaltos al despacho, desfalcos y el baile de alcaldes
La institucionalidad del nuevo municipio fue frágil desde sus primeros meses. El controvertido Eduardo Gerléin Gómez —antiguo director conservador de la Colonia del Sumapaz— fungía como alcalde a mediados de año.
El 7 de septiembre de 1950, el corresponsal Roberto Moscoso denunció a través de la Tribuna Gaitanista un grave atentado contra la sede de gobierno:
"Un grupo de facinerosos asaltó violentamente el despacho de la Alcaldía Municipal de Villarrica, sustrayendo y desapareciendo de los archivos el sumario criminal que se adelantaba contra Ramón Gutiérrez por el delito de homicidio". [7]
Apenas seis días después del asalto, el 13 de septiembre, la Gobernación designó como nuevo alcalde a Remigio Nieto (quien venía de desempeñarse como burgomaestre en Venadillo), posesionando como su secretario a Augusto Carrera [7]. La administración de Nieto intentó proyectar normalidad: el 1 de octubre promovió un bazar popular para recaudar fondos comunitarios destinados a comprar una volqueta para el municipio.
Sin embargo, el orden civil era pura apariencia. Para el 13 de octubre, el registro electoral de Villarrica arrojaba apenas 127 cédulas vigentes en todo el municipio, de las cuales solo 15 habían sido formalmente revisadas [7]. Meses más tarde, el propio alcalde Nieto abandonaría el cargo prófugo de la justicia departamental tras abrirse en su contra un proceso penal por malos manejos de los caudales públicos [8].
4. De Guatimbol al monte: Los hermanos Jiménez y la autodefensa
Hacia el último trimestre de 1950, la persecución de la policía chulavita y de la llamada "chusma" conservadora aceleró la respuesta armada de la población campesina. A lo largo de la frontera boscosa con Cundinamarca, las ligas agrarias comenzaron a coordinar contingentes de defensa que sumaban entre 300 y 500 hombres rústicamente equipados [9].
En este punto es indispensable realizar una precisión histórica fundamental sobre el carácter de estos núcleos:
"Aquí en Villarrica la resistencia se da por instinto de conservación; qué cuento de revolución, se trataba era de no dejarse matar".
— Julia Esther Mora [10]
No se trataba aún de columnas guerrilleras ideologizadas con fines de toma del poder, sino de núcleos campesinos y labriegos de filiación liberal organizados para repeler los incendios de ranchos y las detenciones arbitrarias [11].
En ese contexto destacó la figura de Marcos Jiménez (conocido posteriormente como Resortes), quien junto a sus hermanos Víctor (alias Teniente Roncería) y Ángel (alias Tominejo) había llegado a la región procedente de la hacienda Guatimbol en Icononzo. Huyendo de la persecución política en el páramo, los hermanos Jiménez consiguieron empleo como jornaleros y administradores en la vereda Alto Roble, en la finca La Cabaña, propiedad del acaudalado dirigente liberal boyacense Don Carlos Mora [11]. Su disciplina de trabajo y su ascendencia entre los colonos los convertirían rápidamente en los líderes naturales de la resistencia armada en la comarca.
5. El cierre de 1950: El primer éxodo rural y crímenes en Cuindeblanco
Para diciembre de 1950, la convivencia se había quebrado de manera definitiva. La prensa departamental reportó el asesinato a machete de dos humildes campesinos en la vereda Cuindeblanco, despojados de su dinero en los caminos de herradura [12].
Ante las incursiones nocturnas de uniformados y civiles armados, las veredas entraron en pánico. Centenares de familias campesinas dejaron de dormir bajo el techo de sus casas de madera y paja:
[EL CICLO DEL DESPLAZAMIENTO EN VILLARRICA - 1950]
├── 1. Incursión Nocturna: Amenazas, requisas violentas e incendios de bohíos.
├── 2. Noches en el Cafetal: Familias enteras pasan la noche escondidas en la manigua.
├── 3. Abandono de Parcelas: Los colonos dejan sus cosechas a medio recoger.
└── 4. Concentración en El Roble: Más de 500 familias forman los primeros campamentos comunitarios.
Quienes no emigraron hacia cabeceras urbanas más seguras se replegaron hacia los filos de la cordillera del Altamizal y el sector de El Roble, levantando refugios colectivos y coordinando guardias permanentes con escopetas de fisto y revólveres [13].
Villarrica cerraba así su primer año de vida administrativa: un municipio legalmente fundado en los decretos oficiales, pero cuyos habitantes ya estaban viviendo en los campamentos de la guerra agraria que marcaría toda la década.
Fuentes y Archivos Documentales
- [1] Gobernación del Tolima, Decreto Extraordinario N.º 1131 del 19 de diciembre de 1949, artículo 1.º a 3.º.
- [2] Archivo Histórico Judicial de Ibagué. Estante 2, Bandeja 3, Caja 16, Legajo 4, Documento 128: Sumario criminal contra Justiniano Navarro y otros, diligencia de testimonios de 1950.
- [3] República de Colombia, Contraloría Departamental del Tolima: Anuario General de Estadística 1950–1954. Imprenta Departamental, Ibagué. Págs. 4-5, 48, 53-54, 81, 85, 147, 159 y 162.
- [4] Ibíd., págs. 213–225 y 235–238.
- [5] Ibíd., pág. 204.
- [6] Ibíd., pág. 259.
- [7] Semanario Tribuna Gaitanista, Ibagué, ediciones del 7 y 13 de septiembre, y 1 y 13 de octubre de 1950.
- [8] Entrevista a Julia Esther y Rosalba Mora por el autor, Ibagué, 4 de agosto de 2005.
- [9] Ramsey, Russell W. Guerrilleros y soldados. Tercer Mundo Editores, Bogotá, 2.ª edición, 2000, p. 183.
- [10] Entrevista a Julia Esther Mora por el autor, Ibagué, 4 de agosto de 2005.
- [11] Guzmán Campos, Germán; Fals Borda, Orlando y Umaña Luna, Eduardo. La Violencia en Colombia. Tomo I, Tercer Mundo Editores, Bogotá, 1964, p. 120.
- [12] Semanario Tribuna Gaitanista, ediciones del 14 y 20 de diciembre de 1950.
- [13] Entrevista a Salustiano Gómez, en Revista El Manifiesto, N.º 36, Bogotá, marzo de 1977.
(Entregas de la serie: ← Entrega 1: 1948–1949 | Próxima entrega: 1951 — El Asedio Militar y la Consolidación de la Resistencia)
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