Villarrica y Cunday (1952): La Guerra Irregular
Serie: Memoria Histórica del Oriente del Tolima | Entrega 4 (1952)
Síntesis Histórica
¿Qué ocurrió en Cunday y Villarrica durante 1952?
Durante 1952, la violencia partidista en la cuenca del río Cuinde mutó en una guerra irregular sin cuartel. La muerte violenta del temido líder chulavita Antonio Molina a manos del liberal Obdulio Moncaleano desató sangrientas represalias contra familias enteras en Cuindeblanco, desapariciones de hacendados y masacres en La Mercadilla, donde los cuerpos quedaron expuestos al sol. Mientras los precios de las fincas se desplomaban y los campos quedaban en abandono, más de 500 familias campesinas se atrincheraron en el campamento comunitario de El Roble para resistir con las armas.
1. El duelo en el billar: La caída del gamonal Antonio Molina y la venganza en Cuindeblanco
A lo largo de 1950 y 1951, Antonio Molina, finquero conservador de la vereda Alto Bélgica, había fungido como el brazo civil del terror chulavita en Andalucía y la Colonia del Sumapaz [1]. Respaldado por delatores veredales y el amparo del penal, retenía campesinos en calabozos improvisados y lideraba el despojo sistemático de los labriegos catalogados como "abrileños".
La tensión acumulada tuvo un desenlace personal e implacable: en un billar del pueblo, Molina intentó afrentar y doblegar una vez más en público a un labriego liberal, Obdulio Moncaleano [2]. Esta vez no hubo sumisión: Moncaleano desenfundó un revólver —suministrado previamente por un opositor apodado irónicamente «El Comunista»— y disparó a quemarropa contra el terrateniente, segándole la vida en el acto [2].
La reacción de la "chusma" goda fue inmediata:
- Desnudaron y redujeron a Moncaleano, con la explícita intención de castrarlo vivo en medio de la plaza pública [2].
- La multitud de pobladores y campesinos congregados, de abrumadora mayoría liberal y hastiada de los abusos de Molina, rodeó a los aprehensores e impidió por la fuerza la mutilación [2].
Sin embargo, la sed de escarmiento de las bandas armadas oficiales derivó en una barbarie ciega: en la vecina vereda de Cuindeblanco, una cuadrilla armada masacró a una familia completa de seis personas, incluidos dos infantes de pecho menores de un año, como represalia directa por la muerte de Molina [3]. La espiral de venganzas ya no distinguía edades, sexos ni combatientes.
2. La desolación en La Mercadilla y el colapso del comercio rural
Para el segundo semestre de 1952, la descomposición de la frontera agraria alcanzó niveles extremos. En julio, dos hacendados acomodados de la vereda La Mercadilla, Manuel y Luís Rozo, desaparecieron sin dejar rastro [4]. Pocos días después, apareció administrando y usufructuando sus ricas fincas un particular llamado Ignacio Cifuentes. El entonces alcalde municipal, José Emiliano Valbuena, asumió personalmente la investigación criminal y procedió a la captura de Cifuentes, remitiéndolo de inmediato a la cárcel del circuito de Melgar [4].
La muerte se paseaba impune por las veredas. El 16 de agosto de 1952, una incursión armada cobró la vida de numerosos campesinos en La Mercadilla; según el testimonio epistolar de Don George Wolf a su hijo Jorge, los cadáveres fueron abandonados sobre la hojarasca de los cafetales, expuestos a la intemperie y devorados por las aves carroñeras [5].
[LA DESINTEGRACIÓN RURAL DE VILLARRICA - 1952]
├── 1. Muerte de Antonio Molina y represalias en Cuindeblanco (familias masacradas).
├── 2. Masacres y desaparecidos en La Mercadilla (cadáveres a merced de gallinazos).
├── 3. Cierre de la red comercial: quiebra y clausura de tiendas campesinas en la Colonia.
├── 4. Desplome inmobiliario: parcelas abandonadas sin valor comercial.
└── 5. Éxodo a El Roble: 500 familias organizan la defensa armada en la montaña.
Las repercusiones socioeconómicas fueron devastadoras:
- Las tiendas de abastecimiento de la Colonia del Sumapaz quebraron y cerraron sus puertas, desapareciendo por completo el mercado regular de víveres [5].
- Centenares de labriegos huyeron hacia las ciudades de Ibagué, Girardot y Bogotá, malvendiendo sus predios a precios irrisorios ante la absoluta falta de garantías [6].
3. Radiografía social y económica de 1952: El café resiste en medio del fuego
Pese al colapso del orden público en las veredas, la infraestructura cafetera y el aparato fiscal departamental mantuvieron una inercia económica asombrosa. El Tolima consolidaba su estructura minifundista: de las 54.161 propiedades cafeteras censadas en el departamento por la Federación Nacional de Cafeteros, 43.310 predios (el 80%) contaban con menos de 5.000 árboles de café, mientras solo 60 haciendas superaban los 100.000 cafetos [7].
El movimiento comparativo entre Cunday y Villarrica en 1952 refleja el choque entre la pujanza monetaria y la precariedad de la vida:
Indicadores Fiscales, Sociales y Demográficos (1952)
| Rubro Estadístico Municipal | Cunday (Tolima) | Villarrica (Tolima) | Análisis Comparativo Regional |
|---|---|---|---|
| Recaudo de Impuestos Locales | $47.568 (Puesto 23 departamental) | $57.259 (Puesto 17 departamental) | Villarrica superó en recaudos a su antiguo municipio madre [8]. |
| Ingresos por Empresas Municipales | $15.183 (Puesto 21 en el Tolima) | $26.604 (Puesto 12 en el Tolima) | Villarrica creció un 46,6% en servicios públicos locales [8]. |
| Propiedad Urbana Gravada (Predial) | 381 fincas ($561.000 de avalúo) | 213 fincas ($1.156.900 de avalúo) | El avalúo urbano de Villarrica duplicaba en valor al de Cunday [9]. |
| Propiedad Rural Gravada (Predial) | 2.268 fincas ($11.934.900 no grav.) | 1.482 fincas ($8.416.100 gravadas) | Riqueza concentrada en cafetales de altura sobre el río Cuinde [9]. |
| Mercado de Tierras (Compraventas) | 382 negocios ($1.071.317 negociados) | 201 negocios ($872.918 negociados) | Negociaciones forzosas y traspasos por miedo al conflicto [10]. |
| Nacimientos Registrados | 650 infantes (389 leg. / 261 ileg.) | 584 infantes (346 leg. / 238 ileg.) | Tasa cercana al 40% de nacimientos fuera de matrimonio [11]. |
| Asistencia al Cinematógrafo | 38 funciones (3.119 espectadores) | 200 funciones (15.852 espectadores) | Villarrica registró 5 veces más público de cine que Cunday [12]. |
El costo de la vida campesina: Precios en El Espinal (1952)
Para un jornalero de la región, cuyo ingreso diario oscilaba entre $1,90 y $2,30 [13], el acceso a la canasta básica dependía de los precios de mercado en los centros de acopio como El Espinal:
- Arroz: $0,34 por libra.
- Azúcar: $0,21 por libra.
- Carne de res de primera: $28,00 la arroba ($1,22 por libra).
- Carne de cerdo: $29,00 la arroba ($1,30 por libra).
- Manteca de cerdo: $32,00 la arroba ($1,18 por libra).
- Cacao en grano: $34,50 la arroba ($1,49 por libra).
- Papa de primera: $3,80 la arroba ($0,20 por libra).
- 100 plátanos: $7,00 ($0,08 por unidad) [14].
Un campesino debía trabajar casi medio día para costear una libra de carne de res o de manteca, lo que explica que las familias replegadas al monte dependieran de la siembra clandestina de plátano, yuca y maíz para subsistir.
4. Pleitos, sumarios y la justicia en Cunday y Villarrica
En los estrados judiciales del Tolima, los expedientes criminales de 1952 registraban la maraña de homicidios y negocios truncados:
En Villarrica, con Eduardo Zárrate como alcalde, Medardo Guarnizo como juez promiscuo y Antonia Reyes (junto a Mery Reyes) como oficiales de estadística, compareció el 10 de agosto Ángel María Jiménez Domínguez (25 años, jornalero analfabeto, residente en Bajo Roble) [15]. Jiménez declaró en el sumario por la muerte de Carlos Julio Roncería, aclarando que su hermano Marcos Jiménez («Resortes») le había adquirido una finca al occiso y le adeudaba $6.500 respaldados en una letra de cambio que terminó en manos de Pablo Melo [15]. La frontera entre pleitos comerciales y venganzas políticas era difusa.
Paralelamente, en la jurisdicción rural de Cunday:
- El 21 de abril de 1952, bajo la alcaldía de Aristóbulo Penagos y con Héctor Camacho Arias como personero, el puesto policial de La Aurora quedó al mando de Elisio Villanueva [16]. Allí rindió testimonio Gustavo Azcuénaga (42 años, bogotano radicado en la vereda) en el sumario contra el líder agrario Cesáreo Hernández, sindicado de haber ultimado a su propio yerno, el agente policial Gustavo González Arévalo [16].
- Ese mismo año, la instrucción pública dio un paso simbólico en medio de la contienda: Luís Antonio Vieda formalizó la venta por $2.200 de una casa-lote en la vereda San Pablo a favor del municipio, predio adquirido previamente a la viuda Blanca Pardo de Bernate [17].
5. El Roble: Nacen los campamentos comunitarios de resistencia
Hacia finales de 1952, la población campesina comprendió que la justicia institucional no operaba en los caminos veredales. Quienes se negaron a someterse a los salvoconductos comprados o a la conversión forzosa al partido conservador tomaron una determinación colectiva: internarse en la cordillera del Altamizal.
En el sector de El Roble, más de quinientas familias levantaron bohíos colectivos protegidos por trincheras naturales, mientras los hombres jóvenes —guiados por los hermanos Marcos y Ángel Jiménez— tomaron las escopetas y los máuseres para organizar guardias permanentes [18]. Los campesinos dejaron de ser colonos dispersos: habían conformado una comunidad autónoma en armas.
La mesa quedaba servida para la confrontación abierta. El año 1953 no traería paz, sino la llegada de tropas combinadas, el combate feroz de La Cabaña y la muerte trágica de Don Carlos Mora.
Fuentes y Archivos Documentales
- [1] Entrevista a Julia Esther Mora y Rosalba Mora por el autor, Ibagué, 4 de agosto de 2005.
- [2] Ibíd.
- [3] Semanario Tribuna Gaitanista, Ibagué, edición del 17 de agosto de 1951 (registrando los efectos inmediatos de los hechos de Cuindeblanco).
- [4] Semanario Tribuna Gaitanista, ediciones del 20 y 28 de febrero, 13 de abril y 8 de julio de 1951 / 1952.
- [5] Carta de George Wolf a su hijo Jorge, citada en: González, José Jairo y Marulanda, Elsy. Historias de frontera: colonización y guerras en el Sumapaz. CINEP, Bogotá, 1990, págs. 219–220.
- [6] Archivo Histórico Judicial de Ibagué. Juzgado Quinto de Instrucción Militar, Expediente 1610, cuaderno N.º 10 contra Isauro Yosa y otros por asociación para delinquir, diligencias del 2 de julio de 1955.
- [7] Federación Nacional de Cafeteros, citado por: Guhl, Ernesto. El aspecto económico y social del cultivo de café en Antioquia y Tolima. En: Revista Colombiana de Antropología, Bogotá, 1953.
- [8] República de Colombia, Contraloría Departamental del Tolima: Anuario General de Estadística 1950–1954. Imprenta Departamental, Ibagué. Págs. 321–322 y 531.
- [9] Ibíd., págs. 333, 357, 358 y 471.
- [10] Ibíd., págs. 459–461.
- [11] Ibíd., págs. 369, 370 y 379.
- [12] Ibíd., págs. 509 y 511.
- [13] Ibíd., pág. 204.
- [14] Ibíd., pág. 482.
- [15] Archivo Histórico Judicial de Ibagué. Estante 13, Balda 3, Caja 103, Legajo 1: Sumario contra José Ignacio Forero, Marcos Jiménez y otros por homicidio. Diligencias de agosto de 1952.
- [16] Archivo Histórico Judicial de Ibagué. Estante 11, Balda 5, Caja 58, Legajo 5: Proceso penal contra Cesáreo Hernández por homicidio del agente Gustavo González Arévalo, 21 de abril de 1952.
- [17] Archivo Notarial de Melgar, Escritura Pública N.º 609 del 4 de noviembre de 1952.
- [18] Entrevista a Salustiano Gómez, en Revista El Manifiesto, N.º 36, Bogotá, marzo de 1977.
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