Libro de Daniel en la biblia, resumen, estudio, interpretación, ensayo; quien lo escribió

Libro de Daniel en la biblia, resumen, estudio, interpretación, ensayo; quien lo escribió.
El Libro de Daniel pertenece al antiguo testamento y tradicionalmente se asume que su autor fue el famoso profeta del mismo nombre (Daniel, según la concordancia Strong: H1840, juez de Dios o Dios es mi juez) del cual no hay precisión histórica, tan solo se menciona en Libros como el de Ezequiel y otros, como prototipo de personaje justo y sabio (aunque haya un Daniel sobre el 602 AC en la corte de Nabuconodosor y se haga alusión a él en algunas partes del libro).
Los judíos no lo incluyen con los profetas sino entre el bloque de los escritores.Una parte está escrita en hebreo y otra en arameo.
Los dos últimos capítulos de este libro se habrían redactado en griego y tanto como judíos como protestantes los consideran añadidos: la historia de Susana (capítulo 13), la historia de Bel y el Dragón o la serpiente (capítulo 14). Así mismo excluirían la oración de Azarías y el canto de los tres jóvenes (capítulo 3:24-90).

Se dice que la redacción del libro de Daniel se haría entre el 200 y el 160 aC, justo en tiempo de los Macabeos (lo que anularía su presunto valor profético cuando predice que los imperios de babilonia y Persia por ejemplo serán sucedidos por los griegos con Alejandro Magno), tal vez como sostén de la comunidad de fe judía durante las terribles persecuciones de Antíoco Epifanes. Hipótesis respecto a su redacción bilingüe: que fue escrito así por un escriba; que fue escrito en hebreo y en arameo, para lectores de estos idiomas pero que una parte del texto en hebreo se perdió y fue sustituido por las partes en arameo.
Debió ser conocida una primera parte (o una edición reducida) redactada en hebreo (quizás la correspondiente al descendiente de David con ese mismo nombre, llevado deportado a Babilonia en el 600 a.C.) cuando la redacción del libro de los Macabeos, porque allí en el capítulo 2 versículos 59 y 60 (TE, 2000) se menciona la liberación del fuego ardiente por parte de Misael, Azarías y Ananías, así como la manera en que Daniel fue salvado del foso de los leones.
Dicho libro tiene hondos elementos mazdeistas o al menos fuertes parecidos, como su escatología apocalíptica (de revelación) por medio de visiones y sueños así como de viajes astrales o espirituales.
Actualmente se le incluye al libro de Daniel dentro de la literatura apocalíptica (que como elemento común a todos sus escritos, fue redactado en épocas de grandes crisis políticas); los mensajes se revisten de una rica simbología (los seres antagónicos de Dios son grandes bestias como leones alados, que semejan los viejos mitos de la lucha contra el caos; todos ellos serán destruidos y arruinados): el vidente (generalmente se pretende que fueron escritos por algún patriarca o profeta del pasado, de ahí que sean textos pseudoepigráficos) sufre un impacto emocional profundo que lo incita a sentir debilidad, trastorno o dolencias.
El discurso genérico de este tipo de literatura posee dos partes; una en el momento presente donde se toma la historia humana actual (presente asfixiante bajo el yugo de potencias injustas que) y otra en un futuro mediático donde se revela el acontecer del final de los tiempos.
En el libro de Daniel aparecen por primera vez dentro del canon judío la retribución después de la muerte. Se cumple la sustitución de la retribución colectiva por el de responsabilidad individual.
Dios interviene dramáticamente en la historia humana (ya no solo en Israel sino en todo el mundo) acabando del todo con cualquier rastro de mal en el mundo y aniquilando a los transgresores. El nuevo gobierno instaurado por Dios es estable ya que «le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas lo sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará; y su reino es uno que nunca será destruido».Daniel 7:14, Reina Valera 1995, edición de estudio.
Opinaba Baruch Spinoza que a partir del capítulo 8 se le puede atribuir con certeza la autoría del libro al profeta epónimo. Los capítulos anteriores estaban redactados en arameo.
El libro de Daniel fue concluido 400 años después de la muerte de Nabuconodosor (164 aC., cuando en Palestina reinaba el rey sirio Antíoco IV) y sus referencias a él se refiere realmente es a Nabonido y a su hijo Belsasar bajo cuyo reinado Babilonia cayó en manos persas.
No sería de extrañar la ignorancia del escriba en historia babilónica (el rey del que habla jamás ha existido, el que padece la locura o licantropía y que luego se cura cuando reconoce la superior potestad del dios hebreo). Parece ser que el autor se inspiró en una leyenda babilonia (que nosotros conocemos por sernos transmitida por el escritor cristiano Eusebio de Cesárea, 260-340): «Yo aquí, Nabuconodosor, os anuncio el acontecimiento de la desventura…Llegará el persiano, el mulo persiano, que tendrá por aliado a vuestras divinidades: pero él os llevará la servidumbre…O pudiese, en cambio, antes de que los ciudadanos vayan en ruina…el mar recogerlo y aniquilarlo completamente, o él, dirigiéndose a otro lugar, ser expulsado a través del desierto, donde no se encuentran ni ciudades ni rastros de hombre, sino que pastan animales salvajes y vuelan pájaros. Mientras que él vaga solo entre los desfiladeros de las rocas y de los abismos».
El relato de la última noche de Belsasar (Daniel 5: 1-5) (haciendo las correcciones de rigor: que no era rey sino príncipe heredero y regente encargado y que su padre no fue Nabuconodosor sino Nabónido) dice a continuación que una mano escribió en la pared «mnh, tkl, prs, prs», ocurriéndose como la lectura más fácil: meneh, tekel, peres, peres significando las unidades de peso: la mina, el siclo, la media mina dos veces; Daniel leyó menah, tekal, peras, paras (tres verbos y un nombre: Ha repartido, pesado, divido, el persa). La tradición los convirtió en mene, mene, tekel, upharsin(Contó Dios tu reino, y le ha puesto fin. Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto. Tu reino ha sido roto, y dado a los Medos y los Persas). El quid del asunto radicaba en la ambigüedad de los términos no vocalizados, como corresponde al arameo que era consonántico. Mejor dicho un idioma que se escribía en consonantes, podía insertarsele cualquiera de las cinco vocales y obtener significados distintos.
Bibliografia recomendada EISELE Petra, Babilonia, historia de una mítica ciudad, Editorial Edaf, Madrid 1989.

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