An-Anu deidad, dios sumerio de los cielos

An-Anu deidad, dios sumerio de los cielos.
El dios An o Anu en la mitología sumeria (Anum en Babilonia), era el dios (deidad) del cielo, señor de las constelaciones; rey de los dioses, espíritus y demonios. Su morada era más allá, en las más altas regiones celestiales.

Residente en el tercer cielo[1], simbolizado por una estrella de ocho rayos y por la base del sistema numérico sumerio, el número sesenta; su ideograma representaba el cielo lluvioso (la lluvia; el cielo abraza y fecunda a la tierra por su intermedio); controlaba los fenómenos meteorológicos, incluyendo el rayo.
Su tendencia pasiva fue cediendo su lugar al dios Enlil, más activo en la vida cotidiana de los hombres. Esto ocurrió durante la dinastía de Sargón, que fue cuando los dioses se mezclaron más con los humanos.
Se alimentaba la religión directa entre dioses y hombres; la religión se convirtió en un asunto personal, sin eliminar al sacerdote (que igual quedaba relegado de cierto sector de la existencia). Si en la época anterior a Sargón el devoto tímidamente colocaba una estatuilla (de su dios personal, con el que se identificaba) al pie del trono de la divinidad, ahora quiere ver a su dios cara a cara para exponerle su súplica sin intermediarios.
El ideograma usado para representar esta palabra (An), era idéntico al que representaba la palabra divino (dingir, en sumerio o ellu en acadio), que traduciría «claro, brillante». Su antigüedad data por lo menos del año 4.000 a.C., con marcadas simetrías y semejanzas con los «prototurcos», que englobaría a las culturas de Elam, Caspio y Altai.
Es el símbolo de la monarquía (El la da a los reyes de la tierra y por eso solamente ellos pueden invocarlo, no el grueso de la población como a los demás dioses). Al garantizar el orden y la fecundidad en la naturaleza por el respeto a las leyes, era obvio que infringirlas o “pecar” ponía en peligro la normalidad de los ritmos; esta labor a nivel terrestre la cumplían los soberanos.
Es el padre o dios de los anunnaki (cuando el término abarcaba como generalidad a los dioses, no en concreto a las divinidades infernales que caracterizará a los sumerios en su fase Terminal). Correspondía su dignidad al dios supremo y padre de los dioses. Su paredra femenina fue Antu, con quien engendró a Enlil y a Baba. Hay versiones que dicen que su esposa era la tierra (Ki), aunque también se menciona a la diosa de la tierra (Uras, Urash), Ninhursag, Nammu e inclusive se habla que su consorte podría ser Inanna.
Se dice que era padre de Martu, Erra, Baba, Gibil, Nisaba, Gatumdu, Lamashtu, el dios del tiempo Iskur (también conocido como Hadad).
¿Cual era su genealogía o antepasados? Sus padres, Ansar y Kisar, quienes a su vez habían sido engendrados por Lahmu y Lahamu, originalmente concebidos por Apsu y Tiamat, quienes salieron del caos primordial (ver mito de la creación sumeria).
Muchas representaciones lo señalan como un toro, como un chacal o como una persona con muchos cuernos.
Su nombre podría ser traducido como alto, pues era la cúpula que cubría la tierra plana.
En los textos que han llegado hasta nosotros se le conoce con párrafos como el que sigue: Señor supremo, que precedes a todos, que has hecho poderosas las «fuerzas divinas» perfectas, el más anciano de los señores. El que levanta la cabeza, el enorme toro…[2]
Se trata de la deidad tutelar de los exorcistas. Es quien originalmente posee las ordenanzas o Me, así como la insignia real arquetípica. No resulta mera casualidad que los textos sumerios afirmen que el poder de la monarquía desciende del cielo.
Hacía parte de la primera triada cósmica, que consta de Anu, Enlil y Enki (Ea) . Los otros dioses giraban en torno a esta "Trinidad". Ellos idearon y llevaron a cabo los planes que gobiernan los cielos y la tierra, el microcosmos y el macrocosmos y, también, fueron los encargados de los presagios.
Ha sido equiparado por los estudiosos estudiosos de las mitologías comparadas con el dios ugarítico El y el dios griego, Urano.
Su nombre jugó un papel importante en la astronomía, pues la banda a lo largo del Ecuador celeste fue nombrado en su honor como formas de Anu.
[1] O sea en el cielo superior. En el cielo intermedio residían los dioses celestes o Igigi, mientras en el cielo inferior lo hacían las divinidades astrales. [2] LARA Peinado Federico, Himnos Sumerios, estudio preliminar, traducción y notas de, Editorial Tecnos Madrid 1988, página 3.

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