El antiguo testamento-que es-significado-alcances-definición, introducción, manual, antigüedad, autores, biblia

El antiguo testamento-que es-significado-alcances-definición, introducción, manual, antigüedad, autores, biblia; lenguaje, Reina Valera, griega, cristiano, católico, concepto, definición, resumen, fue escrito, historia, origen y formación, partes, que narra, que comprende.
Contiene lineamientos generales del trabajo expuesto y algunas notas que enriquecen la visión que se pueda tener de la biblia hebrea. «Otro problema que plantea la mayor parte de la historia, y en especial la antigua, es que las fuentes escritas son tendenciosas a favor de quienes tuvieron la posibilidad de crearlas. La mayor parte de las veces éstos son los ricos y poderosos, que legan inscripciones en piedra y metal».[1]

Esta es una recopilación de textos pensando en entender qué se proponían los redactores del Antiguo Testamento, cuyos textos, según demostraremos, en términos globales, están viciados de manipulación ideológica por parte de la clase gobernante. Pero la discusión va más allá de esto. Se sabía, desde mucho antes, de la costumbre de manipular los escritos con algún propósito. 
Es común encontrar, en el seno de las literaturas egipcias[2], griegas y romanas, sendas falsificaciones y tergiversaciones de la información, reformas y anexiones posteriores, seudo-epígrafes[3] y demás canalladas literarias. 
En el caso puntal de las escrituras sagradas de los judíos, tradicionalmente se asumieron como ciertas, pero gracias a la profundización de los estudios comparativos, del hallazgo de manuscritos y del interés general de los estudiosos por establecer la certeza de los hechos, nos cercioramos de una cantidad de dislates y «mejoras», incorporados a los textos bíblicos. La credulidad de las masas no legitima que la falsificación sea lícita. Así la costumbre fuera “apadrinar” y escudarse bajo nombres de reputación conocida, ocultando el nombre propio, para lograr difusión y autoridad de las ideas divulgadas. ¿Cómo descubrirlas? Fijándonos en motivos y tendencias extra literarias, testimonios, en el estudio crítico del lenguaje, el estilo y la composición. Como táctica de dilación y confusión, generalmente en las falsificaciones se mezclan verosimilitudes con engaños. Las justificaciones tras las cuales se escudan quienes recurren a estos artificios y componendas, van desde la simple codicia de dinero o fama, hasta apologías filosóficas, étnicas y políticas, entre otras. 
El término “Antiguo Testamento”[4] fue acuñado por Pablo en 2 de Corintios 3:14, cuando habla de la vieja alianza o pacto (acuerdo entre dos, bajo estipulaciones obligatorias entre ambas partes): «Pero el entendimiento de ellos se embotó, porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el velo sin descorrer…» (RV 95). Se menciona el vocablo alianza entre la divinidad y el pueblo hebreo, poniendo de manifiesto su semejanza con la voluntad de acuerdo entre dos entes jurídicos, políticos o sociales, quienes elaboran un compromiso por escrito. (Lo extraño es una relación de alianza entre un pueblo y su divinidad, obedeciendo a una reciprocidad manifiesta).
Entre los pobladores previos a los hebreos se acostumbraba pasar a las partes contratantes entre las dos mitades de un animal sacrificado. Ver Génesis 15 y percíbase que allí Abraham sella su alianza con la divinidad de esta manera. Jeremías 34:18 anuncia que Dios castigará a quienes han violado su alianza «degollando y dividiendo en dos partes el becerro y pasando después por en medio de ellas» (TE- 2000). En Éxodo 24: 4-8, se narra cómo al pie de la montaña de Dios, Moisés rocía al pueblo con la mitad de la sangre de una víctima, y a un altar que representaría a YHWH).
Creímos durante bastante tiempo que esta alianza tomaba como modelos los tratados hititas entre soberanos y vasallos (siglos XIV al XII a.C.), los tratados asirios de Asarhaddon y los tratos arameos de Sfira-Sudjin. El esquema genérico de estos era así: El soberano se presenta con su nombre y títulos; resume la historia de sus relaciones con el vasallo y los favores prestados; se le impone al súbdito las cláusulas convenientes (que incluyen desde cuestiones territoriales, extradición de fugitivos, ayuda militar, fidelidad a la Dinastía, la conservación de la tablilla donde se escriba el tratado y su ulterior lectura en sitio público, etc.). Se invocan los dioses de las partes y se citan como testigos y, terminan con las respectivas bendiciones de cumplirse el acuerdo o de las maldiciones de rigor para los transgresores. Toda la descendencia del siervo está comprometida en el trato. Analizando detenidamente los pasajes referentes a esta alianza, en Éxodo 19-34 se podría concluir que esta figura jurídica de alianza fue una formulación teológica desarrollada, creación de los deuteronomistas, posterior al siglo VI a.C.
Resumamos a continuación el proceso por el cual se aceptó el canon actual, de los libros reconocidos oficialmente como Antiguo Testamento, labor que nunca ha sido fácil ni alrededor de la cual ha habido unanimidad de conceptos, aun a pesar de considerarse de inspiración divina el bloque de textos. Pareciera como si el Señor nublara sus mentes para no percibir en consenso su mensaje. Anticipamos que los rollos y manuscritos de Qumram y del mar muerto son las copias más antiguas disponibles del AT (100 a.C.), que, a su vez, fueron descubiertas en la década de los 70.
Los judíos helenizados recopilaron su propia versión del Antiguo Testamento, la Septuaginta (LXX), la versión de los Setenta, labor comisionada por el faraón Ptolomeo II Filadelfo[5], quien mandó a Alejandría 72 traductores de Jerusalén (seis ancianos de cada tribu) para volcar el texto al griego, dialecto alejandrino, el idioma universal de la época helenística (es la versión trasmitida; hoy deducimos que debieron ser traductores alejandrinos por el profundo conocimiento de la lengua griega que mostraban[6]). Esta traducción nace de la necesidad de la creciente comunidad judía de Alejandría que incorporaba prosélitos (“agregados”) de otras razas diferentes a la hebrea que no entendían el hebreo ni el arameo. La cantidad de libros aprobada superaba los 39. Mientras tanto, varios siglos después los judíos palestinianos reconocieron como verdaderos, en el Concilio de Jabne[7] (Yavne o Jamnia, del 90 al 100 d.C.; una ciudad cercana a Yafo, la actual Tel-Aviv)[8], solo 24 libros, igual que las letras de su alfabeto (y mandaron a quemar las copias que no concordaban con su dictamen).Para ellos el texto original del Antiguo Testamento era el hebreo, el único con autoridad. Desde el 150 a.C. y hasta el 200 de la era cristiana, la labor de exégesis bíblica recaía en la interpretación rabínica (tradición de los fariseos[9]), liderados por los tannaim, maestros o intérpretes académicos que heredaron a la posteridad la Mishna (son la expresión de la Torá oral), que son los escritos de las enseñanzas orales de sus maestros, agrupados en seis grandes temas, que nominalmente cobijaba todo el sistema religioso y legal del judaísmo: semillas/zeraim, festivales/moed, mujer/nashim, accidentes/nezikim, asuntos sagrados/kodashim, asuntos limpios/toharot. Desde el año 200 y hasta el 500 (EC) la exégesis bíblica se ciñó a comentar la Mishna (Gemara), recopilándose dos grandes volúmenes, el Talmud de Palestina y el Talmud babilónico. Pero también hubo comentarios al texto bíblico y fueron cobijados por el midrash o midrashim. Exponentes de ello son los Midrashim tannaíticos escritos en la segunda mitad del siglo III, como son: Mekhilta de R. Ismael (comentario del Éxodo); Sifrá al Levítico; Sifré a Números y a Deuteronomio. Año 500 de la era cristiana: hasta ese momento los manuscritos no poseían vocales ni división de versos o capítulos. Es ahí cuando los escribas comienzan a añadir vocales y breves comentarios al margen o Masorá. Una familia de escribas masoretas, la de de Ben Asher, completó un manuscrito del AT en el 900 de la era cristiana, siendo conocida esta Biblia hebrea con el nombre de Texto masorético o abreviado TM.
Pero la Iglesia Católica en tanto religión oficial del mundo occidental durante mucho tiempo, había estipulado una nomenclatura donde sesgaba los escritos en dos: los protocanónicos (de los que nunca se ha discutido su autenticidad) y los deuterocanónicos (cuya inspiración alguna vez se puso en duda); en el año de 1.548 recogió en total 48 libros, dentro de ellos Tobías, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, Macabeos I y II.[10]
De todas formas, si el mismo Pentateuco es un pseudo-epígrafe y muchos de libros aceptados como canónicos son en realidad de autores anónimos que con el paso de los años se atribuyeron a figuras históricas, entonces, la presunta canonicidad o verdad revelada a unos pocos, es mero artificio de humanos para humanos, y, entonces, poseerán tanta validez los apócrifos y los textos “oficiales”, como los poemas míticos de las culturas de la cuenca Mediterránea. La divinidad es buscada con ímpetu y anhelo en todas las latitudes y épocas, en todos los rincones se escuchan voces de elegidos y enviados, perfectamente admisibles como pueden ser los de los hebreos. ¿O hay alguna explicación lógica para que haya habido revelación en un tiempo y en un espacio concreto y en los demás no? ¿Eran divinidades geográficas acaso que excluían a los demás pueblos? ¿Reflejo del egoísmo filosófico y político de sus escribas? En caso de coincidir en la creencia en un ser supremo, todopoderoso, principio y fin de todas las realidades, sería por excelencia universal, atemporal y dado a comunicarse con sus gobernados. Bajo esta premisa, resulta sensato incorporar como verdad, lo dicho en las traducciones arameas de la Biblia y los esfuerzos de interpretación de la literatura rabínica. En fin, a grosso modo, dentro de los textos del Antiguo Testamento, coexisten varias tendencias historiográficas: la historiografía épico-sacral, que cuenta las sagas de los héroes militares, tiende a exagerar los datos y están obsesionados con los milagros –intervención divina directa-; la historiografía profana donde lisa y llanamente los hombres deciden su suerte sin notorias intervenciones de Dios; la historiografía teológico-religiosa, donde los escribientes no tienen una clara vocación histórica tal como la aceptamos nosotros sino que su intencionalidad es teológica, con una moral que sentar, con un mensaje que transmitir, supeditando los sucesos a sus ideas y llegando a tergiversar los mismos en la consecución de sus propósitos. En últimas su misión recopilatoria se reduce a registrar un acuerdo teocrático por excelencia, donde la divinidad recurre a un intermediario para “negociar” con su pueblo, que se reconocía escogido.
Del mismo modo no obsta puntualizar que en las tradiciones orales de los patriarcas (y en toda la literatura oriental respecto sus orígenes) a veces las escenas se perciben netamente individuales pero en otras se personifica a comunidades, «hasta el punto de tomárseles a veces por divinidades epónimas antropomorfas.»[11] Pero la cosa se complica un poco, los personajes a veces son compuestos del individuo considerado y sus descendientes varones, que era una forma de preservar la vida y realeza de un padre; solo así se preservaría una “Dinastía”. O también, sus nombres englobarían un título que abarcaría varias generaciones. Ahora bien, la concepción histórica circular (que se repite) invadió la redacción de los textos, asimilándose un rey, no a continuación de su inmediato predecesor, sino como segundas venidas de antepasados notorios (y algunas veces de divinidades precedentes). Dentro de la filosofía egipcia corresponde a Neheh; concepto contrapuesto a djet, tiempo suspendido. Solamente los dioses viven el tiempo lineal, es decir, son capaces de producir algo nuevo y duradero, digno de repetirse y recordarse. A los humanos nos quedaba únicamente el recurso de rellenar estos vacíos con emulaciones del modelo sagrado. Es la lógica seguida por las listas de reyes, dinastías y demás, desarrollan variaciones sobre el mismo tema primigenio. La Biblia transmite este pensamiento, así: « ¿Qué es lo que ha sido? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que se ha hecho? Lo mismo que se ha de hacer. Nada es nuevo en este mundo; ni puede nadie decir: He aquí una cosa nueva; porque ya existió en los siglos anteriores a nosotros.» (Eclesiastés 1:9-10, TE- 2000)
Tengamos en cuenta, además, que las prosaicas biografías de los seres humanos y el común y corriente devenir se tienden a olvidar colectivamente en breve, que las tradiciones orales «enriquecen» y fijan con clichés los hechos diarios para heredarlos a la memoria. Es un laborioso proceso de mitificación (conversión del sujeto en héroe; del arduo, sudoroso y sangriento triunfo de guerreros anónimos en una intervención divina inobjetable) y re-interpretación histórica, a la luz de los modelos «celestiales». Pero ¿la Biblia a su vez no se documentaría en otras fuentes? Se citan los siguientes libros, de los que no poseemos copias:[12]
a. El libro de las generaciones de Adán(Génesis 5:1) b. El libro de la alianza (Éxodo 24:7) c. El libro de las guerras del Señor (Números 21:14) d. El libro de Jaser o de los Justos (Josué 10:13, 2 de Samuel 1:18) e. El libro de la Ley de Dios (Josué 24:26) f. El libro de los hechos de Salomón (1 de Reyes 11:41) g. El libro de las Crónicas de los reyes de Israel (1 de Reyes 14:19) h. El libro de las Crónicas de los reyes de Judá (1 de Reyes 14:29) i. El libro de los reyes de Judá e Israel (1 de Crónicas 9:1) j. El libro de Samuel el Vidente (1 de Crónicas 29:29) k. El libro de Natán el profeta (1 de Crónicas 29:29; 2 de Crónicas 9:29) l. Profecías de Ahfas, el silonita (2 de Crónicas 9:29) m. Visiones de Iddo, el vidente (2 de Crónicas 9:29) n. El libro de Gad, el vidente(1 de Crónicas 29:29) o. El libro de Semeías, el profeta (2 de Crónicas 12:15) p. Historia del profeta Iddo (2 de Crónicas 13:22).

A nivel de historicidad, ¿Qué tan acertada es la secuencia bíblica? ¿Es fiable como fuente primaria? ¿Con que criterio debe ser abordada? Se principia aseverando que históricamente la Biblia no es una secuencia cronológica exacta, ni un manual preciso de la evolución espiritual del pueblo hebreo; en sus glosas y parábolas, bellas metáforas y poéticas alusiones a la divinidad, hemos de conceptuar una sencilla creencia que junta tradiciones orales nacionales varias y las acomoda a su circunstancia, que desdeñando lustros y centurias quizás, hilvana su odisea con fines morales y pedagógicos, durante casi un milenio. Es la historia nacional que pretende relacionar la prehistoria y la historia de la humanidad con la suya propia. Pero a pesar de este limitante, la usaremos como una de los referentes de su historia religiosa[13], intentando determinar la fecha de los textos, recurriendo a fuentes externas, de tal forma que nos permitan explicar en su contexto histórico los datos religiosos que ellos dan.
Antes de proceder, a desarrollar nuestro ejercicio racional, nos cuestionamos, ¿Por qué contar el pasado?, acaso estos pueblos del medio oriente tuvieran como acicate primordial, para heredarnos sus escritos, la propaganda política, fines didácticos, la exaltación de ciertos héroes, etc. Dentro del libro sagrado de los judíos se atisban trazas de estos motivantes. Fue escrito por autores anónimos empleando fuentes distintas pero la idea pivotante e hilvanadora, es la preponderancia de Yahvé como Dios, no definiendo un monoteísmo con exactitud pero sí asumiendo la supremacía de dicho Ser, que los subordinaba y a los cuales Israel ha de mantenerse fiel.
A tener en cuenta: en los géneros literarios empleados, hay discursos, oraciones, documentos, narraciones poéticas y narraciones históricas. A la hora de abordar cada género, conviene adoptar posturas distintas; por ejemplo, al mencionar discursos tengamos en cuenta que no había en la época grabadoras, filmadoras ni procedimientos de taquigrafía, que la tradición oral enriquecía los mismos y que el paso del tiempo se encargaba de los demás, o sea que posiblemente gran parte de lo dicho lo inventan los redactores del libro, a la usanza de Tucínides.
Esta religión de la que nos vamos a ocupar, legó a nuestra civilización no solo su concepto de divinidad, sino el monoteísmo, el culto (descartando la parte helenizada del mismo), los rituales de maldición y excomunión, las legiones de ángeles (aceptadas por nuestros jerarcas solo después del siglo IV, por reconocer en ellas atisbos de politeísmo), la imposición de manos, los días de ayuno y las sagradas escrituras hebreas, etc. Los cristianos copiaron de esta raza maltrecha y orgullosa su jerarquía eclesiástica y en términos genéricos, una gran parte de la moral cristiana es judaica, aunque esta paternidad les haya dolido dos mil años, a los también soberbios e intolerantes pueblos occidentales. Legaron también a occidente normas de derecho y de teoría política. Dentro de este estudio le daremos una gran acogida a los datos de la arqueología[14] Sirio-Palestina, para saber el real devenir de los pueblos que posteriormente han de llamarse israelitas o judíos, y, desde la perspectiva científica, confeccionar sus efemérides.
La cultura judía y sus raíces
¿De dónde surgió esta cultura[15]? ¿Cómo se ajustan los planteamientos patrísticos dentro de la evolución del pensamiento occidental? ¿En qué medida son originales sus aseveraciones? ¿Cuándo superan la simple literatura mítico-poética y avanzan a secuencias históricas fehacientes? ¿Cómo se diferencia su teología de la de sus vecinos geográficos y ascendientes espirituales? Recordemos que su espacio geográfico estaba a mitad de camino entre dos grandes colosos de la civilización desde el 3.000 a.C.[16]: las culturas sumeria y egipcia. Traigamos a colación que generalmente las victorias militares y el comercio se encargan de propagar ideas entre los pueblos vecinos y que los grupos humanos menos desarrollados, fruto de la admiración y ganas de aprender de los más avanzados, asimilaban sus leyendas y relatos, sus concepciones religiosas, sus intentos de explicación cosmogónica y de alguna forma los adaptaban a sus necesidades. Y como los hebreos, en la época Sumeria, ni existían aun como etnia diferenciada, sus antecesores, los cananeos, sí fueron permeados por los ideales sumerio-babilónicos. La civilización mesopotámica antecede temporal, filosófica y religiosamente a la doctrina judía, influyéndola en sus mismos orígenes, cosa que la civilización Egipcia únicamente vino a hacer, en profundidad hacia el 1.800-1.300 a.C. aproximadamente. Pero existen influencias tardía en la sublimación de su doctrina, y estas provienen de mitologías y cosmologías griegas, posteriores al siglo VIII, así como a la religión de Aura Mazda y su profeta Zoroastro a partir del 600 a.C. aproximadamente y, es clave tenerla en cuenta a la hora de configurar sus antecedentes. Estos cananeos eran invasores semitas instalados en Palestina desde el 3.000 hasta el 1.200 a.C. aproximadamente. Debilitados por sus rivalidades, los estados cananeos del interior no resistieron ante los invasores israelitas a pesar de que su civilización era superior. Al menos eso se creía hasta hace poco; ahora sabemos que debido a su decadencia intrínseca, los hebreos se aposentaron en sus inmediaciones.
No obsta advertir que viciar de difusionismo y privar de su particularidad a la religión israelita, como eco de las religiones adyacentes tampoco es acertado. La gran virtud de dicha religión ha sido el sentido de identidad nacional, coincidiendo tal fervor con la pasión por un dios que garantiza la prosperidad y la seguridad de su pueblo, que se ve amenazado por otras naciones. Producto de tal inferencia, resulta el exclusivismo, la peculiaridad de instituciones, costumbres y ritos[17], característicos de Israel en su intento de mantenerse aparte de los demás países y destacarse como diferente. Dicho en palabras de un celebérrimo filósofo alemán: «…los judíos, ese pueblo sacerdotal, que no ha sabido tomar satisfacción de sus enemigos y dominadores más que con una radical transvaloración de los valores propios de éstos, es decir, por un acto de la más espiritual venganza…»[18]
Que la tradición judeocristiana sometió a los pensares politeístas, propagando su monoteísmo[19], estableciendo su monomitismo y unificando su versión de los hechos, hace parte del artificio de la historia contada por los vencedores, pero no es sino una arista de este axioma. (Aclaramos de paso, que el término Vencedores se podría poner en tela de juicio. Es usado aquí como un fenómeno cultural que ha trascendido los siglos, ya que haciendo honor a los sucesos cronológicos reales, los judíos, cuando conjeturaron su cúmulo de creencias, fueron política y militarmente derrotados.)[20] Este procedimiento (el de gestar una corriente religiosa unificada a partir de diversas formas politeístas) siguió un desarrollo que conviene dilucidar: los politeísmos conciben dioses semejantes por sus peculiaridades y funcionalismos, así discrepen en los nombres debido a la diferencia de los lenguajes y sus imágenes y formas de culto tampoco concuerden; ellos, los más relevantes, poseen significancia cósmica, una base común. Pero la distinción mosaica partió en dos este lenguaje común entre los pueblos, al rechazar lo anterior a su existencia y motejar de paganos lo que existiera por fuera de ella, rompiendo los vasos comunicantes que permitían establecer diálogos y acercamientos con las otras religiones. Ya no había tal cuento de divinidades en común, los dioses ajenos son falsos (¡y pensar que el suyo propio surgió de este dialogo continuo entre religiosidades y conceptos metafísicos!) Egipto representa lo indeseable e incorrecto[21] y lo primero a atacar es su predilección por la llamada idolatría -el mayor de los pecados egipcios, una suerte de locura o demencia- y subproducto de tal prioridad se prohíbe a los suyos tener otros dioses -¡no al politeísmo fecundo de sus antepasados!- y fabricar imágenes para rendirles culto (el abstracto dios universal único deducido por sus cabecillas, es invisible e irrepresentable por iconografías). Se impone la figura de Moisés (un personaje inexistente en fuentes históricas fiables, alternas al texto sagrado-la tradición-), un enigmático líder educado en la cultura egipcia ,cuyo precursor inobjetable es el rey Ajenatón (Ijnatón o Akenatón) en el 1.370 a.C. quien instituyó el monoteísmo por decreto durante su corto reinado, pasando lacónicamente al olvido y sin generar tradición alguna.
Comparten las culturas implicadas, un etnocentrismo acuciante, así como esa pasión intrínseca por los arquetipos y modelos celestes de territorios, templos y ciudades. Así, los agrestes y salvajes territorios aledaños, se consideraban un símil del caos primigenio, que solo cuando la influencia civilizadora de su respectiva cultura los alcanzase, repitiéndose ritualmente el acto de la creación, ponía orden en la informidad , trayendo luz a las fosas abisales en que están sumidos los bárbaros circundantes y, por ende, sacralizándolos. Cada una de estas formas de vida se siente el centro del mundo, porque necesitaba referenciar y establecer su existencia más allá del desorden circundante. Derivación de este postulado son los lugares altos (montañas sagradas donde se reúnen el cielo y la tierra) y templos, como puertas comunicantes hacia y desde la divinidad, espacios sagrados compartidos por los grupos humanos en estudio. De estos razonamientos surge la ética, el derecho y la política, como referentes de los seres racionales, para enfrentar los nexos con sus semejantes, consigo mismo y con una potencia superior.[22]
Pretensiones y alcances
Demostrar que la religión israelita en general, anterior a David(el primer personaje del texto veterotestamentario con alguna historicidad) y posterior a él, aun hasta el tiempo del gobierno de Josías, era una religión naturalista, politeísta y agraria; que los personajes principales de la epopeya contada, son elaboraciones mentales (hechos en retrospectiva) basadas en leyendas y habladurías con alguna veracidad y puestas en pergaminos y papiros, en edición definitiva como las conocemos nosotros, en algún momento posterior al año 400 a.C., poderosamente condicionados sus copistas, de las ideas caldeas.
Probar que la palabra de Dios es un compendio de aspiraciones, sueños y mitos explicatorios del mundo y de la sociedad, de una cultura, cuya validez universal es cuestionable bajo la lupa inflexible de la cronología, la arqueología y los ejercicios etnológicos[23]. Así mismo sacar al conocimiento público los yerros, contradicciones e insensateces filtrados en sus líneas, que responden a la necesidad ideológica expresa de un régimen. En últimas no se sacrificará el rigor científico en aras de explicar o entender la Biblia, quizás tal vez lo que haremos será desenmascarar un pasado y presentarlo sin dobleces. No obstante, como en el dominio de la ciencia, las verdades tan solo pueden ser relativas y los modelos solo pueden explicar un porcentaje alto de cuestiones; lo que pudiéramos lograr ha de obtener la mayor certidumbre posible con los elementos disponibles.
Procedimientos y Bitácora
En ningún momento se le huirá a la controversia argumentada y soportada con una vasta y profusa bibliografía, cual intentamos sostener en esta monografía. Ponemos el marco histórico debido a los textos que vayamos a considerar, sus precedentes mito-religiosos y las circunstancias políticas y sociales del contexto donde se desarrollaron, para lograr saber lo que dicen y entender sus expresiones. Luego tomamos los textos veterotestamentarios, cuya narración conocemos, ponemos en relieve varias traducciones de la misma para evitar equívocos[24], aplicando algunas técnicas exegéticas de Hillel: lo que es aplicable a pequeños casos es aplicable a grandes casos; analogía de expresiones en diferentes contextos; analogía de contexto desde lo específico a lo general; explicación de un pasaje por medio de otro pasaje y deducciones obvias del mismo pasaje. Acudimos a la concordancia Strong (una poderosa herramienta que codifica raíces hebreas antiguas) incluida en una de esas versiones bíblicas, para saber las etimologías y su connotación semiótica. Pero no nos quedamos ahí, recurrimos a fuentes alternas, contemporáneas de los textos sagrados occidentales; ayudados por la etnología[25] hallamos paralelismos de desarrollo y concepción entre otras religiones más antiguas que la judía y la del pueblo hebreo. De vez en cuando, recurriremos también a pruebas indirectas traídas a colación por autores reputados de la antigüedad.
Sabemos que los eventos, generalmente, de la cronología humana no son accidentales y obedecen a una estructura de causa y efecto, con un entorno macro y micro históricos específicos que condicionarán en mayor o menor grado la realización o contundencia de un suceso; el ejercicio intelectual a desarrollar volverá a contar, con otros elementos de juicio extraídos de la ciencia social, una historia que creíamos conocer y poder constatar.
Como protocolos respecto a las versiones de la Biblia consultadas, aclaramos: RV 1865: Reina Valera 1865. RV 60: Reina Valera 1960. RV 95: Reina Valera 1995. RVA: Reina Valera 1989. TE- 2000: Terranova Ediciones, Santafé de Bogotá, 2.000. DHH: Dios habla hoy, 1996. N-C: Nácar- Colunga. LXX: La Sagrada Biblia, versión de la Septuaginta al español, Prbo. Guillermo Jüneman. BJ: Biblia de Jerusalén 1976. NVI: La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional 1984. LBLA: La Biblia Latinoamericana.
Del mismo modo empleamos dos targumim (Tg) o versiones arameas del génesis, hecho oralmente en el culto sinagogal, ambos correspondientes a los targumes Palestinienses (Tg Pals). Estas versiones no se limitan a traducir, añaden visos de interpretación, glosas y paráfrasis al texto traducido, del texto masoreta (TM), para tratar de hacerlo más claro y comprensible. Es la Biblia enriquecida con la tradición (o la Torá oral). Fueron elaborados para la población judía arameo parlantes, residentes en Palestina y Babilonia, a partir del post-exilio. Resulta que el hebreo se erigía como la lengua culta y literaria, mientras el arameo era el lenguaje llano. Pueden considerarse entonces, una prolongación y/o un complemento a la labor de los masoretas, quienes insertando vocales en los textos consonánticos, trataban de establecer el contenido de la Biblia.[26] El rabinismo babilónico aceptó como oficial (conforme a la legislación mishnáica) el Tárgum de Onquelos (Onq) al Pentateuco y de Jonatán Ben Uzziel a los Profetas, entre los Siglos III y IV. Al parecer, el midrash tiene tantos nexos con el Tárgum, que o bien poseen un origen común o uno de los dos géneros influyó en el otro. Los que nosotros vamos a manejar aquí son: TgN: Neofiti 1 o Tg Palestiniense completo, redactado entre los siglos II y III y que era el empleado antes de ser suplantado por el TgOnq. Está escrito en arameo de Galilea. TgPsJ: Pseudo-Jonatán, que es el más parafrástico de los conocidos sobre el Pentateuco y también fue redactado por sobre esas fechas. Complemento a estas dos fuentes alternas, incluimos el midrash del rabino Eliécer ben Hyrqanos, discípulo de Yojanán Zakkay, de la generación de Jabne[27]: PRE. Midrash quiere decir búsqueda o estudio de la palabra de Dios escrita en la Ley, dicen los manuales. Se parte del presupuesto que Dios con la Ley entregó a Israel toda su voluntad: según Deuteronomio 30:11-12, No está en los cielos la Ley.[28] Es decir que no aceptan una nueva revelación, nuevas palabras o nuevas tablas de la Ley. También aseveran categóricamente que La ley expresa la voluntad total y definitiva de Dios. Siendo así, única e inmutable, el hombre solo debe analizar la palabra de Dios, rumiarla y descubrir todos sus sentidos para llevarla a la práctica. Se puede decir que efectivamente este último texto es una lectura de la Biblia desde dentro. ¿Porqué usar estas tres últimas fuentes tan poco conocidas fuera del ámbito de los especialistas? Para que los lectores profanos comprendan que jamás ha habido unicidad de criterios respecto a los escritos antiguos de los hebreos, ni aun dentro de su misma raza; para comprender quizás, los vacíos documentales, cronológicos o dogmáticos en que incurren los autores «oficiales» y asimilar de una buena vez, que los intérpretes y escritores eran ante todo, seres humanos. Cualquier lectura, por fantasiosa que pudiera parecer a nuestros ojos cargados de prejuicios, encierra una realidad histórica y unas condiciones puntuales de vida, que valdría la pena desentrañar.
Corolario de lo anteriormente expuesto, se deduce que si la verdad se ha adaptado al acontecer y a la evolución espiritual de los pueblos implicados, sin perder su esencia; si se ha nutrido de los pensares trascendentes de otras civilizaciones, entonces la Biblia, en tanto colección de libros sagrados[29], es un eslabón –no el único-[30], para mejorar y entender la relación frente a lo desconocido y a nuestros semejantes. Discrepamos con las estructuras rígidas de cultura confesional y/o eclesial; creemos que la moral a ultranza no requiere de estos edificios burocráticos y entes paquidérmicos, que el asunto de la elevación y la trascendencia le conciernen al individuo en privado en tanto no viole los espacios ajenos, que irse por las ramas y quedarse en el ritual perdiendo el referente, es propio de los movimientos eclesiásticos;[31] que en últimas lo relevante no son los sacrificios y ceremoniales sino la fe y la entrega, la consagración a la verdad (cualquiera sea su grado de relatividad) y a la justicia.
Quien no se adapta perece, es la inflexible ley de la vida que quizás la mantenga vigente Haciendo una paráfrasis científica, el concepto de Dios-léase lo incognoscible, lo inexplicable, el mundo del espíritu o de los fenómenos parasicológicos, el orden de la naturaleza, etc.-, no se crea ni se destruye, solo se transforma.
Creer o no creer es una decisión personal respetable e intransferible; abstraer la paja del grano permite tamizar en qué exactamente creemos o dejamos de creer. Bienvenidos a la controversia. [32] [1] RAY John, Destellos de Osiris, vidas del antiguo Egipto, Editorial Crítica, Barcelona 2003, páginas 17 y 18.
[2] Por ejemplo, durante la dinastía XII se escribe un libro con el intento soterrado de alabar la divinidad y supremacía del faraón, editando un libro profético post-hoc (cuando hacía muchos años habían sucedido los hechos, profecías a posteriori o vaticinio ex eventu). En el libro, «La profecía de Neferti», ambientado en la IV dinastía, un profeta vaticina la ascensión, para bien de Egipto, de Amenemhat I.
[3] Texto bajo un nombre falso; texto que no procede de quien a tenor del título, el contenido o la transmisión, lo ha redactado.
[4] Del griego diathéque, alianza.
[5] «el que ama a su hermano». La razón de su mote fue que contrajo nupcias con la viuda de su hermano. Hijo de Ptolomeo, que hizo de Alejandría su capital y la posicionó como centro del saber. Gobernó desde el 285 hasta el 246 a.C.
[6] Posiblemente fueran entonces judíos helenizados y no judíos palestinos.
[7] Anteriormente, luego del segundo Templo ya los fariseos, los mismos que institucionalizaron rituales y oraciones, impusieron y consagraron con su autoridad los libros que pasaron el primer cedazo.
[8] Dicha ciudad se convirtió, luego de la destrucción del Templo en el año 70 EC., en el centro de los estudios judaicos. Allí, el fariseo Rabán Yojanán ben Zacái, un discípulo de la escuela de Hillel, escabullido de Jerusalén escondido en un féretro fundó una escuela religiosa o Casa de estudios (Bet ha Midrash), salvando la Torá y reuniendo el Sanedrín para mantener un tribunal que sirviera de autoridad autóctona para el pueblo. Fue allí donde se reglamentaron muchos rituales actuales de los judíos.
[9] Secta mayoritaria del pueblo judío que representaba a la clase media y quienes fueron los primeros cuestores respecto a la canonicidad de los textos así reconocidos. Se desconocía de hecho a los saduceos (que incluía a los ricos y sacerdotes) porque negaban la resurrección y el sistema de castigos y recompensas en el otro mundo y aceptaban el gobierno romano.
[10] La división en capítulos fue insertada en la Biblia hebrea en el siglo XVI (EC.) 
[11] CAQUOT André, La religión de Israel desde los orígenes hasta la cautividad de babilonia, en Historia de las religiones, Tomo II, Siglo XXI editores, México 1977, pagina 84.
[12] Sean porque se hayan perdido o porque hayan sido suprimidas deliberadamente. 
[13] Es una de las fuentes, no la mejor ni, afortunadamente, la única.
[14] Ciencia que estudia el pasado humano a través de los restos materiales dejados en la antigüedad, como huesos humanos, huesos de animales, granos, aceite, y vino; útiles de piedra, cerámicas, etc. [15] Entendida como la capacidad de transmitir información entre generaciones por medios extragénicos.
[16] Aproximadamente el tiempo del descollante primer esplendor de estas civilizaciones.
[17] Cuya continuidad se ha de garantizar por medio de mitos. En la versión canónica se ha excluido casi toda referencia politeísta (mitológica), pero los midrasim y Tárgum, elaborados por la ortodoxia judía intentando comprender sus textos propios, los hacen re-aparecer.
[18] Nietzsche Friedrich, La Genealogía de la Moral, Biblioteca Nietzsche, Alianza Editorial, Madrid, 1997, página 46.
[19] Es debido a esta marcada tendencia, que cuando se adoptan leyendas y mitos de sus vecinos culturales, se eliminan las menciones a deidades distintas de la divinidad israelí, virándolos en seres humanos y/o cambiando el sito geográfico donde sucedieron los eventos.
[20] «Han sido los judíos los que, con una consecuencia lógica aterradora, se han atrevido a invertir la identificación aristocrática de los valores (bueno=noble=poderoso=bello=feliz=amado de Dios) y han mantenido con los dientes del odio más abismal (el odio de la impotencia) esa inversión, a saber «los miserables son los buenos; los pobres, los impotentes, los bajos son los únicos buenos; los que sufren, los indigentes, los enfermos, los deformes son también los únicos piadosos, los únicos benditos de Dios…» Nietzsche Friedrich, Op., cit., página 46. O como dice el mismo autor más adelante, el populacho venció (la moral del hombre vulgar) y está representado por los judíos.
[21] Hasta cierto punto es cierto. De ellos emularon (no contravinieron), la pasión por lo escrito y su carácter sagrado (como herramienta de conocimiento), como signos portadores de poder; quizás el hecho de usar un esqueleto idiomático compuesto de consonantes y semi-consonantes que sugieren una simbología particular y que excluye las vocales (como algo pasajero, dictado por la moda), es decir, asociado a lo mágico, también lo hayan aprendido de ellos. Los rituales de pureza exterior de los sacerdotes egipcios, que connotaría una pureza interior; los actos de lavarse la boca, las manos y los pies liberaría de energía nociva: estas pautas fueron asimilados también por los hebreos.
[22] Que nos se nos diga que entender esta coyuntura no ayuda a entender conflictos sociales de nuestro tiempo puesto que parte del rompimiento de las estructuras y las revoluciones mismas, implicaban reconocer un patrón ético y jurídico establecido (el judeocristiano). En estas páginas dilucidaremos su proceso formativo.
[23] O sea de las religiones comparadas.
[24] Es de sobras conocido que toda traducción, como la comunicación en general, supone una interpretación o un sesgo. Cotejando entre sí varias versiones del Antiguo Testamento, intentamos minimizar esta parcialidad.
[25] Rama de la antropología que estudia pueblos y culturas en sus formas tradicionales. Trata de explicar las causas y razones de sus costumbres.
[26] Algunos creen ver en Nehemías capítulo 8 un testimonio de una reunión pública en que el texto hebreo era explicado en arameo.
[27] Cuyo núcleo inicial empezó entonces en el Siglo I y recibió aportes hasta el siglo IX. 
[28] Porque estos mandamientos que yo te prescribo hoy no son superiores a tus fuerzas, ni están fuera de tu alcance. No están en el cielo, para que hayas de decir: « ¿Quién subirá por nosotros al cielo a buscarlos para que los oigamos y los pongamos en práctica?» (BJ)
[29] Aclarando que el término sagrado corresponde más a intentos de relación con un trascendente inexplicable y a costumbres prototípicas (inmóviles), que a la veneración por su carácter “divino e inspirado”. 
[30] Si bien la exclusividad es elemento propio de las religiones monoteístas, creemos que no por ello se ha de ser intolerante.
[31] Como probablemente los mal auto-llamados cristianos (o sea, nominalmente seguidores de Cristo, pero como se demostrará en un opúsculo futuro terminaron siendo seguidores de Pablo, quien contradice abiertamente la doctrina consignada en los evangelios) dirán que el Nuevo Testamento habla de «no dejarnos de congregarnos como algunos tienen por costumbre» (Hebreos 10:25. RV 60), podríamos repostar a esta aseveración que, Jesús nunca predicó ni una iglesia, ni fundó una religión, ni siquiera predicó a los no judíos (incluyendo en este concepto a los llamados samaritanos, que hacían parte de las diez tribus del norte de Israel escindidas después del reinado de Salomón), porque él «vino a buscar y a salvar lo que se había perdido». (Mateo 18:11 RV 60) Además, en los llamados evangelios no se halla una línea que invite a reunirnos para orar, es más, invita a hacerlo en privado: «ora a tu padre que está en lo secreto y tu Padre que está en lo secreto te recompensará en público» (Mateo 6:6 RV 60), quienes lo hacían en público y con grandes manifestaciones teatrescas eran los fariseos. De todas formas quienes necesitarían “amontonarse” son los humanos, que en grupo, reforzarían más fácilmente sus creencias.
[32] Tomado de Ortiz H. Angel E. Fundamentos Culturales del Judaísmo I, introducción.
Ediciones 2011-12-14-15-18

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