27 de diciembre de 2008

Napoleón y Josefina

En este artículo “Napoleón y Josefina”, trataremos de abordar la tormentosa relación amorosa entre Napoleón y Rose Beauharnais desde sus comienzos hasta la campaña de Egipto. Seguimos pues el rastro de las amantes, los amores de Napoleón.
Habíamos dejado a Napoleón y Désirée; y dijimos también allí que el Corso ilustre había conocido a Rose Beauharnais, nada más y nada menos que la futura primera esposa de Napoleón a quien él por cariño le pondría el nombre de Josefina. ¿Cómo se conocieron? Pues resulta que Bonaparte había prohibido las armas a los civiles y en ese menester capturan una espada que tiene en su poder Rose Beauharnais; un niño de doce años pide le sea vuelta la espada de su padre difunto; Napoleón se conmueve y efectivamente lo hace; la madre del menor acude personalmente a dar las gracias por tan tierno gesto del ilustre militar. Pero ¿quien era esta señora?
Rose[1] había nacido en Martinica donde su familia Los Tascher de La Pagerie[2] poseían cultivos de caña de azúcar y esclavos para las labores agrícolas. Había nacido el 23 de junio de 1763, siendo la mayor de tres hijas. A los doce años fue internada en un convento durante cuatro años y en tanto concertaron sus mayores la boda con el vizconde Alexandre de Beauharnais, un oficial francés, rico, con una renta de alrededor de 40.000 libras y diez y nueve años de edad. Fruto de ese matrimonio tuvo dos hijos. La pareja rompió relaciones por murmuraciones sobre la adolescencia de Rose Tascher y Alexandre decide irse a vivir con otra mujer a Martinica separándose legalmente en febrero de 1785 con una pensión anual para ella de 6.000 francos anuales. Viviendo en Francia supo que su padre estaba enfermo y su hermana moribunda en Las antillas, vende algunas pertenencias y marcha a verlos llevando a su lado a su hija Hortense (Hortensia), dejando a su hijo varón (Eugenio, Eugène) en la Institución donde estudiaba. Mientras tanto la Revolución francesa había estallado y Alexandre era un tipo importante de la Asamblea Constituyente, tanto que fue ascendido a general y en 1793 acudió en auxilio de Maguncia. Fue hecho prisionero. Rose intentó que lo liberaran pero obtuvo en cambio, para ella también, la prisión. El 23 de junio el vizconde va a la guillotina. Pasados los días sale de prisión y es indemnizada por los meses que duró detenida, ello le permitió comprarse una casa. Físicamente Rose Beauharnais medía un metro con cincuenta de estatura, tenía los ojos castaños y largas pestañas; el tono de su cabello era también castaño claro y su piel era tersa y fina, bastante llamativa. Bastante extrovertida y fiestera[3], amante de los trajes finos y los encajes de lujo.
Fue a finales del verano de 1795 que Napoleón conoce a Rose cuando solo recibía media paga y prácticamente aguantaba hambre. Napoleón tendría 26 y Rose 32.
Al ser designado jefe del ejército del interior es invitado a la casa de ella, quedando gratamente impresionado. Ella le fascinaba mas no así su primer nombre. Napoleón decide cambiárselo. ¿De donde surge el nombre Josefina? Es una dulcificación del nombre Josèphe (Josefa, que es parte del nombre de Rose) que derivaría en Josefina (Joséphine). Por ese tiempo era la querida de Barras, toda una aventurera de la revolución. Napoleón se entrega al delirio amoroso, absorbente y definitivo; le halaga que ella sea de origen noble y haya tenido alguna relevancia en el antiguo régimen. Pero el que ella tenga amante le aleja de allí. Rose lo echa de menos y entonces Le envía una breve nota: «Ya no viene a ver a una amiga que le profesa afecto; la ha abandonado por completo. Comete un error, porque ella siente por usted un tierno afecto. Venga a almorzar mañana, Septidi. Deseo verlo y conversar con usted acerca de sus asuntos. Buenas noches, amigo mío, lo abrazo. La viuda Beauharnais.» En invierno de 1795 Bonaparte regresa, empezando a enamorarse de la dama; a Josefina le gusta Napoleón pero no puede decir que lo ama. En todo caso en enero de 1796 Napoleón tuvo ocasión de hacerle el amor a esta criolla, primera vez que sexo y amor se conjugaban en el lecho del Corso ilustre. Empieza Napoleón las pesquisas para casarse con Josefina. Logra saber que La Pagerie está en manos de la madre de Rose pero que de esta propiedad se puede esperar algo así como 50.000 libras al año; el problema estaba en que la isla de la Martinica andaba en manos inglesas, enemigos de Francia por lo que hasta que no se definiera esta guerra no llegarían rentas de Las Antillas.
Barras hacía parte del directorio y habiendo recibido la solicitud de Napoleón para dirigir los ejércitos de los Alpes percibe en el Corso su principal instrumento; entonces este lo anima a casarse y le promete efectivamente el cargo solicitado, como regalo de bodas. Suponía certeramente que teniendo Bonaparte estabilidad sus logros serían mayores. Conciertan el matrimonio civil. Josefina no está muy convencida respecto a sus sentimientos respecto a Napoleón. Pero tramitan su boda. No se pudieron obtener las partidas de bautismo correspondientes a los novios debido a que sus respectivas islas de origen estaban invadidas por los ingleses; verbalmente ella afirma tener 27 cuando tiene realmente 32; él no ve óbice en aumentarse a su vez un año, declara 27 cuando solo tiene 26…El contrato matrimonial estipula la separación de bienes y una renta vitalicia para Josefina de 1.500 libras anuales. El 9 de marzo se llevó a cabo la boda. La luna de miel solo dura dos días cuando ya debe partir el prestigioso militar francés.
Napoleón enamorado escribe a su esposa quien tarda mucho en contestar y cuando lo hizo, se sentía en sus letras, la frialdad de quien lo hace solo por compromiso, no por amor. Napoleón se da cuenta de ello y reclama. La causa de esta frialdad no es otra que un amante, Hippolyte Charles (Carlos Hipólito), teniente del primer regimiento de húsares, tres años menor que Napoleón, un sujeto agraciado ,de buen humor y con tiempo disponible para los juegos amorosos, tanto que logró atraer a Josefina. Pero esta tenía que ir junto a su esposo y entonces lo incluyó como acompañante de su cortejo. El apasionamiento de Napoleón no tenía fin y cada vez era más posesivo, hasta el extremo de hacerle exclamar a Josefina en una de sus cartas a una amiga: «Mi marido no me ama, me adora. Creo que enloquecerá». En Milán Bonaparte exhibía orgulloso a su esposa e intercambiaba con los nativos en su idioma, cosa que Josefina no podía dado que no hablaba el italiano como Napoleón. Pero no todos eran ciegos a las andanzas de Josefina. Letizia, la madre de Napoleón no la quería porque era consciente de las costumbres excesivamente liberales de su nuera, que la hacían “gastada por el placer”. Pauline (hermana de Napoleón) tampoco la quería y llegó incluso a sacarle la lengua en público.
Pero Bonaparte quería un hijo y este crucial evento se postergaba día tras día.
Ido a la campaña de Egipto[4], ella seguía los espectáculos con su amante para goce de la sociedad francesa y los chismosos de turno. Junot decide mostrarle a Napoleón lo cornudo que era, por primera vez con nombre propio. Empieza entonces a programar su divorcio de la criolla.
Despechado galantea con una rubia de ojos azules que se había introducido en un barco francés de la expedición, disfrazada de hombre; una seductora modistilla esposa de un teniente, de nombre Pauline Foursé, quien le correspondía activamente.[5]

Ver también: Napoleón, preso ; Napoleón y Tolón
[1] Marie-Josèphe-Rose Tascher de La Pagerie
[2] Esta última era el nombre de la propiedad.
[3] Y crédula de la astrología y los vaticinios.
[4] Llevaba consigo a Eugenio como edecán, al hijo de su infiel esposa.
[5] Bibliografia consultada:
Joséphine. (2008). Encyclopædia Britannica. Ultimate Reference Suite. Chicago: Encyclopædia Britannica.
Emil Ludwing. Napoleón. Editorial Juventud, S.A., Barcelona, 1929.
Cardona Castro Francisco Luis (director de la obra). Napoleón. Colección grandes biografías. Edimat Libros. ISBN: 84-8403-871-8.
Cronin Vincent. Napoleón Bonaparte, una biografía íntima. Ediciones B, S.A., 2003 para el sello Javier Vergara Editor Bailen, 84 - 08009 Barcelona (España).

21 de diciembre de 2008

Fernando VII

Nos tocó en suerte hablar del rey de España, Fernando VII, muy importante para nosotros los americanos por su incidencia en los procesos de independencia, junto con sus respectivos funcionarios.
En Fernando VII, Juventud, vimos sus primeros años hasta la abdicación de su padre Carlos IV, luego de Aranjuez 1808.
Tan solo añadir a lo allí expuesto que Fernando VII contrajo matrimonio con María Antonia de Nápoles, en 1802; cuatro años más tarde quedaría viudo.
Luego reseñamos a Fernando VII y la marcha a Francia , Fernando VII: retorno del absolutismo ; posteriormente escribimos sobre el Primer periodo absolutista y La sublevación de Riego .
Viene a continuación lo que los historiadores profesionales han dado en llamar el Trienio constitucional.
Muy pronto las distintas sectas secretas y logias masónicas se enfrentaron entre sí, agrupándose en dos grandes sectores: los progresistas o “exaltados” y los moderados o “doceañistas”. Esta pugna debilitó sin duda la experiencia constitucional. Los moderados ocuparon el poder entre marzo de 1821 y agosto de 1822 con los gobiernos de Pérez Castro, Bardají y Martínez de la Rosa. En agosto de 1822 se formó el gobierno masónico del general Evaristo San Miguel hasta octubre de 1823. Los moderados sostenían un programa transaccional con la participación de la corona, mientras que los exaltados pretendían reducir el papel de Fernando VII para llevar a cabo la revolución burguesa.
Las Cortes del régimen liberal se preocuparon esencialmente de reformar el sistema de propiedad, especialmente los señoríos jurisdiccionales y los mayorazgos. La Iglesia resultó afectada también, ya que se prohibió la proliferación de bienes eclesiásticos y se preparó una limitada desamortización. El tribunal del Santo oficio fue disuelto. Se propuso la venta de gran parte de los terrenos baldíos y de los realengos para disminuir el déficit estatal. Se decretó la libertad de navegación y pesca; se incrementó la producción agrícola y minera; se suprimieron las aduanas interiores y se instauró un sistema proteccionistas para favorecer la agricultura. Se reformó el ejército tratando de mejorar su organización, su preparación y su conexión con las clases populares. El sistema tributario sufrió cambios importantes que afectaban sobre todo a la iglesia y a los grandes terratenientes y se preparó un Código penal y una nueva división administrativa del país. Toda esta legislación tuvo, sin embargo, escas aplicación debido al poco tiempo que duró el periodo liberal, a la resistencia de los absolutistas y a las pugnas internas entre los constitucionalistas. A partid e 1822, cuando dejó de llegar la plata mexicana, las dificultades financieras fueron agrandándose y hubo que decretar algunos impuestos impopulares. La situación se fue volviendo angustiosa y el propio ejército, falto de recursos monetarios, empezó a desmoronarse.
El régimen liberal no pudo tampoco enderezar la situación en América (léase reconquistarla). Erróneamente creyó que la lucha de los criollos se limitaba a los excesos absolutistas, y no supo entender el alcance revolucionario y nacionalista de la independencia americana. Durante todo ese tiempo Fernando VII se adaptó- una vez más- a sus circunstancias, pero opuso gran resistencia a las medidas liberales y sus fricciones con el gobierno fueron constantes.
La reacción absolutista.
A mediados de 1822 los absolutistas empezaron a reaccionar contra el sistema constitucional. La resistencia se concretó en el establecimiento de una regencia en Seo de Urgel (norte de Cataluña) presidida por los generales Bessières, Eroles, Quesada y Samper. Esta regencia consideraba a Fernando VII como prisionero de los liberales y de los masones y entendió como nulas las disposiciones firmadas por él a partir del 9 de marzo de 1820.
Las potencias conservadoras de Europa (Austria, Rusia y Francia en cabeza) veían con muy malos ojos el régimen liberal español, temiendo su influencia en Portugal y en Italia. Hasta entonces el aislamiento internacional de España había sido casi absoluto, como demostró el congreso de Viena y las guerras americanas. Sólo se mantuvieron ciertas relaciones con Rusia. En todo caso, únicamente la oposición de Gran Bretaña impidió una acción inmediata europea contra el gobierno liberal. Después del Congreso de Verona y atendiendo a las peticiones secretas de ayuda de Fernando VII, Luis XVIII de Francia asumió la iniciativa y, en abril de 1823, 132.000 soldados franceses –los “cien mil hijos de San Luis”- al mando de Luis Antonio de Borbón, duque de Angulema, entraron en España.
La resistencia de los constitucionalistas se limitó a algunas plazas aisladas como Pamplona, Figueroas y Barcelona. Las Cortes y el gobierno se retiraron con el rey a Sevilla y después a Cádiz, ciudad que cayó en manos de los invasores en octubre de 1823. Sin ningún empacho, Fernando VII declaró que había sido coaccionado por los liberales y regresó a Madrid rodeado de nuevo de consejeros absolutistas y de bayonetas francesas.
La década animosa.
A pesar de las promesas de perdón hechas en Cádiz, durante dos meses no hubo gobierno ya que los absolutistas solo se preocuparon en perseguir de nuevo a los liberales, masones y reformistas, hasta tal punto que el duque de Angulema y las cancilleras europeas expresaron su preocupación por la intensidad de la represión. Solo la presión del embajador ruso hizo que Fernando VII nombrara un gobierno –el de Casa Irujo-, sustituido semanas después por el del conde Ofalia. En esta segunda etapa absolutista destacaron dos personajes: el ministro de Gracia y Justicia, Tadeo Calomarde, que actuó como auténtico valido, y Luis López Ballesteros, ministro de Hacienda, que consiguió estabilizar la economía española y sanear las finanzas.
Apoyados por Calomarde, los absolutistas se enfrentaron a los ministros más aperturistas. De este modo Fernando VII se encontró presionado por absolutistas, apostólicos y liberales que protagonizaron alternativamente varios pronunciamientos y conspiraciones, como el del general Bessières o el del general liberal José María Torrijos en 1831. Los apostólicos y algunos militares resentidos instauraron una junta provisional de gobierno en Cataluña, ferozmente reprimida por el conde de España. En el terreno económico la política proteccionista favoreció un tímido relanzamiento de la revolución industrial.
La sucesión de Fernando VII.
En 1829 Fernando VII se casó en cuartas nupcias con su sobrina carnal María Cristina de Borbón. Sin hijos varones, en marzo de 1830 derogó por medio de una Pragmática sanción de La Ley Sálica vigente desde el reinado de Felipe V, con el fin de que pudiera sucederle su esposa o su hija Isabel, que nació pocos meses después. Los apostólicos, que se habían agrupado alrededor del príncipe Carlos María Isidro-hasta entonces heredero del trono-, se esforzaron por conseguir la derogación de la Pragmática Sanción. Sin embargo, la reina María Cristina y el primer ministro Cea Bermúdez –partidario del poder real “puro” sin interferencia de liberales o apostólicos- impusieron sus puntos de vista sobre el enfermo monarca por encima de los de Calomarde y de Carlos María Isidro. A punto estuvieron estos de conseguir su objetivo en verano de 1832 en La Granja (Segovia) aprovechando una grave enfermedad de Fernando VII. Éste llegó a convocar Cortes para que juraran a su hija como sucesora de la corona, lo cual produjo la ruptura definitiva entre Fernando VII y su hermano Carlos, que se trasladó con sus apostólicos a Portugal. Fernando VII murió en septiembre de 1833, y mientras se formaba un frente cristiano-absolutista-liberal para defender la regencia. Carlos María Isidro iniciaba las guerras carlistas.[1]
[1] Bibliografia consultada:
Fernando VII. Enciclopedia Universal Ilustrada europeo americana. Espasa Calpe SA Madrid 1979.

11 de diciembre de 2008

La sublevación de Riego

La sublevación de Riego se refiere a un levantamiento propiciado por el militar Rafael Riego durante el mandato de Fernando VII.
A finales de 1819 la masonería preparó un nuevo golpe a cargo de oficiales encuadrados en un cuerpo de ejército acantonado en Cádiz para ir a combatir a América, pero su comandante en jefe, el general Enrique José O´Donnell, conde de La Bisbal, que participó en los preparativos de golpe, acabó por detener a varios oficiales conjurados. Pese a ello, el 1 de enero de 1820, el Coronel Antonio Quiroga y el comandante Rafael Riego se sublevaron en Cabezas de San Juan y proclamaron la Constitución de 1812. Riego no consiguió ningún éxito militar importante ni adhesiones andaluzas. Cuando la columna estaba prácticamente desecha, la masonería consiguió sublevar las guarniciones de La Coruña, El Ferrol, Vigo, Oviedo, Zaragoza, Pamplona, Tarragona y Cádiz, y el Conde de La Bisbal se unió finalmente a los sublevados. Por otra parte se deshizo la consistencia del poder y Fernando VII quedó solo y aislado. El 7 de marzo de 1820 proclamó la Constitución de Cádiz y, presionado por el pueblo, abolió la Inquisición unos días más tarde. [1]

Ver también: Primer periodo absolutista
[1] Tomado de Fernando VII. Enciclopedia Universal Ilustrada europeo americana. Espasa Calpe SA Madrid 1979.

6 de diciembre de 2008

Globalización capitalista

En el marco de esta crisis de la globalización capitalista hay textos que no pierden su gusto y vigencia, que aportan elementos teóricos para quienes no asumíamos como desafiante un marco económico cual es el actual:
«La llamada globalización capitalista constituye un modelo de economía mundial, regional y nacional que divide las sociedades, concentra las riquezas y el poder político y margina a grandes masas humanas degradando cada vez más a las personas.
Esta globalización mantiene todos los rasgos del capitalismo (explotación del trabajo asalariado, extracción de la plusvalía, concentración de la riqueza y del poder) y agrega otros elementos diferentes a los del capitalismo industrial, porque principalmente ahonda su carácter parasitario o rentístico y se despliega como modelo de economía segmentada. Su desarrollo y sostenimiento es a costa de la sociedad humana en su conjunto, donde la mayoría se empobrece y se vuelve miserable y un sector cada vez más concentrado y minoritario disfruta de los bienes que ofrecen la naturaleza y la vida social.
El fenómeno del flujo de capitales de inversión a través de las fronteras no es tan diferente de lo que había sido al inicio del siglo XX, pero hay cambios en el orden social, como el del marginamiento de grandes masas humanas respecto del trabajo y la producción. En otro orden, las trasnacionales han constituido una verdadera dictadura mundial, con un mando centralizado, aunque dependen de sus propios Estados, como es el caso de los Estados Unidos. Sobre las cien trasnacionales más importantes de la lista de la revista Fortune, la publicación encontró que todas se habían beneficiado de intervenciones específicas de los Estados nacionales, donde tienen su base, mediante subsidios que provienen del contribuyente fiscal y del desguace del aparato productivo público en beneficio de las corporaciones.
“Hay un mercado —dice Noam Chomsky—, pero es un mercado guiado por el Estado, y el Estado nodriza es un factor crucial, con el cual las corporaciones cuentan” y agrega: “También existe una gran expansión del capital financiero, que es mayor que antes. Ese capital financiero se ha vuelto dominante frente al capital industrial”.
La victoria o triunfo del llamado mercado es en realidad la victoria del totalitarismo donde las corporaciones constituyen mandos centralizados, combinando las funciones ejecutivas, legislativas y judiciales en una unidad de control superior.
Su poder alcanza a la propaganda, el dominio de la información y, según Chomsky, el “control de la mente”.
El pensador Silvio Frondizi definió tempranamente, en 1946, que la integración mundial capitalista es la última etapa del imperialismo. Esa globalización es la del capital financiero y rentístico, por un lado, en el marco de una universalización de la revolución científico-tecnológica, por el otro. La primera tiene un destino incierto; la segunda ha llegado para quedarse por mucho tiempo, hasta que sea reemplazada por nuevos descubrimientos.
Hay tres nudos económicos que analizar con carácter previo y que son los siguientes:
1) Si estamos ante una onda larga o corta del capitalismo, de acuerdo a la teoría de Kondratieff.
2) Si el modelo de economía segmentada, nombre más preciso que el de “globalización”, se corresponde a un período signado por la violencia estructural o barbarización.
3) Si la transición nos lleva a un nuevo modelo de economía, más humano y libre, más justo y equitativo, o si el período de inestabilidad y excepción será largo y muy cruento.
A mi juicio, la respuesta es la siguiente. Nos encontramos ante una onda larga del capitalismo, depresiva y, por lo tanto, no expansiva. A diferencia de la expansión más grande del capitalismo entre 1945 y 1973 (crisis del petróleo), la etapa actual es precaria y vulnerable, signada por una inestabilidad permanente.
El capitalismo rentístico privatiza el dinero, tiende a feudalizar el poder, curiosamente destruye el mercado y privatiza lo público.
Divide antes que une y, al mismo tiempo, concentra el capital financiero.

Han existido muchas globalizaciones a lo largo de la historia. Immanuel Wallerstein lo ha explicado en su tesis de la economía-mundo. El Imperio Romano, la Iglesia Católica medieval, el Imperio Británico, la revolución protestante, el Imperio Español, entre otros ejemplos. No estamos ante un fenómeno original, sino frente a una etapa que Cornelius Castoriadis y Herbert Marcuse, y antes Rosa Luxemburgo, caracterizaron en la tensión Socialismo o Barbarie.
En esta onda larga del capitalismo hay una caída significativa del producto y del crecimiento respecto del período anterior. Se fortalece el desempleo. Decenas de millones de personas sufren el paro en los países centrales y son cientos de millones en la periferia. Hay una crisis en el liderazgo imperialista.
Atrofia del G7 más Rusia, e intento de extender el poder de dominación mediante la OTAN.
Se produce la expansión y explosión del crédito. Hay dinero flotante y una formidable especulación. El dinero toma autonomía respecto del comercio.
Existe un flotante de 200 a 300 billones de dólares en manos de multinacionales, especuladores y en el lavado de dinero del narcotráfico (el pensador norteamericano James Petras consigna cifras superiores).
La invasión electrónica en el mercado financiero y bursátil alienta transferencias enormes de dinero en pocos segundos o minutos, como ocurrió con un operador que mandó a la bancarrota a la Baring Brother en cuestión de minutos. La punta de esta crisis cíclica se está produciendo a partir del estallido de las denominadas burbujas financieras japonesas y de la crisis de los “tigres asiáticos”, que comenzó con la de Tailandia en el segundo semestre de 1997 y se extiende ahora por diversas regiones.
Anwar Shaikh y Ernest Mandel demostraron que una tasa promedio declinante de ganancia y una tasa estable de interés obtienen una tasa de ganancia real negativa. Por ello no es viable invertir más a largo plazo. Deja de ser favorable a la expansión, se convierte en freno y entonces la oleada especulativa es mayor porque es menos favorable invertir.
Surge así el actual período de inestabilidad, de desempleo, miseria creciente y caos, en el cual existe una autonomía relativa de la lucha de clases. Las huelgas en Alemania, Francia e Italia, obligaron a cambiar el mapa neoliberal europeo por otro a manos del reformismo de tipo socialdemócrata. De todas maneras, la violencia estructural es la que signa la etapa, con el enfrentamiento entre mafias, locales e internacionales, el lavado de dinero del narcotráfico y el surgimiento de las contradicciones secundarias, xenofobia, racismo, fundamentalismos y guerras étnicas.
Es difícil saber el tiempo que durará la etapa de barbarización en la que recién penetramos. No existen por ahora fuerzas, a nivel nacional, regional o mundial, que conduzcan mundialmente la reacción, espontánea, de las masas oprimidas.»[1]
[1] Tomado de Corbière Emilio J. EL MITO DE LA GLOBALIZACIÓN CAPITALISTA. e-libro.net, enero 2002.

30 de noviembre de 2008

Los restos del Che

En los restos del Che, daré cuenta breve de las pasiones suscitadas por el cuerpo del difunto ché entre las masas.
Al fallecer, su cuerpo fue llevado al lavadero del hospital de Nuestro Señor de Malta y exhibido durante dos días (las gracias del formaldehído). Las monjas que estuvieron al tanto de dicho cuerpo hablaban del parecido del Che con Jesucristo (la gente ve lo que quiere ver); los asistentes recortaban mechones del cabello del líder inmolado para emplearlos como talismanes.
Pensaban hacer desaparecer el cuerpo, dicen. Por esta razón le amputaron las manos, para probar su fallecimiento. La orden inicial era cremarlo, pero esto no se llevó a cabo; lo que sí hicieron fue arrojarlo a una fosa común junto a otros guerrilleros. Solo hasta 1997, sus restos fueron rescatados por un grupo de científicos cubanos; el 12 de julio de ese mismo mes fueron trasladados y sepultados en el memorial Ernesto Guevara, en Santa Clara.
Ver también: Che Guevara, poesia , Poema para el Che Guevara

Los bancos

Los bancos son uno de los progenitores del dinero, junto con las casas de moneda y las secretarías del tesoro o los ministerios de finanzas. Son por supuesto mucho más antiguas las casas de moneda y luego los bancos. Durante el imperio romano se conocían bancos incipientes; durante la Edad media, menguaron como el conocimiento y la actividad científica, posiblemente debido al conflicto con la objeción religiosa a la usura.
Cuando llegó el renacimiento la banca revivió de mano del comercio floreciente, principalmente de mano de los italianos (aunque eso no implica ninguna continuidad de los bancos romanos y los ulteriores italianos del renacimiento), destacando por ejemplo la familia de Los Médicis, familia descollante en esta actividad, gracias a que oficiaban como agentes fiscales de la Santa Sede. Fueron las casas bancarias de Venecia y Génova las precursoras de los bancos hoy en día. «Cuando el negocio de los préstamos se desarrolló en Londres no fue sino natural que la calle donde se estableció la primera empresa de este tipo llevara el nombre de Lombardos.»
¿Y cómo crean dinero los bancos? Desde sus orígenes la lógica ha sido la misma. Un cliente deposita fondos que serán transferidos a otro dueño para liquidación de cuentas. Pues bien, sobre ese depósito se le puede prestar una cantidad semejante a otro cliente solicitante, diferente al acreedor del depositante original. Este crédito le genera al banco intereses que es la esencia de su existencia. Ambos fondos, el depósito inicial del cliente 1 y los intereses generados por el crédito del cliente 2 podrían emplearse para hacer pagos, lo que es lo mismo que decir, como dinero.
Llegados los billetes a este fluir de fondos, algo muy aprovechado en la República Norteamericana, pues se le daba al depositario no un depósito sino un billete redimible en la moneda firme que había sido depositado en el banco como capital o como depósito sedentario. Con dicho billete el prestatario efectuaba sus pagos, el receptor de dichos pagos a su vez podía redimir el billete en moneda dura o emplearlo a su vez en sus propios pagos. Y el banco seguía recibiendo intereses sobre el préstamo original. Luego sobre un único depósito se prestaba dinero en cadena sin que aumentasen la existencia de bienes, luego los precios subían y el dinero valdría cada vez menos (inflación)[1]. Si hubiera menos dinero para comprar cosas, los precios disminuirían, pero esa disminución sería rápida y ruinosa para aquellos que tuvieran bienes que vender o deudas que pagar (depresión).[2]
[1] Pero el milagro de la creación de dinero por parte de los bancos, estimulaba la industria y el comercio, además de brindar una cálida sensación de bienestar.
[2] Bibliografia consultada:
Bibliografia consultada: Galbrait John Kenneth. El Dinero, de donde viene y adonde va. Editorial Diana Colombiana Ltda, Bogotá, 1983, páginas 28-32

29 de noviembre de 2008

Primer periodo absolutista

Fernando VII olvidó en seguida sus tímidas promesas reformistas. Mientras se organizaba una feroz represión contra instituciones y personas comprometidas con el constitucionalismo o con los franceses, el gobierno restauró el sistema social y político vigente en 1808. Ni siquiera Francia había realizado unos planteamientos revolucionarios tan profundos como España, y ello justificó que toda la Europa de la Restauración alentara a Fernando VII en su brutal política represiva. Se estableció el sistema estamental, gremial y señorial; se devolvió a la iglesia sus propiedades; se resucitó la inquisición aunque no el tormento; etc. Afrancesados y liberales tuvieron que recurrir al destierro, a la clandestinidad y a las sectas secretas y masónicas, para salvar sus vidas.
El desgobierno de este primer periodo absolutista se reflejó en la pérdida de la mayor parte del imperio americano. España se recuperó lentamente de los desastres de la guerra a pesar de la administración inestable, corrupta e incompetente. La camarilla real (el duque de Alagón, Juan Escoiquiz, Antonio de Ugarte-que tramitó la compra de una flota rusa inservible-, chamorro, etc) mediatizó continuamente la acción del gobierno a través de Fernando VII, preocupado únicamente de que nadie le hiciera sombra. La inestabilidad gubernamental fue una de las características de este periodo, y solo el ministro Macanaz propuso a Fernando VII la convocatoria de Cortes, osadía que le valió ser encarcelado en La Coruña. Se cursaron las órdenes más insensatas y descabelladas, inspiradas con frecuencia en el ultramontanismo de los clérigos, y se practicó el culto a la personalidad del rey sin ningún recato y a pesar de que este imitaba los modos imperiales de Napoleón. Sólo el ejército podía cambiar la situación. El ejército había sido muy poco depurado, aunque su oficialidad procedía en su mayor parte de los años de la guerra e inclusive de sectores liberales. La exigencia del título nobiliario para acceder a los mandos superiores y las reformas tributarias del ministro Martín de Garay crearon un fuerte resentimiento entre muchos oficiales que veían cortada así su carrera.
Los pronunciamientos militares a favor de un régimen liberal empezaron ya en 1814 con la marcha del ex guerrillero Javier Mina sobre Pamplona. Los generales Juan Porlier, Luis Lacy, Lorenzo Milans del Bosh y Joaquín Vidal intentaron en años sucesivos derriban al régimen absolutista, pero ninguno de ellos tuvo éxito y varios pagaron su fracaso con la vida. También el sector más aperturista del gobierno intentó una conspiración (del Triángulo) que fue descubierta y abortada.[1]

Ver también: Fernando VII: retorno del absolutismo
[1] Tomado de Fernando VII. Enciclopedia Universal Ilustrada europeo americana. Espasa Calpe SA Madrid 1979.

21 de noviembre de 2008

Fernando VII: retorno del absolutismo

Veremos cómo con Fernando VII retorna el absolutismo a España.
En 1812 la guerra cambió de signo para las tropas anglo-hispano-portuguesas que empezaron a recuperar terreno en la península Ibérica, en tanto las Cortes reunidas en Cádiz, proclamaban una constitución moderada. En noviembre de 1813, Napoleón I entró en contacto con Fernando VII y éste autorizó una paz basada en la neutralidad de España, pero las cortes se negaron a ratificarla. Pese a ello, Napoleón liberó a Fernando VII en marzo de 1814, poco antes de caer él mismo del poder.
Durante la última fase de la guerra se acentuó el enfrentamiento entre las clases privilegiadas y nostálgicas del antiguo régimen y la burguesía liberal que quería aplicar la Constitución de 1812. En este momento intervino decisivamente el estamento eclesiástico que, sintiéndose amenazado en sus intereses por la revolución burguesa, se alineó con la oligarquía e influyó notablemente en el pueblo para que rechazara el sistema constitucional.
A la hora de regresar a España, Fernando VII dudaba entre una y otra opción. Entró en Cataluña el 22 de Marzo de 1814 y se dirigió hacia Valencia entre las aclamaciones del pueblo, frente al cual había conservado su imagen carismática de “deseado”. Por el camino recibió un mensaje del Consejo de Regencia recordándole su obligación de jurar los principios constitucionales. Sus acompañantes, Macanaz, Gómez Labrador, el duque del Infantado y el infante don Antonio, le aconsejaron no dar este paso. El 22 de abril de 1814, 69 diputados realistas publicaron en Madrid el llamado “manifiesto de los persas”, donde se mostraban partidarios del sistema absolutista, con la sujeción del poder real únicamente al bien común, y de la supresión de las instituciones intermedias y representativas de la soberanía popular. Cinco días más tarde, cuando revisaba unos regimientos en Valencia, el general Elio le ofreció su bastón de mando como símbolo de su categoría de general en jefe de todas las fuerzas armadas.
Seguro del apoyo del ejército, del clero, de la alta nobleza y del pueblo, Fernando VII se decidió y, el 4 de mayo, publicó una Real Orden que anunciaba la constitución y la legislación de las cortes y, anunciaba su decisión de no someterse a los poderes legislativos, aunque prometió respetar las libertades individuales, algunas reformas y convocar a Cortes. El nuevo capitán general de Castilla, Francisco de Eguía, fue el encargado de llevar a cabo el golpe de estado, y en la noche del 10 al 11 de mayo arrestó a los más representativos constitucionalistas que, sorprendidos, no pensaron en resistir.[1]
Ver también: Fernando VII, Juventud , Fernando VII y la marcha a Francia
[1] Fernando VII. Enciclopedia Universal Ilustrada europeo americana. Espasa Calpe SA Madrid 1979.

15 de noviembre de 2008

Fernando VII y la marcha a Francia

Proclamado rey Fernando VII, Napoleón siguió aprovechando el enfrentamiento entre Carlos IV y sufijo para consolidar sus posiciones en España. No reconoció al nuevo soberano y nombró a Joaquín Murat, duque de Berg, como su lugarteniente en la península Ibérica. Este entró el 23 de marzo de 1808 en Madrid con las banderas desplegadas. Hábilmente Murat alentó las esperanzas de Carlos IV de recuperar la corona y propuso una reunión en la cumbre de Burgos. La entrevista no se celebró en Burgos, ni en Vitoria. Napoleón sugirió entonces Bayona, ya en territorio francés. A pesar de la oposición de sus consejeros y aun del pueblo que intuía la traición del emperador, la comitiva real cruzó la frontera el 20 de abril. Carlos IV y su esposa fueron conducidos directamente de Aranjuez a Bayona, y Godoy fue liberado del castillo de Villaviciosa de Odón por Murat y trasladado también a la ciudad vascofrancesa.
Allí Napoleón obtuvo todo lo que quiso. Manejando sutilmente las diferencias entre padre e hijo, consiguió que Fernando VII renunciara a favor de su padre y que Carlos IV abdicara de nuevo a favor de Napoleón. Incluso firmaron una proclama (8 y 12 de mayo) en la que justificaban su decisión y pedían al pueblo que se sometiera al emperador para evitar males mayores. Carlos IV y María Luisa fueron internados de momento en Fointanebleau, y Fernando VII, su hermano Carlos y su tío, el infante don Antonio, fueron recluidos en el castillo de Valençay, donde permanecieron hasta su liberación en 1814.
Mientras tanto, en España se producía el levantamiento popular y la quiebra del Antiguo Régimen. Napoleón proclamó la Constitución de Bayona y coronó a su hermano José. El sector reformista o afrancesado apoyó esta operación con la esperanza de hallar una solución de recambio, pero la opción revolucionaria de las clases populares les sobrepasó y se inicia la guerra de independencia.Ver también: Fernando VII, juventud; Juan Martin el empecinado

10 de noviembre de 2008

Fernando VII, Juventud

Fue Fernando VII el tercer hijo de Carlos IV y Maria Luisa de Parma, nacido en El Escorial en 1784, teniendo la infancia tranquila y normal en un príncipe heredero.
El carácter apático, la voz aflautada y el físico del príncipe Fernando hicieron llorar a su prometida María Antonia de Nápoles (Hija de Fernando IV), cuando la conoció en 1802.
Mientras tanto en la corte de Carlos IV se iba formando un partido contrario al valido Manuel Godoy, que había paralizado completamente el programa reformista. En dicho partido de oposición destacaban hombres como el canónigo Juan Escoiquiz, el marqués de Ayerbe, los duques de san Carlos y del Infantado, los condes de Montarco, de Bornos y de Montijo, etc. Fue a partir de 1806 que Fernando ingresa en este círculo, entablando conversaciones secretas con Napoleón, a quien solicitó la mano de una dama de su familia para trabar parentela con él. En sus primeras movidas el partido fernandino era favorable a una alianza con Inglaterra, pero cuando Godoy cambió su política exterior en 1807 y resistió francesa, se declaró pro francés.
En otoño de 1807 protagonizó en El Escorial un complot palatino, que demostró la composición de la monarquía borbónica. Enterados los reyes de las reuniones secretas en los aposentos de su hijo, mandaron revisar sus papeles y le hicieron declarar ante los ministros. Carlos IV hizo pública la conspiración pero Fernando delató a sus cómplices, pidió perdón y fue absuelto.En marzo de 1808 Godoy entiende el alcance anexionista de los planes de Napoleón; queriendo proteger a los monarcas los lleva hasta Andalucía y de ser preciso hasta las Américas. La alta nobleza se opone y prepara el derrocamiento de Carlos IV. El 17 de marzo de 1808 la turba, manipulada por los nobles, asaltó la residencia del Godoy en Aranjuez[1] y le maltrataron. Carlos IV, asustado, destituye a su valido, pero el motín solo se aplacó cuando el rey abdica en su hijo Fernando el 19 de marzo.[2]
[1] Ver Aranjuez 1808.
[2] Enciclopedia Universal Ilustrada europeo americana. Espasa Calpe SA Madrid 1979

7 de noviembre de 2008

Aranjuez 1808

El 17 de marzo de 1808 en Aranjuez el pueblo se amotinaba, el conde de Montijo, disfrazado del labriego Tío Pedro exaltaba los ánimos de la turba: Esto no puede llamarse un levantamiento popular espontáneo, esto fue algo dirigido y programado por el príncipe Fernando y urdido por una aristocracia descontenta con Carlos IV y Manuel Godoy.
Las tropas napoleónicas estaban en España y la familia real se trasladó al palacio de Aranjuez, para luego partir hacia América. Claro, existía un vacío de poder sentido por el pueblo; la masa sale a la calle buscando a Godoy, al que llamaban choricero debido a su origen extremeño. Hubo disturbios toda la noche y enfrentamientos entre leales e inconformes; al alba, Carlos IV depone al Príncipe de la Paz y abdica en su hijo, ya Fernando VIII. Manuel Godoy tuvo que seguir escondido otras 36 horas, cuando el hambre le obliga a salir, luego fue encarcelado.[1]
Ver también: Juan Martin el empecinado
[1] Bibliografia consultada:
Carmona Gonzalo, Paisajes después de las batallas, en Muy Historia número 14/2007 G y J España Ediciones, S. L., S. En C., Madrid.

2 de noviembre de 2008

INFANCIA DE GOYA

Francisco Joseph (José) de Goya nació el 30 de marzo de 1746, en Fuentedetodos, Zaragoza. El primer nombre, Francisco, en honor de San Francisco de Paula, cuya festividad se celebraba el 2 de Abril y José por su padre.
Este último se llamaba José Benito Goya[1], y su oficio era dorador[2]; posiblemente hubo de venir hasta esta aldea a engalanar el retablo mayor de la iglesia parroquial y dado el avanzado estado de gestación de su esposa se trajo a su familia hasta este pueblo aragonés situado a 40 km de Zaragoza.
La madre de Goya se llamaba Gracia Lucientes y era natural de Fuentedetodos; su familia poseía allí casas y tierras.
Los padres de Francisco de Goya se habían casado el 21 de mayo de 1736; un año más tarde concebían a Rita quien nacería en Zaragoza pero sería bautizada en San Gil de Zaragoza; entre 1741 y 1742 nacería Tomás, mientras que Jacinta nacería también en Zaragoza y su bautismo y defunción ocurrían en San Gil (1750). Mariano se bautizó en 1750 en la iglesia de San Gil y parece que murió muy joven, antes de 1758; por último, Camilo había nacido en 1751.
Suponemos entonces dentro de la más sana lógica que la madre de Goya fue a tenerlo allí por cuanto su esposo trabajaba en la localidad temporalmente y tendría familia que la asistiese en su parto.
Cuando Francisco de Goya tenía 3 años es seguro que la familia estaba ya de regreso en Zaragoza. Cuando tenía 5 años, en 1751 recibe la confirmación junto a su hermano Tomás (el dato no es apología de las ceremonias católicas, tan solo es un registro hallado para la historia de Goya). Su padre tuvo allí casa (en la parroquia de San Gil de Zaragoza)[3] que en 1760 fue vendida, luego se trasladan a la parroquia de San Miguel de los Navarros, primero a la calle del Coso y después a la calle de Rufas.
La niñez de Goya, sin conocer la miseria tampoco frecuentó la holgura. Parece que asistió a la Escuela Pía (escolapios de San José de Calasanz) donde recibió una educación básica. Luego entre 1759 y 1760, Francisco de Goya entraría como aprendiz del pintor zaragozano José Martínez Luzán[4] (1710-1785).[5]
Ver también: Aquelarre; muerte y arte; Francisco de Goya
[1] Su padre había sido Pedro Goya (1669-1734) y había sido notario en Zaragoza.
[2] Su oficio se llevaba a acabo en retablos, órganos y rejas.
[3] En el número 12 de la Morería cerrada.
[4] Hermano de dos amigos y compañeros de trabajo de su padre José Benito Goya
[5] Bibliografía consultada:
Cruz Valdovinos José M. Goya. Biblioteca Salvat grandes biografías, Salvat editores S.A., Barcelona 1986.

1 de noviembre de 2008

Sector agropecuario, 1999-2001

En este articulo titulado sector agropecuario, 1999-2001, veremos la oferta y la demanda, el empleo y los jugadores, la producción e inversión, los choques, las oportunidades que se vieron, los choques y las oportunidades que vendrán para el sector, en Colombia.
La oferta: El sector agrícola venía de un proceso de recuperación después de una larga crisis que tuvo su punto más álgido en 1998 cuando las hectáreas que salieron de la actividad productiva sumaba más de un millón y cuando las tasas de crédito agrícola superaban el 50%. Afortunadamente la tendencia cambió y en el año 2000 el sector agropecuario cierra con un crecimiento del 5,36%, el más alto desde 1995. Para el 2001 el crecimiento habría bajado; según Fedesarrollo habría sido del 3,42%. Como conclusión, hubo un aumento de 81.511 hectáreas adicionales entre 1999 y 2000 en cultivos transitorios y permanentes, para llegar casi a 3.850.000 hectáreas cultivadas.
Producción e inversión: Los más productivos del sector agropecuario fueron, durante este periodo, el maíz tecnificado (47%), el tabaco rubio (21%) y el plátano (21%). La inversión gubernamental en el sector agropecuario en el 2002, estima el informe, habría crecido un 49% al llegar a los $538.000 millones en total. En investigación y transferencia de tecnología se habría invertido más de $229.000 millones desde 1998 hasta el 2001. Se suponía que el motor de la recuperación fue la asignación de crédito para el campo en los años 2000 y 2001.
Empleo y jugadores: Los líderes generadores de empleo fueron los cultivos de yuca con 13.000 nuevos empleos, el maíz con 11.800, el arroz y la palma africana con 5.000 cada uno y el cacao con 3.700.
El mercado de productos y servicios de la biodiversidad totalizan más de US $500.000 millones en el mercado mundial y está en continuo crecimiento. Colombia posee un enorme potencial para jugar en esos mercados.
La demanda: Al año 2001 Colombia consumía alrededor de $36 billones en alimentos al año, de los cuales 5 millones de toneladas son importadas[1].
Entre los alimentos importados los más sonados fueron el maíz amarillo, la soya y el trigo. El sueño era no importar ni soya ni maíz amarillo que pudieran producirse en el país[2].
Los choques: al pobre sector agropecuario le tocó vivir la famosa apertura económica con su liberación de aranceles y la revaluación del peso que pusieron maltrechos a sus productores nacionales; así mismo en 1999 vuelve la devaluación que hace posible vislumbrar algo de crecimiento vía exportaciones.
Se asumía que el consumo per cápita de jugos haría pasado de 1,2 litros anuales en 1999 a casi 6 en el 2000, lo que habría obligado a replantear proyectos y convenios para incrementar la producción de frutas en Colombia.
Del mismo modo, se sabía que el 60% del consumo de tabaco era ilegal y a 2001 se suponía que esa cifra se había reducido al 10%.
¿Qué oportunidades se vieron?
La apertura desnudó los altos costos del sector y dejó como sobrevivientes a las empresas que lograron volverse competitivas por medio de renovación tecnológica, mejoramiento de la calidad y el estrechamiento de sus vínculos a lo largo de la cadena productiva.
En 1997 Postobón lanzó su línea de jugos e importaba el 80% de la mora desde Ecuador. Luego firman un convenio con productores nacionales. Queda abierto el mismo camino para el mango, el lulo y la piña.
¿Qué se avecinaba?
1- ) La eliminación de subsidios en los países desarrollados, lo que aumentaría la competitividad mundial. La presunción era que de hacerse, los precios internacionales de muchos bienes agropecuarios se elevarían y la producción agropecuaria se reduciría en 24% en Japón, 19% en la Unión Europea, 17% en Canadá y 7% en Estados Unidos[3].
2- ) Tomaba fuerza un nuevo consumidor “verde”, el que consume comida sana y alimentos producidos respetando el medio ambiente. Colombia ha tenido ventaja en este aspecto, como país megadiverso, con el 10% de la biodiversidad mundial. Se estimaba que la venta de productos agrícolas ecológicos era del orden de los US $20.000 millones anuales con tasas de crecimiento del 10-20%. Se decía que los nichos estrella eran el de las frutas (US$1.000 millones), café (US$ 200 millones) y cereales ecológicos (US$100 millones).
3- ) El raudo crecimiento de la biotecnología convertía la agricultura en una actividad de alta innovación. A ello se respondía con el desarrollo de una semilla de maíz capaz de resistir la tierra ácida en el llano y con el perfeccionamiento de una variedad de camarón resistente al mortal taura o mancha blanca.
4- ) Se preveía una escasez mundial de caucho en el 2005.
5- ) Había crisis de las vacas locas y esto era una gran oportunidad para el país, dado que la tercera parte del hato nacional se declaraba libre de aftosa, se abrían las puertas de la exportación bovina.
6- ) Se registra sobreoferta mundial de café; los inventarios mundiales llegan a los 30 millones de sacos, pero no obstante crecía la demanda de cafés orgánicos y gourmets.[4]
[1] En 1999 se importaban 8 millones de toneladas al año.
[2] Su principal uso está en las cadenas avícolas y porcícolas del país.
[3] No poseo cifras actualizadas para cotejar si esto se cumplió o no.
[4] Bibliografía de referencia:
Revista Dinero, Noviembre 9 de 2001, No 145, Bogotá, páginas 46-50.

30 de octubre de 2008

Year, definition

The measure of time on which the calendar is based. It is the time taken for the earth to complete one orbit of the sun. The calendar year consists of an average of 365.25 mean solar days – three successive years of 365 days followed by one (leap) year of 366 days. The solar year (or astronomical year) is the average interval between two successive returns of the sun to the first point of Aries; it is 365.242 mean solar days. The sidereal year is the average period of revolution of the earth with respect to the fixed stars; it is 365.256 mean solar days. The anomalistic year is the average interval between successive perihelions; it is 365.259 mean solar days. [1]
See also in Spanish, Año.
[1] Year. In a Dictionary of Science, FIFTH EDITION. Oxford University Press Inc., New York, 2005.

29 de octubre de 2008

Gonzalo Fernández de Córdoba

(Montilla, España, 1453-Granada, 1515) Gonzalo Fernández de Córdoba, llamado el gran capitán, fue un bravo militar español al servicio de los Reyes Católicos. Nacido una familia noble andaluza, luchó en la guerra civil castellana a favor de la reina Isabel la católica frente a los partidarios de Juana la Beltraneja, y más tarde intervino valerosamente en la guerra de Granada. En 1494, Fernando II de Aragón lo envió al frente de un ejército al reino de Nápoles, amenazado por Carlos VIII de Francia. Tras tocar en Sicilia, el gran capitán desembarcó en Calabria y se enfrentó a las tropas francesas en Seminara, sufriendo una derrota. Las tropas hispanas, compuestas de infantería y caballería ligeras, aptas para la guerra de movimientos contra los musulmanes, no tenían suficiente potencia para hacer frente a la infantería pesada suiza al servicio de Francia. Fernández de Córdoba se retiró a Reggio y entrenó a sus tropas en las nuevas tácticas de guerra. Los infantes españoles se adaptaron muy bien a las grandes formaciones, a las que dotaron de mayor movilidad y potencia de fuego gracias a los arcabuceros y la artillería. Con esta nueva disposición táctica, Fernández de Córdoba pasó a la ofensiva y derrotó a los franceses repetidamente, hasta obligarlos a abandonar el sur y el centro de Italia; tras tomar Ostia, entró en Roma en 1497. En 1500 volvió e gran capitán a Italia para defender las pretensiones de los Reyes Católicos sobre Apulia y Calabria, lo que desembocó en una guerra con Francia por el dominio del centro de la península. Tras una fase defensiva a causa de sus escasos efectivos, Fernández de Córdoba recibió refuerzos y derrotó a los franceses en Ceriñola y Garellano, afianzando el control de Fernando II sobre Nápoles. El rey, que desconfiaba de él, lo obligó a regresar a España (1507) junto al resto de funcionarios castellanos (Nápoles era una posesión patrimonial de Aragón), y el Gran Capitán se retiró de la vida pública.[1]

[1]

24 de octubre de 2008

JUAN MARTIN, EL EMPECINADO

Juan Martín, llamado El Empecinado[1], fue el líder carismático de la guerrilla española contra el ejército napoleónico y posteriormente un obstinado opositor del régimen absolutista.
Estas guerrillas quebrantaron el accionar del ejército francés durante la guerra de independencia española.
Juan Martín, El Empecinado, nació en una familia de labradores de Castrillo de Duero, Valladolid, en el año de 1775. Teniendo 18 años se alistó como voluntario en la guerra del Rosellón (1793-1795) que careó a España contra la Francia revolucionaria; allí perdió España, no solo la guerra sino también Santo Domingo. Allí Juan Martín fue nombrado ordenanza del general Ricardos. Concluida la guerra, regresa a su tierra y teniendo 21 años se cas con Catalina de la Fuente, vecina de la Fuente (Burgos), donde se ganó el sustento en el campo hasta que el ejército napoleónico entró en España en 1808. Por razones desconocidas con exactitud, recluta a amigos y familiares para acosar a los franceses invasores en la ruta entre Madrid y Burgos. Esta guerrilla interceptaba correos y convoyes y apresaba soldados.
Luego se une al ejército español para combatir en campo abierto en Medina de Risoseco y Cabezón de Pisuerga pero fueron derrotados y así Juan Martín decide seguir su lucha guerrillera por parecerle más efectiva. Así fue. A finales de 1808, obtuvo sendos golpes de mano en Aranda de Duero, Sepúlveda y Pedraza. Su fama había crecido tanto después de esto que el general de La Cuesta lo hizo apresar por haber retenido en su casa a una dama francesa en lugar de entregársela a él Juan Martín escapa y reune en su guerrilla a más de 5.000 efectivos.
En 1809, habida cuenta de sus logros es nombrado capitán de caballería y un año más tarde es ascendido a Brigadier. Su guerrilla causó tales destrozos entre los franceses que Napoleón quiso presionarlo para que trabajara para José Bonparte, secuestrando a su madre, pero Juan Martín, El Empecinado, amenazó con fusilar a cien soldados franceses que estaban en su poder y ella fue liberada.
Entre 1811 y 1813, Juan Martín, El Empecinado libraron sus enfrentamientos entre Madrid, Cuenca y Guadalajara. En Alcalá de Henares, año de 1813, vence al ejército francés que le doblaba en número. Fernando VII autorizó un monumento en su honor en dicha plaza pero luego lo hizo derribar por considerarle un temerario liberal. Resulta que concluida la guerra Fernando VII buscando ganarse su confianza le nombró mariscal y le ofreció por medio de un emisario un millón de reales y el título de Conde si Juan Martín abandonaba el liberalismo, a lo que El empecinado contestó: “Diga usted al rey que si no quería la Constitución (de 1812), que no la hubiera jurado; que El Empecinado la juró y jamás cometerá la infamia de faltar a sus juramentos.”Por esta respuesta fue desterrado en Valladolid.
«No es extraño que cuando Riego se pronunció en 1820 contra Fernando VII, Juan Martín volviera a las armas, esta vez contra las tropas realistas. Con la victoria liberal, fue gobernador militar de Zamora y Capitán General, pero la vuelta al absolutismo en 1823 le convirtió en proscrito. Desterrado en Portugal, pidió permiso para volver a España con garantías y le engañaron vilmente: fue detenido mientras dormía en Olmos de Peñafiel, encarcelado durante dos años en Nava de Roa y ahorcado el 19 de agosto de 1825.[2]
Ver también: Manuel Godoy
[1] Empecinados era el sobrenombre de los habitantes de Castrillo de Duero. La palabra deriva de pecina, que es el lodo o cieno negruzco formado en los charcos o cauces donde existen materias orgánicas en descomposición y que muy seguramente eran profusos en el arroyo Botija, que atravesaba la localidad. O sea que Empecinado era el gentilicio de los nacidos en tal localidad vallisoletana.
Cuando sus actos hostiles al régimen francés se hicieron notorios, el guerrillero se hizo famoso en toda Castilla y su mote en sinónimo de luchador obstinado. Fue tal su aureola que en 1814 se le provee mediante Real Orden, la prerrogativa de usarlo y firmar con él los documentos oficiales, así como heredarlo a sus hijos.
Fue a partir de ahí que el verbo empecinarse empezó a significar empeñarse en algo por encima de lo razonable.
[2] Alonso Abraham & Otero Luis, once actores principales, en Muy Historia número 14/2007 G y J España Ediciones, S. L., S. En C., Madrid.

22 de octubre de 2008

ABORIGINES

“The word aborigine means “from the beginning.” In Australia, this word began to be used to refer specifically to the continent’s nearly one million indigenous inhabitants at the time of the British invasion in 1788.
Many cultures have been lost since then, due to violent conflict between Aborigines and successive waves of new settlers. Some cultures have survived and renewed their focus on kin networks, close religious and legal relationships to the land, and revitalization of their culture and language. Of 250 languages, 20 remain.
Experts believe ancestral Aborigines arrived approximately 46,000 years ago, possibly when sea levels were low during the Ice Age. Archaeological sites near Melbourne and Perth are dated to 40,000 years ago, shell middens to 30,000 years ago. Indigenous peoples of Australia and New Guinea, closely related, probably share a common origin in Indonesia. Aboriginal language diversified into a large number of families with no clear relationships, suggesting a much longer period of differentiation than the single Austronesian language family had in the South Pacific.
Early tools consisted of flakes and pieces of stone with sharp edges. Ground-edged hatchet heads found in the North were the only prehistoric tools shaped into regular patterns. From 3000 BC, stone tools spread throughout the continent and may have been used as currency as well as for woodworking.
The clan, the most important social group, moved within a specific tract of land in response to seasonal variation or the need to be at a specific place for ritual purposes. Clans were linked as part of exchange networks that moved objects or ideas over long distances.
They also maintained and transmitted culture with images and songs describing creation, short songs containing powerful information related to specific localities, and series of songs strung together in song lines. Rock and body painting and decoration of portable objects linked clans to the land, each other, and the past.
Aboriginal people believed in the continuing existence of spirit-being ancestors who lived on earth during “the Dreaming” and created the natural world before the arrival of humans. They took various forms represented by totems and behaved as people. They aged and had to return to the sleep from which they awoke at the dawn of time, but they continued to influence natural events and breathe life into newborns.
Their wisdom regarding kinship, hunting, and marriage relationships was highly desired.
Australian Aborigines were hunter-gatherers identified by a managerial forager prehistoric lifestyle that included vegetation burning, replanting, and occasional wetland ditching, depending on available natural resources. In western Victoria, elaborate systems were constructed for trapping eels. In northern wetlands, tubers were replanted to promote future growth. Elsewhere, wells were sunk to raise large crops of yams; trees were transplanted; streams were diverted for irrigation; and digging was undertaken to encourage roots. Fire was widely used to open pathways, kill vermin, remove dry vegetation and promote new growth, cook edible animals in their burrows and nests, and prevent more destructive natural fires. Yet when Europeans saw these methods of managing grasslands and diversifying plant and animal life, they did not recognize Aborigines as farmers, gardeners, or herders. Absence of defined fields, permanent villages, and edible domestic animals led them to regard Aboriginal country as unproductive and unclaimed.
Aborigines seemed to be wanderers, an inferior people who were not using the land and who should be forcibly removed to make way for colonization. Australia was annexed to the British Empire on the basis that it was terra nullius, or uninhabited wasteland.
This myth prevailed until 1992, when a High Court judged in the Mabo case that native title to land still existed in Australia.”[1]
[1] Schroeder Susan, Aborigines. In Birx James H , Editor, Encyclopedia of anthropology Sage Publications, Inc. Thousand Oaks California 2006.

18 de octubre de 2008

Manuel Godoy

(Badajoz, España, 1767-París, 1851)Manuel Godoy y Álvarez de Faria Ríos Zarosa fue un político español[1]. Nacido en el seno de una familia noble empobrecida[2], a los diecisiete años[3] acompañó a su hermano a Madrid, y ambos ingresaron en la guardia de corps en el año de 1784. Allí inició una fulgurante carrera gracias, en parte, al apoyo de la entonces princesa de Asturias[4]. Manuel Godoy fue amante de la esposa del futuro rey Carlos IV (es un rumor fuerte), pero no fue ésa la única razón de su ascenso; también supo ganarse la confianza de ambos soberanos, gracias a sus dotes de político. Con tan sólo veinticinco años recibió el Toisón de Oro y fue nombrado primer ministro del Estado[5]. Una vez en el poder, la primera intervención de Manuel Godoy consistió en intentar salvar al rey Luis XVI de la guillotina. Finalmente, la ejecución del monarca francés llevó a España a declarar la guerra a Francia. Dos años después, el curso del conflicto desfavorable que Godoy tuvo que negociar y firmar el tratado de Basilea, lo que le valió el apelativo de «príncipe de la Paz». Más tarde Francia y España firmaron el tratado de San Ildefonso[6] en contra de Gran Bretaña[7]. Este movimiento robusteció su posición frente a opositores como la del Brigadier Alejandro Malaspina, al que acusó de revolucionario y ordenó arrestar porque propuso que las colonias deberían tener cierta autonomía.
Manuel Godoy acabó de consolidar su poder casándose con Teresa de Borbón, prima de Carlos IV ([8]).
En 1798 se vio obligado a abandonar su cargo, debido a las presiones del Directorio francés, que dudaba de su lealtad; fue sustituido por Saavedra y más tarde por Urquijo, pero siguió contando con la confianza de Carlos IV. Prueba de ello es que apenas dos años después, tras una actuación desafortunada de Urquijo, Manuel Godoy volvió a empuñar las riendas del gobierno. Fue por aquel entonces cuando, ayudado por los franceses, logró ganar «la guerra de las Naranjas»[9] contra Portugal (1801). El Tratado de Badajoz puso fin al enfrentamiento, aunque Napoleón no estaba conforme, pues pretendía obligar a Portugal a renunciar a su alianza con Inglaterra.
Poco después Francia firmó la paz de Amiens con el Reino Unido, pero la calma duró sólo un año: España, junto a Francia, declaró de nuevo la guerra al Reino Unido. La política de Manuel Godoy empezó a provocar animadversiones, y se fraguó una conspiración contra él dirigida por el príncipe de Asturias (el futuro rey Fernando VII)[10], que culminó con la invasión del palacio de Aranjuez. Manuel Godoy fue hecho prisionero, si bien, liberado poco después por orden de Napoleón, se dirigió hacia Bayona, donde se reunió con el príncipe Fernando y los reyes. Estos últimos abdicaron dejando el trono de España en manos de Napoleón[11]. Abandonado por su esposa y por su amante, y acosado por Fernando, que confiscó sus bienes y le retiró sus títulos, a los setenta y dos años, se exilió en París, donde escribió sus Memorias. Allí vivió Manuel Godoy de la pensión que le otorgó Luis Felipe de Francia. En 1847 fue rehabilitado por Isabel II y cuatro años después, prácticamente olvidado, falleció Manuel Godoy en la capital francesa.[12]
Ver también: Bicentenario de la independencia
[1] Ministro universal, grande de España, Capitán General de los Ejércitos, regidor perpetuo de Madrid
[2] Una familia hispanolusa de la baja nobleza.
[3] Llevando a cuestas una buena formación en matemáticas, humanidades, esgrima, francés e italiano.
[4] Su estancia en la casa Real no habría de limitarse a los barracones.
[5] El pusilánime Carlos IV le promocionó en ese tiempo desde Cadete a Primer Ministro. (¿?)
[6] Que convertía a los enemigos galos en aliados preferentes.
[7] Godoy consideraba que los ingleses atacarían las posesiones españolas de ultramar.
[8] Aunque sostenía amoríos con Pepita Tudó.
[9] La guerra de las naranjas (una campaña de tan solo 18 días), llamada así por el ramo de esa fruta que envió a la reina durante el sitio de Elvas.
[10] Mediante el Tratado de Fontainebleu, en 1807, Napoleón promete a Godoy un reino en el Algarve portugués si permitía que sus tropas atravesaran la Península para someter a los lusos, lo que resultó ser la Invasión de España.
Lo grave de la situación y el rumor de que los reyes pretendían huír a América, exasperaron los ánimos del pueblo, que dirigido por el partido fernandino asaltó el 19 de marzo la residencia de Godoy.
[11] Quien nombraría a José Bonaparte, su hermano, como monarca español.
[12] Bibliografia consultada:
Diccionario Interactivo de Biografías Océano. 2004.
Alonso Abraham & Otero Luis, once actores principales, en Muy Historia número 14/2007 G y J España Ediciones, S. L., S. En C., Madrid.

15 de octubre de 2008

Technorati, Blogalaxia y los tags

Technorati, Blogalaxia y los tags
Technorati, Blogalaxia y los tags es el tema que me obliga a escribir en esta instancia precisa.
Explorando siempre maneras prácticas y efectivas de mejorar el tráfico hacia mi blog, hice un análisis porcentual del mismo hasta el presente: El 64% llega referido (referrers) por el buscador (search) de Google, el 4,6% aproximadamente en el buscador de imágenes de google España, el 4,13% es enviado por mi blog principal y después de un largo etc., veo que Blogalaxia me reporta el 0,04% de todo el tráfico hacia mi Web, en tanto Technorati no me envía un solo visitante. Uno se cuestiona por la utilidad, salvo los enlaces, de los directorios…pero ¡un momento! La culpa pudo haber sido mía. Ellos promueven la búsqueda dentro de sus sitios por tags o etiquetas y no siempre reconocen las de Blogger. ¡Claro! ¡Eso era! Buscando en mis fuentes[1] hallé como automatizar el proceso de generación de tags desde mi platilla y Voilá, quedó listo.
Algunos se preguntaran y eso de qué nos sirve. Bueno pues para mostrar esta utilidad vamos a intentar medir la importancia tanto de Blogalaxia como de Technorati, miré el pagerank de cada uno de ellos: el primero 7/10 y el segundo un humilde 8/10. Como ustedes sabrán el pagerank se transmite y hemos de suponer que los afiliados algo nos toca. Digamos que ambos sitios manejan un gran tráfico y puesto que la gente consulta en ellos, pues debería ser más fácil aparecer dentro de sus búsquedas por lo más restringidas.
Como puntada final digamos que el fuerte del tráfico de Blogalaxia está en Ecuador, Costa Rica, Venezuela, Uruguay, Mexico, Colombia, Peru, Argentina, Chile y España (en ese orden).En cambio el fuerte de tráfico de Technorati es: Estados Unidos, España, Portugal, India, Italia, Canadá, Reino Unido, Francia, Emiratos Árabes Unidos, Uruguay y en casi todo el mundo occidental[2].
Luego vale la pena estar en las búsquedas de Blogalaxia y Technorati, añadiendo los tags de rigor. Y ustedes, ¿Qué creen?
Ver también: Densidad de palabras clave
[1] Muchas Gracias a BlogandWeb por su tutorial.
[2] Para mayor información, ver Google insights for search

11 de octubre de 2008

Ciencia que es, significado, definicion, concepto

La ciencia, ¿Qué puede ser? ¿Un contenido?[1] ¿Un proceso?[2] (McGuijan, 1996). O sea que tentativamente la ciencia es una acumulación de conocimientos y procesos sobre cómo acrecentarlos. Anteriormente se presumía que era básicamente un contenido pero luego aprendimos de la relatividad del conocimiento científico.
Popper manifiesta que deberíamos considerarla no solo desde el punto de vista epistemológico sino desde otras posturas. Como fenómeno biológico o sociológico, sería una herramienta, un aparato, un medio de producción, algo que sirve para satisfacer nuestras necesidades intelectuales, un medio para predecir experiencias futuras a partir de otras anteriores y el intento de controlarlas.
Casi siempre, según este autor, ha sido más relevante en la historia de la ciencia, la teoría que el experimento, la idea y no la observación; lo anterior da paso a nuevos hallazgos; pero a su vez el experimento y la observación, nos permiten descartar opciones no pertinentes[3].
Sabino en cambio considera que la ciencia es una forma de conocimiento, el conjunto de actividades que el hombre realiza, como un conjunto de acciones encaminadas y dirigidas hacia determinado fin, que no es otro que el de obtener un conocimiento verificable sobre los hechos que lo rodean. Este autor resalta que la ciencia es una actividad social y no solamente individual. Se distingue la ciencia y la filosofía, por tratar de definir con la mayor precisión posible los términos que utiliza, erradicando la ambigüedad normal del lenguaje corriente. A la ciencia la distinguen la objetividad, la racionalidad, sistematicidad, generalidad, falibilidad. [4]
Lakatos, nos trae a colación que etimológicamente la palabra ciencia, viene del latín scientia, que equivale a conocimiento, llegando a ser tal vez el conocimiento más respetable y genuino. Así mismo que en sus orígenes se intentaba obtener por medio de ella la certeza que otrora nos brindara la teología. Contradiciendo a Popper afirma que la historia de la ciencia está plagada de “exposiciones sobre cómo los experimentos cruciales supuestamente destruyen a las teorías.” Para él, la ciencia es todo un programa de investigación, más allá de una secuencia de ensayo-error, que no acumula verdades eternas.[5]
Según Ferrater Mora, “El sustantivo scientia procede del verbo scire, que significa "saber"; etimológicamente, 'ciencia' equivale, pues, a 'el saber'. Sin embargo, no es recomendable atenerse a esta equivalencia. Hay saberes que no pertenecen a la ciencia; por ejemplo, el saber que a veces se califica de común, ordinario o vulgar. Se saben, en efecto, muchas cosas que nadie osaría presentar como si fuesen enunciados científicos”. Nos recuerda que Platón distinguía entre opinión y saber. Más adelante define a la ciencia como “un modo de conocimiento que aspira a formular mediante lenguajes rigurosos y apropiados —en lo posible, con auxilio del lenguaje matemático— leyes por medio de las cuales se rigen los fenómenos”; vendría a ser algo así como una manera rigurosa de conocer (aunque conocimiento limitado)… “La ciencia opera mediante observación, experimentación, inferencia y deducción”.[6]
[1] Implicaría que es una acumulación de conocimientos. Pero la ciencia no es estática como esto supondría.
[2] Supone la forma de adquirir conocimientos.
[3] Popper Karl R. La Lógica de la investigación científica. Editorial Tecnos Madrid, 5ª reimpresión 1980.
[4] Sabino Carlos. El proceso de investigación. Ed. Panapo, Caracas, 1992.
[5] Lakatos Imre. La metodología de los programas de investigación científica. Alianza Editorial, S. A., Madrid, 1983, 1989.
[6] Ferrater Mora José. Diccionario de Filosofía. Editorial suramericana Buenos Aires. Quinta Edición 1964.

DERECHO

La palabra derecho viene del latín rectum (o directum), línea recta, lo justo, lo recto, y tiene que ver con rectitudo, lo que está en línea recta, según algunos; según otros viene del latín directus, dirigere, enderezar, alinear. Según su etimología -que en castellano y otras lenguas está en relación con «recto» o con «la dirección recta», mientras que en el latino ius, con iustitia, justicia, de iussum, mandato, o iustum, lo justo-, lo que es justo o correcto, lo que está mandado. Es, conservando esta esencia, que encontramos traducido este término Derecho, de modo semejante, en diversas lenguas: dreito, derechu, dret, drittu, právo, droit, diritto, right, recht, zuzenbide, directo, etc…[1]

Pero el Derecho puede tener varias definiciones y aproximaciones:
La facultad natural del hombre para hacer legítimamente lo que conduce a los fines de la vida; la facultad de hacer o exigir todo aquello que la ley o la autoridad establece en nuestro favor, o que el dueño de una cosa nos permita en ella. Pero también estar en derecho alude a aquello que está conforme a algo (una regla).
Para el sistema español, el derecho es el conjunto de cuanto es legítimo. Para algunos, lo que es de derecho es lo que es justo; otros afirman la independencia mutua de la justicia y el Derecho, y otros, finalmente, llegan a subordinar al Derecho la justicia, sosteniendo que algo es justo porque se ajusta al Derecho. El derecho se opone, por una parte, al deber en el sentido de que mientras el primero corresponde a lo que puede ser exigido, el segundo se refiere a lo que debe cumplirse. Por otra parte, lo que es de derecho se opone a lo que existe de hecho, entendiendo por el primero lo que debe ser de una manera determinada, lo que funciona en virtud de normas, y por el segundo lo que es así, prescindiendo de que deba o no serlo. Lo que es de derecho se entiende, finalmente, en muy diversos sentidos, pero alude casi siempre a lo que moralmente debe ser una cosa, en cuyo caso lo que ocurre conforme al derecho se opone en ocasiones a lo que transcurre conforme a la Naturaleza. La oposición entre el Derecho y la Naturaleza o, mejor dicho, entre lo que existe conforme a la ley y lo que es según la Naturaleza, fue ya objeto de amplia discusión por parte de los sofistas y se enlazó con el problema de la validez universal de la ley y del fundamento de esta validez. Como cuestión fundamental del Derecho ha resurgido en todas las épocas en que las concepciones del Derecho han experimentado una crisis y en particular durante el Renacimiento y en el curso del romanticismo.
Mas la oposición entre la ley y la Naturaleza no es simplemente la oposición entre la razón y lo instintivo; por el contrario, por 'Naturaleza' se ha entendido casi siempre lo estable y aun lo que existe conforme a la razón. El Derecho natural ha sido así el Derecho resultante de la naturaleza humana, supuesta universal e idéntica a través de la historia, en oposición al Derecho positivo, que es un Derecho histórico, y al Derecho divino, que coincide, a veces, con el natural, sobre todo cuando hay un fondo racionalista en la concepción del mundo, pero que a veces se entiende como la idea divina de justicia, inaccesible a la razón y a la luz naturales y superior a toda condición histórica.

En el sentido habitual, derecho es el sistema de normas con que se regulan y ordenan de forma positiva y obligatoria las relaciones entre individuos en el seno de la comunidad[2]. Por su propia naturaleza, el derecho sería un término medio entre la anarquía y el despotismo, limitando el poder de los individuos particulares y a su vez limitando el poder del gobierno.
Al sistema de normas y deberes se le llama orden jurídico u ordenamiento jurídico, el cual ha de ser un sistema coherente, que coordine las diversas libertades de los individuos, ha de estar positivamente establecido, ha de obligar coactivamente y poder imponerse por medio de la fuerza a todos los miembros de una sociedad. El objeto del derecho, aquello sobre que regula el sistema jurídico, son las relaciones entre individuos; los sujetos del derecho son primaria y propiamente los individuos y, por derivación, otros sujetos «culturales» o sociales, como la familia, el pueblo o el Estado[3]. Las relaciones entre sujetos de derecho se regulan, no sólo dentro de la propia comunidad, sino también en comunidades más amplias, como la europea, por ejemplo, o la comunidad internacional.

Derecho, Historia.
A lo largo de la historia del pensamiento, el derecho se ha definido de diversas maneras. El jurista romano Ulpiano (muerto hacia 223 d.C.) lo define como el arte de lo bueno y lo justo. Tomás de Aquino como una ordenación de las relaciones entre personas directamente orientada al bien común e indirectamente orientada al bien personal. Para Thomas Hobbes es la libertad de hacer o no hacer algo, mientras que la ley obliga a hacer o no hacer algo. Según Kant es la conciliación de la libertad de uno con la del otro, de acuerdo con una ley común de la libertad[4]. En el idealismo de Hegel, derecho es el «reino de la libertad realizada», de donde brota el mundo del espíritu. Para Marx, la voluntad de la clase burguesa convertida en ley.
Von Ihering lo concibe como protección de intereses; Stammler como voluntad vinculatoria, autárquica e inviolable.

En el derecho se distingue fundamentalmente entre derecho objetivo y derecho subjetivo. Se llama objetivo al conjunto de normas, vigentes en una comunidad, que regulan las relaciones entre individuos; se llama derecho subjetivo a la facultad o voluntad, amparada por las normas objetivas, de poder exigir algo. Al derecho subjetivo corresponde, en los demás, el deber jurídico.

Distinción importante es la clásica entre derecho natural y derecho positivo.[5]

[1] «Por eso, de esta voz latina se han derivado y han entrado en nuestro idioma otros muchos vocablos: jurídico, lo referente o ajustado al Derecho; jurisconsulto, que se aplica a quien, con el correspondiente título habilitante, profesa la ciencia del Derecho, y justicia, que tiene el alcance de lo que debe hacerse según Derecho y razón. Es, pues, la norma que rige, sin torcerse hacia ningún lado, la vida de las personas para hacer posible la convivencia social.» Ossorio, Manuel. Diccionario de ciencias jurídicas, políticas y sociales. Buenos Aires. AR. Heliasta.1999.
[2] De ahí que sea importante aclarar que la palabra Derecho no es sinónimo de Ley. La ley es una de las maneras de crear el derecho en los estados modernos. Toda ley es derecho, pero no todo el derecho es ley.
[3] La totalidad de las normas del derecho constituyen un orden o sistema que tiene por objeto hacer efectivos ciertos valores jurídicos reconocidos por la comunidad. Dichas normas, para que cobren mayor efectividad, suelen dividirse en ramas diversas, haciéndose una distinción principal entre derecho público y derecho privado. El primero se caracteriza porque en él tiene la sociedad un interés social; forman parte de esta gran rama el denominado derecho político o constitucional, el derecho penal, el administrativo, el procesal y otros; sus normas no pueden evadirse. En el caso del derecho privado tiene el Estado también interés, pero éste no es de rango superior y su ejercicio queda a la voluntad de los obligados; hacen parte de este derecho, el civil y el mercantil.
[4] Podría ser también el derecho para Kant, la protección de voluntades.
[5] Bibliografía consultada:
Ferrater Mora José. Diccionario de Filosofía. Editorial suramericana Buenos Aires. Quinta Edición 1964.
ROJAS GONZALES GERMÁN. Introducción al Derecho. Segunda edición, Ecoe Ediciones, Bogotá D.C., 2001, páginas 5-14.
Diccionario de filosofía en CD-ROM. Copyright © 1996. Empresa Editorial Herder S.A., Barcelona.ISBN 84-254-1991-3. Autores: Jordi Cortés Morató y Antoni Martínez Riu.

3 de octubre de 2008

JOSE MIGUEL PEY biografia, vida

José Miguel Pey de Andrade biografía, historia; nació en Santafé de Bogotá el 11 de marzo de 1763. Estudió en el Colegio de San Bartolomé, graduándose de abogado en 1787. Era hijo del oidor de la Real Audiencia Juan Francisco Pey.
Bajo el gobierno de Amar y Borbón fue nombrado alcalde ordinario de primer voto de la capital, participando activamente en los sucesos del 20 de Julio de 1810 , yendo junto a Camilo Torres Tenorio a convencer al virrey de entregar el control de la artillería a los patriotas (Ver Camilo Torres y la Independencia). Ese 20 de Julio fue elegido como vicepresidente de la Junta Suprema de Gobierno por el cabildo abierto. El presidente nombrado, don Antonio Amar se niega a presidirla y don José Miguel Pey se convierte entonces en el primer granadino en ejercer el poder ejecutivo[1]. Pero no era sencillo mantener el equilibrio entre radicales y moderados en el seno de la Junta. Don José Miguel Pey supo hacerlo, gracias a su formación en leyes y a su habilidad política.
Hizo parte, así mismo, de la comisión de negocios diplomáticos interiores y exteriores de la Junta Suprema.
Fue responsable don José Miguel Pey, como mandatario, de la detención del virrey y la virreina, así como de su posterior destierro en agosto de 1810.
Expide, junto a Camilo Torres Tenorio (actuando como vocal-secretario), el 18 de septiembre de ese año, la “Proclama en que se exhorta a los habitantes del Nuevo Reyno de Granada a la unión y fraternidad en el presente estado de cosas”.
Del mismo modo, durante el mandato de José Miguel Pey se instala el primer congreso Supremo, reunido el 22 de diciembre de 1810, al que concurrieron varias de las provincias del antiguo virreinato[2]. Como presidente de los legisladores fue escogido Manuel de Bernardo Álvarez y como secretarios Antonio Nariño y Crisanto Valenzuela.
«Los miembros del congreso tomaron el empeño innegable de conseguir la grandeza de la patria, no obstante lo cual las labores del mismo fueron vanas y su conclusión silenciosa. Como diputados concurrieron: don Manuel de Bernardo Alvarez, por la provincia de Santafé; por Neiva, don Manuel Campos; por Nóvita, don Ignacio de Herrera; por el Socorro, don Andrés María Rosillo; por Mariquita, don León Armero; y por Pamplona, don Camilo Torres.»[3]
Una de las causas de disolución del congreso fue que no se quiso admitir como representantes válidos a quienes no representaran capitales de provincia[4]; luego de eso es que Cundinamarca se constituye como ente particular.
Por otro lado, José Miguel Pey inaugura las sesiones del Colegio Constituyente[5], el 27 de febrero de 1811, que en marzo expediría la Constitución del Estado de Cundinamarca.
Al irrumpir los partidarios de la federación y los centralistas, dirigió don José Manuel Pey las tropas enviadas por el gobierno de Cundinamarca hacia el Socorro a combatir el ejército federalista encabezado por Antonio Baraya, perdiendo el enfrentamiento y cayendo prisionero.
Posteriormente José Manuel Pey colabora con el gobierno de Antonio Nariño y sustituye a Manuel de Bernardo Alvarez en la presidencia de Cundinamarca en 1814.
En 1815 hace parte del triunvirato[6] que rigió la Nueva Granada, junto a Manuel Rodríguez de Torices y Custodio García Rovira. Durante este gobierno se nombró a Joaquín Camacho como Ministro de la Corte de Justicia y a Antonio Baraya como Jefe del Ejército.
Durante el “Régimen del Terror” implantado por Pablo Morillo, se ocultó en La Mesa de Juan Díez y zonas aledañas a Fusagasuga, hasta el triunfo de las tropas patriotas en 1819, lo que le valió contundentes críticas por parte de muchos historiadores.
Se mantuvo leal a la causa de Simón Bolívar aun durante la famosa conspiración septembrina de 1828.
Sirvió a la patria como Secretario (Ministro) de Guerra durante la dictadura de Rafael Urdaneta e hizo parte de la junta de gobierno que temporalmente ejerció el poder en tanto Domingo Caicedo asumía el cargo en propiedad, al renunciar el militar venezolano.
José Miguel Pey de Andrade muere en Santafé de Bogotá el 17 de agosto de 1838 a la edad de 75 años.[7]
[1] Luego sería el primer presidente de Colombia en la época republicana.
[2] Cartagena se declara enemiga de esta convocatoria por considerar que la capital, a semejanza de la Junta central de Sevilla, quería construir el gobierno central, favoreciendo sus propios intereses y desconociendo los de las provincias.
[3] Forero Manuel José. Camilo Torres. Biblioteca de Historia Nacional, Volumen XCIV, Edición conmemorativa del Sesquicentenario de la Independencia de Colombia, Editorial Kelly Bogotá D. E., 1960, páginas 132 y 133.
[4] Por ejemplo Mompóx y Sogamoso. Camilo Torres y León Armero no estuvieron de acuerdo con permitir su ingreso, pero don Manuel de Bernardo Alvarez sí, por ejemplo.
[5] Quien se declara continuador de las tesis consagradas en el acta del 20 de julio, con excepción de la relativa a la superioridad de la Regencia de España: reconocían a Fernando VII como rey de los cundinamarqueses siempre y cuando viniese a suelo granadino, más no aceptaron el dominio de la regencia. Gran responsable de estas determinaciones fue el doctor Jorge Tadeo Lozano, “Presidente del Estado” y “Viceregente de la persona del rey”.
Pero también hicieron parte del colegio electoral: Fernando Caycedo y Flórez; Camilo Torres, Frutos Joaquín Gutiérrez (secretarios del mismo); José María del Castillo y Rada; Miguel Pombo; Luis Eduardo de Azuola y José Gregorio Gutiérrez.
[6] «…del cual casi siempre había uno o dos individuos ausentes, tímido, no siempre unánime y por regla general aguardando órdenes, decretos y resoluciones de un Congreso permanente o imperiódico, fuerte a veces hasta la crueldad, débil otras hasta las más indignas complacencias, inconsulto en muchos de sus actos y sujeto a discusiones y deliberaciones prolongadas y perturbadoras…..el Triunvirato era demasiado débil por sí mismo y más si se tiene en cuenta que lo presidía el General José Miguel Pey, anciano acostumbrado a las medidas suaves, cansado de los años, fatigado por una larga serie de servicios públicos, y aunque militar por títulos, poco avezado en las faenas de la guerra…»MONSALVE J. D. Antonio de Villavicencio (el protomártir) y la revolución de la independencia, Tomo II, Bogotá Colombia, Imprenta Nacional, 1920, páginas 184 y 188.
[7] Bibliografía adicional Consultada: ARIZMENDI Posada Ignacio. Presidentes de Colombia 1810-1990, Bogotá D.E., 1989, Volumen complementario a la Nueva Historia de Colombia.
Ver también: Colombia, grito de independencia