Caín y Abel en la biblia, estudio, ensayo, crítica, contexto cultural
Caín y Abel en la Biblia: Estudio, Ensayo y Contexto Cultural
Puntos Clave sobre Caín y Abel
- El fratricidio primigenio: El relato de Caín y Abel (Génesis 4:1-16) es la primera historia de violencia entre hermanos en la Biblia. Caín, agricultor, asesina a su hermano Abel, pastor, tras el rechazo divino de su ofrenda.
- Mito y conflicto social: El relato refleja el conflicto histórico entre sociedades agrícolas sedentarias (Caín) y grupos de pastores nómadas (Abel), un eco de tensiones reales en el antiguo Cercano Oriente.
- Paralelismos mesopotámicos: Existen paralelismos con el mito sumerio de Lahar y Ashnan (dioses del ganado y el grano) y con la disputa entre Dumuzi e Inanna en la mitología mesopotámica.
- Exégesis judía: El Targum Pseudo-Jonathan afirma que Caín fue concebido por Eva con el ángel caído Sammael, lo que explica su naturaleza malvada. La marca de Caín es una letra del Nombre divino.
- Genealogía y legado: La descendencia de Caín incluye a los creadores de la música y la metalurgia (Jabal, Jubal, Tubal-Caín). La genealogía de Set, el tercer hijo, representa la línea de la promesa.
El relato de Caín y Abel, contenido en el capítulo 4 del Génesis, es uno de los pasajes más densos y enigmáticos de la Biblia hebrea. No se trata simplemente de la historia de un homicidio; es un texto fundacional que aborda el origen de la violencia, la relación entre la humanidad y la divinidad, y la tensión entre dos modos de vida: el agricultor sedentario y el pastor nómada. Este estudio propone un análisis exhaustivo del relato, confrontándolo con la mitología mesopotámica, la exégesis judía y las interpretaciones teológicas que han marcado su recepción a lo largo de los siglos.
El relato bíblico: texto y estructura
El texto de Génesis 4:1-16 presenta una estructura narrativa clara. En primer lugar, se nos presenta a los personajes y sus ofrendas: Caín, labrador, ofrece frutos de la tierra; Abel, pastor, ofrece los primogénitos de su rebaño. La ofrenda de Abel es aceptada, mientras que la de Caín es rechazada. Este rechazo desencadena la ira de Caín, a pesar de la advertencia divina: «Si obras bien, ¿no podrás alzar tu rostro? Mas, si no obras bien, a la puerta está el pecado acechando como fiera que te codicia, y a quien tienes que dominar» (Génesis 4:7).
Caín invita a su hermano al campo y lo asesina. Cuando Dios le pregunta por Abel, Caín responde con la célebre frase: «¿Soy yo acaso el guardián de mi hermano?» (Génesis 4:9). La maldición divina convierte a Caín en un «vagabundo y errante sobre la tierra». Sin embargo, Dios le impone una marca para protegerlo de la venganza, y Caín se establece en la tierra de Nod, al oriente del Edén, donde edifica una ciudad y engendra a Enoc.
Contexto histórico y cultural: agricultores versus pastores
El relato de Caín y Abel guarda similitudes estructurales con la tradición del Edén: Adán es cultivador de la tierra (Génesis 2:15) mientras Caín lo es de la tierra maldecida (Génesis 3:17). Se repite la maldición y la expulsión, ahora de la tierra cultivable. La evacuación es la suavización del castigo de muerte que teme Caín.
Alguna implicación literaria o argumental habría de tener el poema mítico del Ganado y el Grano, oriundo de Mesopotamia y protagonizado por el dios del ganado (Lahar) y su hermana Ashnan (diosa del grano). Se explica cómo fueron enviados a la tierra trayendo consigo los beneficios de la civilización. En sus peripecias, de pronto un día se embriagan y disputan sobre la posible superioridad de cada una de sus artes por sobre las otras. Intervienen los dioses Enlil y Enki, declarando vencedora a Ashnan.
Históricamente, en esta ficción se habrían invertido los roles, siendo Caín un heredero de la sociedad matriarcal y por antonomasia agricultor, quien resultará detestable. Es claro entonces que el mito lo concibió una raza de cazadores o pastores, como los hebreos, quienes denigrarán de los cananeos, pueblo tradicionalmente agrícola. La inversión mítica se asimila cuando analizamos que, en condiciones normales, los visos de agresividad estarían marcados entre los cazadores y pastores patriarcales (Abel), no entre los sedentarizados cultivadores (Caín).
El relato, por tanto, no es un simple cuento moral. Es un reflejo de tensiones sociales y económicas reales en el antiguo Cercano Oriente, donde el paso de una economía de caza y pastoreo a una agricultura sedentaria generó conflictos profundos.
Paralelismos mitológicos: Lahar, Ashnan, Dumuzi y Osiris
En la mitología griega, el primer hombre que fundó y pobló una ciudad se llamó Foroneo (Forónico), hijo del dios fluvial Inaco e Inea. Dentro de sus actos más notables están el haberse cambiado de nombre, llamándose luego Argos. Fue el primer mortal en descubrir el uso del fuego, después de que lo robara Prometeo. Casado con la ninfa Cerdo, tuvo cuatro hijos: Pelasgo, Yaso, Agenor y Car. Se dice que con él se inició el culto de Hera, hermana-esposa de Zeus, diosa del matrimonio.
Quizás tenga en sus orígenes el relato hebreo, también, algo del mito de Osiris y Seth, los dos hermanos divinos, el primero de los cuales fue muerto por Seth. Luego se le añadieron al mito elementos propios de la tradición sobre Dumuzi, el dios agonizante víctima del triángulo amoroso con Inanna y Ereshkigal, quien reinó en Bad-tibira.
Así mismo, Anu podría homologarse al Caín bíblico. La pesquisa parte de la epopeya hitita «La Realeza en los cielos», donde Anu atacó a su hermano Alal (o Alalu, rey de los cielos desplazado por Anu), más agraciado, y le asesinó. Luego de este crimen sangriento, reinó durante nueve años y Kumarbi (o Kingu), un poderoso señor, le planteó insurrección, dañándole los genitales con un terrible mordisco, tragando parte de su semen y escupiendo el resto sobre un monte, de donde habrá de surgir la diosa del amor, siendo a la postre derrotado por Anu. Este fue desterrado y temporalmente perdió su potencia sexual, recibiendo no obstante un distintivo especial de seguridad, consistente en unos cuernos que evocan la luna creciente.
Allí, la ciudad de Bad-Tibira, una de las más antiguas de Sumeria, significa «fortaleza de los metalistas» o «muro de los metalistas». Podría ser una de las posibles ciudades construidas por Caín o por su descendencia. Otro posible emplazamiento podría ser Eridu, que fue la primera y más importante ciudad de Mesopotamia, con un parecido fonético a Irad («el fugitivo»), el nieto de Caín.
Exégesis judía: el Targum Pseudo-Jonathan y Sammael
Según la versión bíblica, Caín fue el hijo mayor de Adán y Eva. Pero según el Targum Pseudo-Jonathan (Génesis 1-3), Eva lo había concebido de Sammael, ángel caído, el ángel de la muerte. Y dijo ella: «He adquirido por hombre al ángel del Señor». Según la Reina-Valera 1960, al momento de parirlo su madre exclamó que por voluntad de Jehová había adquirido varón. La Biblia de Jerusalén dice: «He adquirido un varón con el favor de Yahveh». En hebreo, lo que se ha traducido como «he adquirido varón» se escribiría kaniti iysh; Kaniti es un juego de palabras con el nombre de Caín, y la expresión iysh («todo el mundo») ¿significaría que Caín, al igual que su padre, se consideraba un dios?
Este Caín era labrador y Abel su hermano menor (quien tenía una melliza según el Targum Pseudo-Jonathan), pastor de ganado. Ambos se presentaron con sus respectivas ofrendas a la divinidad, producto de sus respectivos logros laborales, siendo vista con buenos ojos la de Abel y no así la de Caín, quien se entristeció por el favoritismo hacia su hermano.
Es evidente que el discurso lo cuenta alguien que ya ha superado el proceso de nómada a sedentario, convencido de que, siendo sedentario y reposado, se puede estar en armonía con la meditación y los postulados religiosos, con la abstracción de un ser todopoderoso. La divinidad le inquiere respecto a su tristeza y le recuerda que si obrara en rectitud podría andar orgulloso; en caso contrario, igual podría dominar la tentación.
En hebreo no se han conservado las palabras de Caín a Abel: «Y Caín dijo a su hermano Abel…». Las traducciones llenan este vacío con «vamos fuera». Según las glosas rabínicas, le hizo el reclamo de por qué su ofrenda no fue recibida con agrado, escudándose Caín en un razonamiento de desconocimiento de la divinidad en tanto que juez y rector del mundo. Al no sobreponerse a esta humillación, invitó a su hermano menor y lo asesinó.
La marca de Caín: protección y símbolo
El gran cuestor moral lo maldijo: «Cuando trabajares la tierra, tampoco prestará su fuerza para darte: gimiendo y temblando estarás sobre la tierra» (Génesis 4:12, LXX). Consciente de su iniquidad, Caín creía no poder soportar la culpa y que sería difícil perdonarle. Efectivamente, el Creador lo desterró al oriente del Edén, en Nod («En la estepa»), pero temiendo por su vida recibió la garantía de una alta pena para quien ejecutase tal desmán: le sería multiplicada por siete la condena impuesta. El Targum Neofiti dice que le será suspendido el juicio hasta por siete generaciones. El Targum Pseudo-Jonathan, en cambio, habla de que quien mate a Caín habrá de recibir venganza hasta por siete generaciones. Todas las versiones enfatizan la rotundez de la sentencia.
Como garantía le fue impuesta una marca para que no lo asesinaran. Alguna pista sobre la naturaleza de la marca nos la puede dar el Targum Pseudo-Jonathan (Génesis 4:13): «Y marcó el Señor sobre la faz de Caín una letra del Nombre grande y glorioso para que, al vérsela…». Para Pirkei de-Rabbi Eliezer (21:4), Dios marcó a Caín con una letra de la Ley en el brazo. La tradición más extrema dice que le salió un cuerno en la frente para protegerse de los animales.
Resulta discordante que, en una sociedad compuesta de tres mortales y sus respectivas parejas, haya habido necesidad de un distintivo para esquivar la muerte. ¿Quién lo habría de matar? Descendientes de Abel no existían; la única familia del difunto eran él mismo, su viuda y sus padres. Luego se dice que edificó una ciudad a la que puso por nombre Henok (Enoc), como su hijo.
La descendencia de Caín: cultura y violencia
Su linaje de nueve miembros —incluyendo una mujer— (Génesis 4:17-26), que resalta el primero y el último, abarca a los creadores de los instrumentos musicales y de la tecnología. El tono empleado por el agresivo canto de Lamec (Génesis 4:23-24) pareciera resaltar el crecimiento de la violencia a lo largo de las generaciones. El progreso tecnológico entonces es directamente proporcional a la degeneración moral, como también señaló Hesíodo en «Los trabajos y los días».
Comparando las genealogías de Caín y Set, vemos que cinco de los nombres son idénticos: Adán, Set, Enós, Henoc y Lamec, mientras cuatro parecen variantes: Quenán-Caín, Mahalalel-Mejuyael, Yéred-Irad, Metusela-Metusael. Bruscamente se corta la secuencia y se nos presenta el relato sobre Set y sus descendientes.
El otro hijo: Set y la línea de la promesa
Prosigue Adán su labor paternal, esta vez concibiendo a Set (shet, «poner, sustituir»), para reponer al hijo perdido, Abel. De acuerdo con la cronología masorética, estaríamos en el año 130. «Y conoció de nuevo…» «…Otro hijo en lugar de Abel…». Ambos textos dan a entender que realmente no sustituyó ni desplazó a la primera dinastía (la de Caín) sino que llegó de segundas, posteriormente a la de Caín (detrás de Tubal-Caín).
Extrañísimo que solo de este hijo (Set) se diga que fue engendrado a su imagen y semejanza, según su imagen (5:3, BJ). Evidentemente, Caín no se parecía físicamente a Adán porque no era hijo suyo, si la versión mencionada apunta en la dirección correcta. Abel había fallecido; ahora sí podía constatar que era su hijo. Adán habría de fallecer 800 años después de este nacimiento, totalizando 930 años de vida.
Los nefilim y la corrupción de la humanidad
En el año 235 de la cronología adoptada como referente, Set engendró a Enós (teniendo 105 años), caracterizándose su tiempo como el periodo en que se empezó a invocar el nombre de Yahvé. ¿Luego no lo invocaron cuando las ofrendas a la divinidad de sus tíos Caín y Abel? ¿O a quién entonces le brindaron las primicias de sus labores? ¿O se refiere a que Enós inventó la oración?
Seguiría vivo Adán, posiblemente Caín y obviamente Set (quien viviría otros 807 años, para un total de 912 años de vida). Prosigue la genealogía, llegando a un sujeto de nombre Henoc (o Enoc, como el hijo de Caín), quien según el dictamen de los escribientes del Pentateuco anduvo con Dios y fue separado de la tierra, llevado por el mismo dios a quien le fue fiel. Este individuo engendró al portento de longevidad dentro de los textos bíblicos, Matusalén, quien se dice alcanzó a vivir 969 años y fue padre de otro señor llamado Lamec, quien fue el padre del patriarca Noé y alcanzó a vivir 777 años (cábala perfecta), cuando ya Abraham tenía 60 años.
Y sucedió que los hijos de hombre comenzaron a multiplicarse sobre la superficie de la tierra y les nacieron hijas hermosas. Y vieron los hijos de los grandes que las hijas de los hombres eran hermosas, con los párpados pintados y con colorete, andando con las carnes desnudas, y concibieron pensamientos lujuriosos y se tomaron mujeres de todas las que les gustaron. He aquí que les di una extensión de 120 años para que hiciesen penitencia y no lo han hecho.
Esta versión cambia radicalmente la postura sobre los 120 años como límite a la vida humana, puesto que, al ser colocada la afirmación dentro del contexto del cuento de las hijas de los hombres y de la esperanza de arrepentimiento, pierde su carga coercitiva. Los nefilim (como los titanes) se unieron a los humanos y les dieron hijos, dando origen a los héroes (famosos o renombrados) o gibbôrîm (Génesis 6:4). En Números 13:33, los exploradores israelitas informan haber visto gigantes descendientes de ellos. Una versión cananea de estos titanes se percibe en Isaías 12:12-20, en el poema sobre la caída de los cielos de Lucero (Lucifer), hijo de la Aurora.
Y, viendo Dios que se habían multiplicado las malicias de los hombres sobre la tierra, y cada cual pensaba en su corazón empeñosamente lo malo todos los días (Génesis 6:5 LXX), decide destruir tanto a los animales como al hombre. Como el que quema la casa para eliminar al ratón. ¿Sería posible que no hubiese otras personas justas en el mundo?
Interpretaciones teológicas y filosóficas
El relato de Caín y Abel ha sido objeto de múltiples interpretaciones a lo largo de la historia. Para el cristianismo primitivo, Caín representa el prototipo del pecador que, por envidia, se aparta de Dios. Abel, en cambio, es el justo cuya sangre clama desde la tierra (Génesis 4:10) y que prefigura a Cristo. En el Nuevo Testamento, la «fe de Abel» es elogiada en Hebreos 11:4, y su sangre se contrasta con la de Jesús en Hebreos 12:24.
Desde una perspectiva filosófica, el relato plantea la cuestión del origen del mal y la responsabilidad moral. ¿Por qué Dios rechazó la ofrenda de Caín? ¿Fue por la calidad de la ofrenda o por la actitud del oferente? La respuesta no es explícita en el texto, lo que ha dado lugar a un rico debate exegético. Algunos intérpretes sugieren que Caín ofreció lo peor de su cosecha, mientras que Abel ofreció lo mejor de su rebaño. Otros consideran que el rechazo se debió a la disposición interna de Caín, que ya albergaba sentimientos de envidia y rivalidad.
La historia también ha sido leída como una advertencia contra la violencia fratricida y como una reflexión sobre la hermandad universal. En un mundo marcado por conflictos étnicos y religiosos, el mensaje de Génesis 4 sigue siendo profundamente actual: la humanidad está llamada a ser «guardiana de su hermano», no su verdugo.
Referencias bibliográficas
- Ferrada, A. (2011). Una lectura narrativa de Gn 4,1-16: hermandad y violencia. Teología y Vida, 52(3), 379-403.
- Byron, J. (2011). Cain and Abel in Text and Tradition: Jewish and Christian Interpretations of the First Sibling Rivalry. Brill. ISBN 978-9004192522.
- Kramer, S. N. (1985). La historia empieza en Sumer. Ediciones Orbis. ISBN 84-7530-942-9.
- Caín, Abel y la sangre de los justos (2014). Ediciones Universidad de Navarra. ISBN 978-8431330521.
Leer también: Jardín del Edén: huerto, biblia y significado; ¿Quién fue la esposa de Caín?; ¿Quién fue Caín?; Caín y Abel: estudio, ensayo y crítica.
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