Dejé la llave vieja bajo la piedra fría: La historia detrás de El Barro y el Nudo
Dejé la llave vieja bajo la piedra fría.
Así empieza esta historia.
Tenía las manos sucias de mover la tierra, como las tuyas. Tú me enseñaste que la tierra no se mueve rápido, se mueve con paciencia. Que hay piedras que no sirven y hay piedras blancas que se guardan, aunque no sepamos para qué.
Recuerdo esa tarde. Buscamos piedras blancas hasta que el sol se puso. No había prisa en el viaje, solo un peso en el pecho que yo no sabía nombrar. Hoy ese peso se volvió música.
Por mucho tiempo quise escribirte algo que estuviera a tu altura. No me salía. Hasta que entendí que no tenía que sonar bien, tenía que quedarse. Porque el tiempo no deshace lo que el barro pegó.
Por eso hice El Barro y el Nudo. No es solo una balada para mi padre. Es para el roble desnudo que nos vio, para la lluvia que nos encontró juntos, para la llave que siempre supimos donde estaba.
Y es para decirte, por fin, gracias por enseñarme a volver a casa.
Te dejo la canción aquí:
Si la escuchas y te recuerda a alguien, compártesela. A veces una canción dice lo que nosotros no nos atrevemos.
Cuéntame en los comentarios qué recuerdo te trajo y a quién se la dedicarías. Te leo.
Gracias por estar aquí. Quédate cerca, que esta es la primera de varias canciones con historia que quiero compartir.
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