28 de septiembre de 2008

MARCION

Marcion, biografía,historia; nació en el año 85 y falleció en el 159 de la era cristiana.
Se decía que era hijo del obispo de Sinope (en el Ponto, cerca al mar Negro)[1]; que en sus primeros años era armador (propietario de barcos) y que hizo fortuna en ello.
Marción fue uno de los más importantes pensadores (aunque cuestionado por sectores ortodoxos) del siglo II, así debido a sus ideas sea inclasificable, debido a sus aportes para la fundación de la iglesia marcionita y al esclarecimiento del Canon del Nuevo Testamento[2]. Frecuentemente es llamado gnóstico por sus coincidencias en cosmología y soteriología, con esa línea ideológica[3].
Del 138 al 140 viajó a Asia Menor y a Roma involucrándose con las iglesias cristianas estrechamente. Fue de nuevo excomulgado en el año 144 y es cuando se decide a fundar su propia iglesia[4].
Podemos definir a Marción como un crítico de la biblia, más teólogo que filósofo. Se decía que era un discípulo convencido de Pablo de Tarso y basaba su doctrina en la oposición entre la Ley y el Evangelio, extremando la postura paulista que reconocía algunos aspectos positivos a dicha Ley. Establecía una oposición entre el Creador (o Demiurgo), el Dios Justiciero del Antiguo Testamento, y el Padre revelado por Jesús[5]. Sistematizó su posición en el libro de las Antítesis, del que solo restan fragmentos, mostrando por ejemplo la incompatibilidad entre el Dios que ordena la guerra y el Padre de Misericordia. Corolario de lo anterior rechazaba en bloque todo el Antiguo Testamento, afirmando que solo el Evangelio de Lucas (expurgado de sus primeros capítulos[6]) y diez cartas paulinas eran creíbles, empezando por Gálatas[7].
Pensaba que el evangelio de Jesús había sido incomprendido y falseado por los apóstoles y que solo Pablo había acertado en sus interpretaciones.
Para la veracidad histórica de su vida e ideas tan solo hemos contado con la versión de sus detractores, como Tertuliano (que escribía en latín), Justino Mártir (que lo hacía en griego) por ejemplo.
Los seguidores de Marción modificaron sus enseñanzas, sobre todo Apelles, ajustando más esta línea religiosa con el gnosticismo. [8]
La historia oficial, escrita por los “triunfadores” de la iglesia del statu quo, lo describe como hereje y solo hasta el siglo XIX, con el historiador de la iglesia Adolf Von Harnack e intelectuales como Ernst Bloch o el historiador Arnold Joseph Toynbee es que se ha tornado interesante su pensar, como una manera paralela de entender el cristianismo naciente. [9]
[1] Esto de acuerdo con Hipólito quien además afirmaba que fue su mismo padre quien tuvo que excomulgarlo por sus ideas.
[2] Realmente su selección restrictiva aceleró un proceso ya en curso que reunió en un solo libro el Antiguo Testamento y los escritos apostólicos
[3] Aunque difiere con esas sectas en que no profundiza en el Pleroma ni sobre la liberación mediante la gnosis. El dualismo profesado por Marción es de orden histórico, y no de naturaleza metafísica.
[4] Una estructura religiosa paralela a la iglesia oficial, con su propio cuerpo de ancianos, obispos, sacerdotes y catecúmenos, y liturgia particular.
[5] Que sería el Dios verdadero, henchido de amor; los otros dos en últimas se encasillarían en un único concepto de dios justiciero ajeno a la maldad. Por ende el mundo material, fruto de la primera concepción divina aquí manifestada, era imperfecto. La ley judía entonces no podía ser más que una moral positiva y verdadera por medio de la cual el Creador controlaba la humanidad (así esta la rechazara). Esta clase de conclusiones sin embargo no le condujeron a una antinomia licenciosa, al contrario le indujeron a ser más bien ascético, declinando el matrimonio y las relaciones sexuales.
Para Marción, Jesús estaba más allá del judaísmo, es más no vino a cumplir ninguna profecía hebrea, según su particular punto de vista. Un Jesús que no tuvo un cuerpo real según opina
[6] “Contaminados” por el Judaísmo. Omite por ejemplo los relatos de la infancia de Jesús, genealogía, bautismo y el pasaje de la tentación.
[7] Y excluyendo a las dos cartas a Timoteo, la carta a Tito
[8] Bibliografía consultada:
Cothenet Édouard. Marción, en Poppard Paul, Diccionario de las religiones, Editorial Herder Barcelona, 1982.
Wilken Robert L, (1987), Marcion, in Lindsay Jones, Editor in Chief, 2005, Encyclopedia of Religion, Second edition. Thomson Gale, a part of The Thomson Corporation.
Wilson R. McL. (1967), Marcion, in Borchert Donald M, Editor in Chief, Encyclopedia of Philosophy, Second Edition, 2006. Thomson Gale, a part of the Thomson Corporation.
[9] A nadie curioso en estos menesteres se le escapa la dicotomía manifiesta entre las palabras puestas en boca de Jesús por los evangelistas y la doctrina paulista. Por ejemplo en los Evangelios se declara que Jesús vino a predicar a los judíos, no a los gentiles, contradiciendo abiertamente lo propuesto por Pablo.
Ver también: Abrahan

25 de septiembre de 2008

El hambre de inmortalidad

El hambre de inmortalidad, así se llama un capítulo entero del libro, Del Sentimiento Trágico de la Vida, del genial Miguel de Unamuno, del cual extraigo los siguientes apartes:
“Recordemos ante todo una vez más, y no será la última, aquello de Spinoza de que cada ser se esfuerza por perseverar en él, y que este esfuerzo es su esencia misma actual, e implica tiempo indefinido, y que el ánimo, en fin, ya en sus ideas distintas y claras, ya en las confusas, tiende a perseverar en su ser con duración indefinida y es sabedor de este su empeño (Ethice, part. HI, props. VI-1X).
Imposible nos es, en efecto, concebirnos como no existentes, sin que haya esfuerzo alguno que baste a que la conciencia se dé cuenta de la absoluta inconsciencia, de su propio anonadamiento. Intenta, lector, imaginarte en plena vela cuál sea el estado de tu alma en el profundo sueño; trata de llenar tu conciencia con la representación de la inconsciencia, y lo verás. Causa congojosísimo vértigo el empeñarse en comprenderlo. No podemos concebirnos como no existiendo.
El universo visible, el que es hijo del instinto de conservación, me viene estrecho, esme como una jaula que me resulta chica, y contra cuyos barrotes da en sus revuelos mi alma; fáltame en él aire que respirar. Más, más y cada vez más; quiero ser yo, y sin dejar de serlo, ser además los otros, adentrarme a la totalidad de las cosas visibles e invisibles, extenderme a lo ilimitado del espacio y prolongarme a lo inacabable del tiempo. De no serlo todo y por siempre, es como si no fuera, y por lo menos ser todo yo, y serlo para siempre jamás. Y ser yo, es ser todos los demás. ¡O todo o nada!
¡O todo o nada! ¡Y qué otro sentido puede tener el «ser o no ser»! To be or no to be shakesperiano, el de aquel mismo poeta que hizo decir a Marcio en su Coriolano (V, 4) que sólo necesitaba la eternidad para ser dios; he wants nothing of a god but eternity? ¡Eternidad!, ¡eternidad! Este es el anhelo: la sed de eternidad es lo que se llama amor entre los hombres; y quien a otro ama es que quiere eternizarse en él. Lo que no es eterno tampoco es real.

La vanidad del mundo y el cómo pasa, y el amor son las dos notas radicales y entrañadas de la verdadera poesía. Y son dos notas que no pueden sonar la una sin que la otra a la vez resuene. El sentimiento de la vanidad del mundo pasajero nos mete el amor, único en que se vence lo vano y transitorio, único que rellena y eterniza la vida. Al parecer al menos, que en realidad... Y el amor, sobre todo cuando la lucha contra el destino súmenos en el sentimiento de la vanidad de este mundo de apariencias, y nos abre la vislumbre de otro en que, vencido el destino, sea ley la libertad…
… Escribía el trágico judío portugués de Amsterdam que el hombre libre en nada piensa menos que en la muerte; pero ese hombre libre es un hombre muerto libre del resorte de la vida, falto de amor, esclavo de su libertad. Ese pensamiento de que me tengo que morir y el enigma de lo que habrá después, es el latir mismo de mi conciencia. Contemplando el sereno campo verde o contemplando unos ojos claros, a que se asome un alma hermana de la mía, se me hinche la conciencia, siento la diástole del alma y me empapo de vida ambiente, y creo en mi porvenir; pero al punto la voz del misterio me susurra ¡dejarás de ser!, me roza con el ala el Ángel de la muerte, y la sístole del alma me inunda las entrañas espirituales en sangre de divinidad.
Como Pascal, no comprendo al que asegura no dársele un ardite de este asunto, y ese abandono en cosa «en que se trata de ellos mismos, de su eternidad, de su todo, me irrita mas que me enternece, me asombra y me espanta», y el que así siente «es para mí», como para Pascal, cuyas son las palabras señaladas, «un monstruo».”

20 de septiembre de 2008

CRISIS NERVIOSA

El interés por términos médicos –así algunos digan que este en concreto no lo es- y/o sicológicos como crisis nerviosa, me viene para tratar de entender comportamientos de famosos personajes históricos como Juana la Loca.
Pues bien, las crisis nerviosas suelen ser provocadas, generalmente, por estrés excesivo, sin que exista una adulteración orgánica del sistema nervioso.
Casi siempre las personas afectadas se deprimen, se sienten confundidas, agresivas, reaccionan con actitudes ilógicas y aspecto de no controlar sus actos. No se trata de una afección fisiológica en el sistema nervioso, sino de una interrupción abrupta y temporal de su capacidad para funcionar armónicamente, ante el medio externo.
Para contrarrestar la crisis nerviosa se recomienda un receso fuera del ambiente habitual de trabajo o de vida diaria. No sucede lo mismo con personas sicóticas que han de ser tratadas en un hospital.
Las sustancias tranquilizantes alivian los síntomas pero no curan la afección. Suelen ser raras en la niñez, muy frecuentes en los adolescentes y son las mujeres quienes están más dispuestas que los varones a padecerla. La mayoría de crisis nerviosas se relacionan con la neurosis de ansiedad o depresiva que afecta a personas de mediana edad.
Una persona que sufre una crisis nerviosa puede muy bien perder el control de sus emociones, aunque conserve su actividad mental. Frecuentemente se producen ciclotimias, o excesivos y rápidos cambios de humor, y posiblemente sucedan explosiones coléricas seguidas de periodos de calma e indiferencia.[1]Ver también neurosis, psicosis y esquizofrenia.
[1] Crisis nerviosa, en Guía Médica familiar, Editorial Planeta- de Agostini S.A., Barcelona 1997, página 278.

14 de septiembre de 2008

Euclides de Alejandria--obra-pensamiento-matematias-geometria

Euclides de Alejandría, vida, obra, pensamiento,aportes, aportaciones, historia, matematicas, geometria.(s. IV-III a. C.)
Euclides fue un matemático griego, del que apenas se tiene ningún conocimiento biográfico. Al parecer era ateniense y probablemente fue alumno de la Academia[1].

Hacia el año 300 a.C. (bajo el reinado del primer Ptolomeo), era profesor en la escuela matemática de Alejandría, de la cual probablemente fue su fundador. Tan desconocido es este personaje que durante mucho tiempo se le confundió con Euclides de Megara, hasta el punto que en las ediciones del siglo XVI de su obra fundamental: los Elementos de geometría (texto fundamental de la geometría)[2], todavía se confunde con el fundador de la escuela megárica. Se le considera como el gran sistematizador de la matemática en el mundo antiguo, ya que en sus trece libros de los Elementos expone la geometría como un sistema formal axiomático-deductivo[3], que consta de definiciones, postulados, y teoremas demostrados. Este texto ha servido de modelo en la posteridad a todo sistema axiomático.

A estos trece libros se le añadieron, posteriormente, dos más, escritos por geómetras posteriores. En realidad, no hay en este texto nuevos descubrimientos, ya que la mayor parte de los teoremas expuestos son obra de autores anteriores, como Eudoxo o Teeteto, pero su gran importancia deriva del método axiomático utilizado, que han convertido a este libro en el texto científico más traducido y editado de toda la historia y que apareció, durante más de dos mil años, como modelo de rigor científico[4]. Los cuatro primeros libros están dedicados a la geometría plana; los V y VI a la teoría de las proporciones; la VII, VIII y IX a los números racionales; el X al método exhaustivo y la teoría de los números irracionales y, los tres últimos, a la geometría del espacio. De hecho, prácticamente hasta el siglo XIX, la geometría era entendida siempre como geometría euclidea, y los Elementos todavía era utilizado como libro de texto en muchos centros de enseñanza de geometría. La introducción de cambios en el quinto postulado de Euclides[5] propició la aparición de geometrías «no-euclidianas», como las de Riemann y Lobatchevski[6], por ejemplo[7]. Otras obras de Euclides son Tratado de geometría; Fenómenos; Datos, etc.[8]

BIBLIOGRAPHY
The classic English translation of the Elements is Thomas L. Heath’s The Thirteen Books of Euclid’s Elements, 2d ed. (New York, 1956). It includes an introduction to Euclid’s place in the history of mathematics and a thorough commentary on the text. A more recent account of Euclid and his achievement, as well as the history of the Elements, with comprehensive bibliographies, is found in Ivor Bulmer-Thomas’s “Euclid” and John Murdoch’s “Euclid: Transmission of the Elements,” in the Dictionary of Scientific Biography (New York, 1970–1980). A discussion of the historical and philosophical antecedents to Euclid and how his methods incorporate Platonic and Aristotelian developments in the philosophy of mathematics is provided in Edward A. Maziarz and
Thomas Greenwood’s Greek Mathematical Philosophy (New York, 1968). The importance of mathematics in the education of the philosopher is addressed in Werner Jaeger’s Paideia: The Ideals of Greek Culture, 3 vols, translated by Gilbert Highet (Oxford, 1939–1944).
New Sources
Gray, Jeremy. Ideas of Space: Euclidean, Non-Euclidean, and Relativistic, New York, 1989.
Lloyd, G.E.R. The Ambitions of Curiosity: Understanding the World in Ancient Greece and China, New York, 2002.
Mlodinow, Leonard. Euclid’s Window: The Story of Geometry from Parallel Lines to Hyperspace, New York, 2001.[9]
[1] Es decir que fue discípulo del platonismo. Platón consideraba a la matemática como una mirada fija sobre el universo sensible para hacerlo más comprensible. El gran valor de las matemáticas consistía entonces en preparar la mente para la aprensión de las ideas puras.
[2] Aunque antes de él se habían producido otros “Elementos”, Euclides organizó y complementó la labor de sus predecesores, que ahora solo se conocen como referencia. “Como las letras del alfabeto pueden ser al lenguaje, así son los Elementos a la matemática”, escribió el neoplatonista Proclus, en el siglo V
[3] Tan valorado por la filosofía y el razonamiento científico. Los más grandes trabajos en la historia de la astronomía imitan los Elementos en su estructura: El Almagesto de Ptolomeo (150 de la era cristiana), De revolutionibus de Copérnico (1543) y los Principios de Newton (1686). No hay más grande ejemplo de la influencia de Euclides y sus Elementos, en la filosofía, que la Ética de Spinoza, quien reprodujo el método de las definiciones, los axiomas y las proposiciones.
[4] Si hemos de hacerle justicia, Euclides cumplió la valoración que Platón hizo de las matemáticas, legando a la humanidad un sistema comprensible de relaciones lógicas entre ideas y mundo físico, demostrando que la razón si puede hacer deducciones a partir de sencillos conceptos, como puntos, líneas y triángulos, alejándonos de lo sensible y acercándonos a lo perfecto, las ideas.
Pero también Euclides definió nuestro concepto de espacio hasta bien entrado el siglo XIX: “Una línea recta es dibujada entre dos puntos”, su primer postulado de los Elementos.
Vemos cómo Newton cosificó el Espacio euclideano en su física, inventando el espacio y el tiempo absolutos como referente para los fenómenos cósmicos.
[5] Donde especifica las condiciones para que hayan líneas paralelas y otras que intersecten, asumiéndolas Euclides como suposiciones que los matemáticos después de él intentaron probar sin éxito.
[6] Y Farkas Bolyai.
[7] Que además hicieron posible la teoría especial y general de la relatividad (1903, 1915)
[8] Diccionario de filosofía en CD-ROM. Copyright © 1996. Empresa Editorial Herder S.A., Barcelona. Todos los derechos reservados. ISBN 84-254-1991-3. Autores: Jordi Cortés Morató y Antoni Martínez Riu.
[9] MICHAEL A. KERZE (1987), Euclid, Encyclopedia of Religion, Second Edition, Lindsay Jones, Editor in Chief, 2005 Thomson Gale, a part of The Thomson Corporation.

12 de septiembre de 2008

CALVINISMO

El protestantismo, según la ideas luteranas de Calvino (1509-1564) -Jean Calvin[1]-, reformador protestante, nacido en Noyon, Francia, en el seno de una familia católica. Tras abrazar la fe protestante hacia 1534, marchó a Ginebra, donde pasó buena parte de su vida. Su obra fundamental, Institutio Religionis Christianae [Institución de la religión cristiana] publicada en 1536, pero revisada definitivamente en 1559, contiene las ideas fundamentales del calvinismo, nombre que impusieron los luteranos, no Calvino, que no parece haber tenido inicialmente la idea de fundar una religión y que, más tarde, se llamó «Iglesia presbiteriana»[2].

Mientras que el luteranismo se limitaba en gran medida a sectores de Alemania y Escandinavia, el calvinismo se propagó en Inglaterra, Escocia[3], Francia[4], los Países Bajos, en las colonias de habla inglesa en América del Norte, y partes de Alemania[5] y Europa central. Esta expansión se inició durante la vida de Calvino y se sintió alentado por él. En Ginebra se refugian religiosos perseguidos en otras latitudes, sobre todo de Francia durante los 1550s, como cuando el gobierno francés se volvió cada vez más intolerante, al igual que el de Inglaterra, Escocia, Italia, y en otras partes de Europa donde el calvinismo se había extendido. Calvin los acoge amablemente, y los envía, a muchos de ellos, formados como ministros, de vuelta a sus países de origen para difundir el Evangelio y, apoyados con cartas de aliento y consejos. Ginebra se convirtió así en el centro de un movimiento internacional y un modelo para iglesias en otros lugares. John Knox, el líder calvinista de Escocia, describe a Ginebra como "la más perfecta escuela de Cristo que nunca hubo en la tierra desde los tiempos de los Apóstoles."
Sea este el momento de aclarar que necesariamente las ideas de Calvino no construyeron el llamado calvinismo, puesto que la forma final de este protestantismo se matizó con ideas de discípulos de Calvino, como Ulrico Zwinglio , Heinrich Bullinger y Martin Bucer.

Es ilustrativa la evolución de esta naciente Iglesia de Ginebra, que alcanzó en 1619 su punto de madurez, en el Sínodo de Dort, en los países bajos, donde desarrollaron varios ítems sobre la predestinación. Luego, calvinistas más osados e inconformes con apartes de su maestro, adoptaron algunas ideas teológicas escolásticas. En el siglo XVII, la principal declaración teológica calvinista fue fue la Institutio Theologiae Elencticae (1688) de François Turretin, pastor principal de Ginebra. Aunque el título de su obra recuerda la obra maestra de Calvino, el trabajo en sí tenía poco parecido con los Institutio Religionis Christianae; no fue publicado en la lengua vernácula, y su estructura dialéctica siguió el modelo de la Summa Teológica de Thomas de Aquino. La importancia duradera de este cambio resalta por el hecho de que el trabajo de Turrein fue el libro de texto básico en teología en el Seminario Teológico de Princeton en Nueva Jersey, cuna de los más distinguidos intelectuales del calvinismo americano, hasta mediados del siglo XIX.

Algunas de sus ideas religiosas fundamentales, básicamente luteranas, inciden directa o indirectamente en cuestiones tradicionalmente filosóficas: así, que el hombre no es libre en el orden moral, dada la corrupción original de la naturaleza humana, y que la salvación del hombre se debe a la predestinación; ante ella, al hombre sólo le queda confiar en haber sido elegido ejerciendo una vida digna acorde con esta esperanza, puesto que también la libérrima elección divina ha de respetar la coherencia racional entre la salvación decretada y la vida ética del elegido.

Con el puritanismo calvinista y los valores éticos con que el hombre creyente debe impregnar su vida profesional, ha relacionado Max Weber la aparición y desarrollo del capitalismo moderno, en La ética protestante y el espíritu del capitalismo (1905). El calvinismo se extendió rápidamente por Suiza, Francia (los «hugonotes»), Holanda, Inglaterra, Escocia, Alemania, Estados Unidos y Canadá. En América es conocido como «iglesia presbiteriana» y en Europa como «iglesia reformada». El pietismo del s. XVIII coincide con muchos de sus planteamientos éticos y religiosos.

Lecturas adicionales:
John Calvin, Institutes of the Christian Religion, trans. by Ford Lewis Battles, 2 vol. (1960); and Francis Turretin, Institutes of Elenctic Theology, trans. by George M. Giger, ed. by James T. Dennison, 3 vol. (1997), are good translations of important works of Calvinist theology. William J. Bouwsma, John Calvin: A Sixteenth-Century Portrait (1988) is a useful introduction to the life and age of Calvin. See Robert V. Schnucker (ed.), Calviniana: Ideas and Influence of Jean Calvin (1988); and Menna Prestwich (ed.), International Calvinism, 1541–1715 (1985). For Calvinist political thought, see Quentin Skinner, “Calvinism and the Theory of Revolution,” in The Foundations of Modern Political Thought, vol. 2, The Age of Reformation (1978), pp. 189–358; and especially Harro Höpfl, The Christian Polity of John Calvin (1982).[6]
Ver también: Iglesia presbiteriana en Colombia, Iglesia Presbiteriana Girardot, Martín Lutero
[1] John Calvin
[2] Véase: Iglesias presbiterianas.
[3] En estos países anglosajones el calvinismo pasó a ser como la encarnación del puritanismo inglés.
[4] Siendo allí esta doctrina altamente atractiva para las clases altas urbanas y la nobleza.
[5] Hallando prosélitos entre burgueses y príncipes.
[6] Bibliografía consultada:
Diccionario de filosofía en CD-ROM.© 1996. Empresa Editorial Herder S.A., Barcelona. Todos los derechos reservados. ISBN 84-254-1991-3. Autores: Jordi Cortés Morató y Antoni Martínez Riu.
Calvinism. (2008). Encyclopædia Britannica. Ultimate Reference Suite. Chicago: Encyclopædia Britannica.

7 de septiembre de 2008

ESQUIZOFRENIA que es, definicion, concepto,significado,sintomas,tratamiento

Esquizofrenia que es, significado, alcance, definición, salud mental, psicosis, cobertura, vulnerabilidad, etiología, síntomas, tratamiento, fármacos.

Dentro de mis lecturas de historia encuentro que Juana I de Castilla, la hija de Isabel la católica y Fernando de Aragón, era llamada Juana la loca. Al parecer Juana padecía Esquizofrenia. Bueno, y la esquizofrenia, ¿eso qué es?
La esquizofrenia es un trastorno mental corriente y grave caracterizado por la pérdida de contacto con la realidad (psicosis)[1], presencia de alucinaciones (percepciones falsas), ideas delirantes (concepciones erróneas), pensamiento anormal, aplanamiento afectivo (restricción de la gama de emociones), abulia y deterioro de la actividad social y laboral del individuo.
Para complementar dicho concepto veamos lo que dice la OMS sobre lo que es la esquizofrenia: Es un “grupo de psicosis en las que se presenta una deformación fundamental de la personalidad, una distorsión característica del pensamiento, una sensación de ser dominado por fuerzas extrañas, delirios que pueden ser extravagantes, percepción perturbada, anormalidades en el afecto que no se ajusta a la situación real y autismo. Sin embargo, se mantienen usualmente una conciencia clara y una capacidad intelectual intacta...”.
Al parecer la cobertura de la esquizofrenia es del orden del 1% de la población, sin distingo de clases sociales, aunque parece incidir más en las clases socioeconómicas más bajas de áreas urbanas, quizá porque sus efectos discapacitantes conducen al desempleo y la pobreza. Por otro lado, la mayor prevalencia entre personas solteras puede ser reflejo del efecto de la enfermedad o sus precursores sobre la actividad social. La prevalencia es similar para hombres y mujeres. La edad álgida de comienzo se sitúa entre los 18 y los 25 años en hombres y los 26 a 45 en las mujeres. Sin embargo, no es infrecuente el inicio de la enfermedad durante la infancia, principios de la adolescencia o últimas fases de la vida.
Se ignora la causa específica de la esquizofrenia, aunque se sabe que tiene una base biológica. La explicación más ampliamente aceptada es el modelo de vulnerabilidad ante el estrés, según el cual la esquizofrenia acontece en personas con una susceptibilidad de base neurológica[2].
El inicio, la remisión y la recurrencia de esta enfermedad han sido considerados como productos de la interacción entre esta vulnerabilidad y factores estresantes ambientales.
La vulnerabilidad a la esquizofrenia puede incluir una predisposición genética, complicaciones intrauterinas, en el momento del nacimiento o posnatales, o bien infecciones virales del SNC. La exposición materna a situaciones de hambruna, influenza durante el segundo trimestre del embarazo e incompatibilidad Rh en un embarazo posterior se asocian a aumento del riesgo de esquizofrenia en los hijos.
Se han propuesto muchos indicadores de vulnerabilidad, clínicos y experimentales, pero ninguno de ellos se da siempre en todos los casos. Posibles indicadores de vulnerabilidad serían un déficit psicofisiológico para el procesamiento de la información y para la atención, junto con inhibición sensorial. 

En términos psicológicos y de comportamiento, la vulnerabilidad puede reflejarse por alteración de la competitividad a nivel social, desorganización cognitiva o distorsiones perceptivas, disminución de la capacidad de experimentar placer y otras deficiencias en los mecanismos generales de adaptación. Estos rasgos, sobre todo si son acusados, pueden deteriorar la actividad social, académica y laboral de personas vulnerables antes de que se inicien los síntomas de esquizofrenia en sí mismos. Estos factores discapacitantes a menudo limitan la recuperación funcional una vez que el trastorno ya se ha declarado.
La mayoría de las personas con esquizofrenia carecen de antecedentes familiares, pero sin embargo se han invocado los factores genéticos en su etiología. Los individuos con algún pariente en primer grado afectado de esquizofrenia tienen aproximadamente un 15% de riesgo de padecer la enfermedad, en comparación con el 1% de riesgo en la población general. En gemelos monocigóticos, si uno de ellos es esquizofrénico el otro tiene más del 50% de probabilidades de enfermar. Ciertas pruebas neurológicas y neuropsiquiátricas a menudo indican que entre pacientes con esquizofrenia se da más frecuentemente que en la población general la presencia de anormalidades en el seguimiento ocular, peores resultados en los tests cognitivos y de atención y deficiencia en la transmisión de estímulos sensoriales. Estos indicadores psicofisiológicos también pueden darse en familiares en primer grado de personas con esquizofrenia y tal vez indiquen vulnerabilidad antes del comienzo franco de la enfermedad.
Son diversos los factores de estrés ambiental que pueden desencadenar la aparición o recidiva de los síntomas en personas susceptibles. Como ejemplos, cabe citar acontecimientos vitales estresantes como el final de una relación o dejar el hogar para ir al servicio militar, incorporarse a un nuevo empleo o universidad, así como factores de estrés biológicos como el consumo abusivo de sustancias. Las tensiones en las relaciones familiares pueden ser tanto causa como consecuencia de frecuentes exacerbaciones de la enfermedad.
Los síntomas de la esquizofrenia son variables en tipo y gravedad[3]. Por lo general se agrupan en dos categorías: positivos y negativos (por déficit). Los síntomas positivos se caracterizan por exceso o distorsión de las funciones normales; los síntomas negativos, por la disminución o pérdida de aquéllas. Los pacientes pueden presentar síntomas de un tipo o de ambos.

Los síntomas positivos se dividen a su vez en 1) delirios y alucinaciones y 2) pensamiento desorganizado y comportamiento extraño. Los delirios y las alucinaciones a veces se consideran como los elementos psicóticos de la esquizofrenia. El delirio consiste en una creencia errónea por una mala interpretación de la realidad. En el de tipo persecutorio, el paciente cree que le siguen, le acosan, conspiran en su contra o le espían. El delirio de referencia lleva a pensar a la persona que ciertos pasajes de libros, periódicos, letras de canciones u otros mensajes del entorno están dirigidos específicamente a ella. Puede haber también ideas delirantes de robo o de imposición del pensamiento: el individuo cree que los demás pueden leer su mente, que sus pensamientos están siendo transmitidos a otras personas o que fuerzas ajenas a él están imponiéndose pensamientos e impulsos. Puede haber alucinaciones de cualquier modalidad sensorial (auditivas, olfatorias, gustatorias o táctiles), aunque las auditivas son con mucho las más frecuentes y características de la esquizofrenia. El paciente oye voces que hacen comentarios sobre su comportamiento, conversan unas con otras o emiten críticas y juicios severos sobre él mismo.

Los trastornos del pensamiento y el comportamiento extraño constituyen el grupo de síntomas positivos de desorganización. La desorganización del pensamiento se manifiesta fundamentalmente por un habla inconexa, con saltos de un tema a otro y sin objetivo aparente. El grado de desorganización del lenguaje puede ir desde lo leve hasta lo incoherente e incomprensible. El comportamiento extraño comprende desde las tonterías infantiloides hasta la agitación, pasando por la falta de higiene y una conducta inadecuada al contexto. Una forma extrema es el comportamiento motor catatónico, con rigidez postural, resistencia a los intentos de ser movido o actividad motora excesiva sin propósito ni estímulo provocador.

Los síntomas negativos (por déficit) consisten en aplanamiento afectivo, alogia (pobreza del habla), anhedonia y ausencia de sociabilidad. El aplanamiento afectivo se caracteriza por la inmovilidad y la falta de respuesta en la expresión facial del sujeto, el contacto visual pobre y la reducción del lenguaje corporal. La alogia o pobreza del habla se manifiesta por réplicas breves, lacónicas y que producen la sensación de vacío interior. La anhedonia (disminución de la capacidad para experimentar placer) se puede manifestar por una falta de interés por las cosas y por consumir un tiempo considerable en actividades carentes de propósito. La ausencia de sociabilidad se refiere a la falta de interés por las relaciones interpersonales. Los síntomas negativos con frecuencia se asocian a una pérdida general de motivación y una disminución del sentimiento de tener objetivos.
En algunos pacientes con esquizofrenia se presenta una reducción de la capacidad cognitiva, con alteración de la atención, del pensamiento abstracto y de la capacidad para resolver problemas. La gravedad de la afectación cognitiva es uno de los principales factores causantes de la incapacidad global de estos enfermos.
Los síntomas de la esquizofrenia típicamente acaban por producir un deterioro funcional en todas las actividades del individuo, interfiriendo notablemente en el trabajo, las relaciones sociales y el cuidado de uno mismo. Como consecuencia, es habitual que surjan situaciones de pérdida de empleo, aislamiento social, relaciones familiares deterioradas y disminución de la calidad de vida.

Algunos investigadores consideran la esquizofrenia como un trastorno único; otros, por el contrario, creen que se trata de un síndrome que incluye numerosos cuadros nosológicos. La clasificación clásica de los pacientes con esquizofrenia en grupos uniformes es: tipo paranoide, tipo desorganizado (hebefrenia)[4], tipo catatónico y tipo indiferenciado. La esquizofrenia paranoide se caracteriza por la presencia de ideas delirantes o alucinaciones auditivas, con conservación relativa de la capacidad cognoscitiva, la afectividad y el lenguaje[5]. La esquizofrenia desorganizada se caracteriza por lenguaje y comportamientos desorganizados y afectividad aplanada o inapropiada. En la esquizofrenia catatónica predominan los síntomas físicos, que pueden incluir inmovilidad, actividad motora excesiva y adopción de posturas extrañas[6]. En la esquizofrenia indiferenciada se observa una mezcla de síntomas. Entre todos estos tipos, los pacientes esquizofrénicos de tipo paranoide están menos discapacitados y suelen responder mejor al tratamiento.

La esquizofrenia también puede clasificarse basándose en la presencia e intensidad de síntomas negativos, tales como aplanamiento afectivo, falta de motivación y menor sentimiento de tener objetivos y sentido. Los pacientes pertenecientes al denominado subtipo de déficit tienen síntomas negativos prominentes, no atribuibles a otros factores, como depresión, ansiedad, entorno hipoestimulante y efectos secundarios de los fármacos. Este tipo de pacientes suelen estar más deteriorados, tienen peor pronóstico y son más resistentes al tratamiento que los del subtipo no deficitario, que pueden presentar delirio, alucinaciones y trastornos del pensamiento, pero están relativamente libres de síntomas negativos.
En una misma persona puede haber cambios de un tipo a otro con el paso del tiempo, generalmente de la forma paranoide a la desorganizada o indiferenciada, o del tipo no deficitario al que muestra déficit.

Se supone que La esquizofrenia se vincula a un 10% de riesgo de suicidio; de hecho, éste representa la principal causa de muerte de las personas con esquizofrenia y, en cualquier caso, la enfermedad reduce la expectativa de vida en 10 años por término medio.
La esquizofrenia supone un factor de riesgo relativamente modesto de comportamiento violento, en un grado mucho menor que el atribuible al consumo abusivo de sustancias. Las amenazas y los leves estallidos de agresividad son mucho más frecuentes que una conducta realmente peligrosa, que sí puede darse cuando el paciente obedece las instrucciones de sus alucinaciones auditivas o se defiende del ataque de un perseguidor imaginario. En muy raras ocasiones una persona gravemente deprimida, aislada y paranoide, puede atacar o incluso asesinar a alguien a quien percibe como el origen de sus conflictos (p. ej., una figura de autoridad, una persona famosa, su propia esposa).
Durante un período de 1 año, el pronóstico está íntimamente ligado al cumplimiento del tratamiento con psicofármacos; para períodos de tiempo más largos, el pronóstico es variable. En conjunto, 1/3 de los pacientes mejoran de forma notable y duradera; otro tercio mejora algo, con recaídas intermitentes y deterioro residual; por último, 1/3 sufre una grave incapacitación permanente. Son factores de buen pronóstico los siguientes: existencia de una capacidad funcional aceptable antes de la enfermedad, comienzo tardío y/o repentino, antecedentes familiares de trastornos del estado de ánimo en lugar de esquizofrenia, alteración cognitiva mínima y tipo de esquizofrenia paranoide o no deficitaria. Por el contrario, apuntan a un mal pronóstico: la edad de comienzo temprana, la pobreza funcional previa a la enfermedad, la historia familiar de esquizofrenia y el diagnóstico de tipo desorganizado o deficitario con muchos síntomas negativos. Los hombres tienen peor pronóstico que las mujeres; éstas responden mejor al tratamiento con fármacos antipsicóticos.
Tratamiento
Los síntomas de esquizofrenia suelen aparecer, por término medio, de 12 a 24 meses antes de que el paciente llegue a la consulta médica. El período de tiempo entre el comienzo de los síntomas psicóticos y el primer tratamiento, es decir, la duración de la psicosis no tratada, tiene relación con la rapidez y calidad de la respuesta y la gravedad de los síntomas negativos. Cuando el tratamiento se inicia precozmente los pacientes tienden a responder mejor y más deprisa. Sin medicación antipsicótica profiláctica, del 70 al 80% de los pacientes que han tenido un episodio de esquizofrenia vuelven a sufrir una recaída en los 12 meses siguientes. La medicación antipsicótica profiláctica continuada puede reducir las recidivas a un índice del 30% aproximadamente.
Los objetivos generales del tratamiento son reducir la gravedad de los síntomas psicóticos, prevenir las recidivas de episodios sintomáticos y el consiguiente deterioro funcional y ayudar al paciente a alcanzar un grado óptimo de actividad dentro de lo posible. Los principales elementos del tratamiento son los fármacos antipsicóticos, la rehabilitación mediante servicios de apoyo comunitarios y la psicoterapia.

Medicamentos antipsicóticos. Entre los fármacos antipsicóticos convencionales (neurolépticos) se encuentran la clorpromazina, la flufenazina, el haloperidol, la loxapina, la mesoridazina, la molindona, la perfenazina, la pimozida, la tioridazina, el tiotixeno y la trifluoperazina. Estos medicamentos se caracterizan por su afinidad por los receptores dopaminérgicos 2; se clasifican como de potencia alta, intermedia y baja. La forma de presentación varía según los diversos fármacos: tabletas, líquido y preparados para administración i.m. de acción corta o prolongada. La elección de uno u otro medicamento se basa en los efectos secundarios, la vía de administración requerida y la respuesta previa del paciente a ese medicamento.
Hay dos medicamentos antipsicóticos convencionales disponibles como preparados depot de acción prolongada, especialmente útiles para evitar el incumplimiento de la pauta de tratamiento, causa frecuente de exacerbación de síntomas y de falta de respuesta a la farmacoterapia; dichos medicamentos también ayudan en el caso de pacientes que no pueden tomar la medicación diaria por vía oral.
Los medicamentos antipsicóticos convencionales provocan efectos secundarios como sedación, distonía y rigidez muscular, temblor, elevación del nivel de prolactina y aumento de peso. La acatisia (inquietud motora) es un efecto secundario especialmente desagradable, que suele hacer que el paciente hospitalario rechace el tratamiento o no lo siga. Estos fármacos también pueden provocar discinesia tardía, un trastorno del movimiento consistente en fruncir involuntariamente los labios y mover la lengua y/o temblores de los brazos y las piernas. La incidencia de la discinesia tardía es del 5% aproximadamente por cada año de exposición al medicamento en pacientes que consumen fármacos antipsicóticos convencionales. En cerca del 2% de los casos, la discinesia desfigura de forma notable. Debido a este efecto secundario hay que evaluar cada 6 meses a los pacientes que llevan tratamiento de mantenimiento de larga duración; para ello puede utilizarse la Escala de movimientos involuntarios anormales. El síndrome neuroléptico maligno, efecto secundario infrecuente pero potencialmente fatal, se caracteriza por la presencia de rigidez, fiebre, inestabilidad autonómica y elevación de la creatinín-fosfocinasa.
Cerca del 30% de los pacientes con esquizofrenia no responden a los fármacos antipsicóticos convencionales (tratamiento refractario), pero puede que sí lo hagan a otros antipsicóticos atípicos. Estos últimos medicamentos tienen las siguientes propiedades: alivian los síntomas positivos, mejoran los negativos en mayor grado que los antipsicóticos convencionales, pueden mejorar los déficits cognitivos, son más eficaces para la esquizofrenia refractaria, es menos probable que causen efectos secundarios extrapiramidales (motores), tienen menos riesgo de discinesia tardía y no producen elevación de la prolactina o es muy pequeña.
Los fármacos antipsicóticos atípicos pueden tener afinidad selectiva por áreas cerebrales responsables de los síntomas de esquizofrenia y menor afinidad por otras áreas asociadas a síntomas motores y a elevación de la prolactina. Actúan sobre otros sistemas de neurotransmisores, incluido el de la serotonina, o tienen afinidad selectiva por tipos específicos de receptores de dopamina.
La clozapina, el primer fármaco antipsicótico atípico comercializado en Estados Unidos, es eficaz en el 50% de los pacientes resistentes a los medicamentos convencionales. La clozapina reduce los síntomas negativos, produce pocos efectos secundarios o ninguno y no provoca discinesia tardía, aunque puede tener otros efectos, como sedación, hipotensión, taquicardia, aumento de peso y aumento de la salivación. También puede producir convulsiones en función de la dosis. Su efecto secundario más grave es la agranulocitosis, que puede darse en cerca del 1% de los pacientes. En consecuencia, hay que hacer frecuentes recuentos de glóbulos blancos en sangre. La clozapina suele reservarse para pacientes que han respondido mal a otros medicamentos.
Los fármacos antipsicóticos atípicos más recientes ya comercializados o que pronto lo estarán son: risperidona, olanzapina, quetiapina, sertindole y ziprasidona. En la mayoría de los pacientes esquizofrénicos estos fármacos son más eficaces y tienen menos efectos secundarios que los antipsicóticos convencionales. Proporcionan muchos de los beneficios de la clozapina sin el riesgo de agranulocitosis, y generalmente son preferibles a los antipsicóticos convencionales para tratar episodios agudos y para prevenir las recidivas. Los antipsicóticos más recientes tienen una eficacia similar entre ellos, pero se diferencian en los efectos secundarios, de forma que la elección de uno u otro se basa en la respuesta del paciente y la vulnerabilidad a los efectos secundarios específicos. Para evaluar la eficacia suele hacer falta una prueba de 4 a 8 sem. Para el tratamiento de mantenimiento se utiliza la menor dosis útil para prevenir los síntomas.

Servicios de rehabilitación y apoyo comunitarios. Los programas de rehabilitación profesional y de entrenamiento en habilidades sociales ayudan a muchos pacientes a desarrollar su trabajo, hacer compras, cuidar de sí mismos, llevar una casa, reunirse con otras personas y trabajar en colaboración con los profesionales de la salud. Puede ser especialmente útil la promoción de empleo, consistente en proporcionar al paciente un puesto de trabajo en un entorno competitivo con un supervisor laboral, que contribuya a la adaptación al trabajo y sea un intermediario en la comunicación con los demás empleados, además de ayudar a resolver los problemas.
Los servicios de apoyo capacitan a muchos pacientes con esquizofrenia para integrarse en la comunidad. Algunos pacientes pueden necesitar vivir en pisos tutelados, donde una persona cualificada se encarga de asegurar el cumplimiento del tratamiento farmacológico. Los programas están organizados en diversos niveles de supervisión y en encuadres de alojamiento diferentes, desde el apoyo las 24 h del día hasta las visitas periódicas al domicilio. Así se promueve la autonomía de los pacientes a la vez que se les brinda la asistencia suficiente para reducir al mínimo las probabilidades de recaída y la necesidad de hospitalización. Los programas comunitarios más enérgicos proporcionan servicios en el hogar del paciente u otro domicilio y se basan en una proporción personal/paciente muy elevada, de forma que el equipo terapéutico aporta todo o casi todo lo necesario para el tratamiento.
La hospitalización o la asistencia en crisis en un hospital alternativo pueden ser necesarias durante las recaídas graves, mientras que el ingreso involuntario puede hacer falta cuando el paciente es peligroso para sí mismo o para los demás. A pesar de la bondad de los servicios de rehabilitación y de apoyo comunitario, un pequeño porcentaje de pacientes requiere asistencia en régimen cerrado por largo tiempo u otras medidas de apoyo, sobre todo los que presentan graves déficit cognitivos y los resistentes a la farmacoterapia.
Psicoterapia
El objetivo de la psicoterapia es establecer una relación de colaboración entre paciente, familia y médico, que enseñe al paciente a comprender y manejar su enfermedad, administrarse los medicamentos prescritos y afrontar el estrés de forma más eficaz.
La calidad de la relación médico-paciente a menudo es un determinante mayor de los resultados del tratamiento. Una forma de abordaje corriente es la combinación de farmacoterapia y psicoterapia, pero existen pocas líneas maestras empíricas al respecto. La psicoterapia más eficaz probablemente sea la orientada a cubrir las necesidades básicas de tipo social del paciente, dar apoyo y educar respecto a la naturaleza de la enfermedad, así como promover actividades adaptativas, todo ello basado en la empatía y la comprensión dinámica de la esquizofrenia. Muchos pacientes necesitan apoyo psicológico empático para adaptarse a lo que a menudo es una enfermedad de por vida, que puede limitar sustancialmente la operatividad personal. En primer lugar es necesario hacer un diseño del tratamiento, enfocado a asegurar el acceso del paciente a las prestaciones necesarias, los equipos de tratamiento oportunos y un alojamiento seguro y asequible, condiciones éstas imprescindibles para abordar otros objetivos terapéuticos. En el caso de pacientes que viven con su familia, la intervención psicoeducativa puede reducir el índice de recaídas. Ciertos grupos de apoyo y sociedades para la defensa del enfermo proporcionan a las familias la información pertinente para cuidar y apoyar al pariente enfermo, a la vez que actúan como sistemas de lucha legal. [7]
[1] Las psicosis constituyen un trastorno cualitativo de la personalidad, global y por lo general grave, cuya aparición implica, a menudo, una “ruptura” en la continuidad biográfica del paciente. Sin embargo, el concepto de psicosis no responde a una realidad homogénea. Con frecuencia se define por oposición al concepto de neurosis. En tal caso, lo más coherente sería considerar que el enfermo psicótico no tiene conciencia de su enfermedad y/o no efectúa una crítica de ella, en tanto que el neurótico reconoce sus síntomas.
[2] Algunos investigadores tratan de establecer una relación directa (ambiental por decirlo así) entre los progenitores y el estado psicótico del paciente, que ha fracasado en su organización del Yo; presencia de la llamada madre “esquizofrenógena” frente a un padre dependiente y pasivo, etc.
[3] Puede ser muy compleja además. Una posibilidad de evaluación podría centrárse en los llamados síntomas primarios (BLEULER), supuestamente condicionados por el proceso orgánico, entre los que destacan el autismo, la ambivalencia, los trastornos de la afectividad, los trastornos de la asociación en la esfera del pensamiento o en la volitiva, la pasividad, etc., y los síntomas secundarios, que forman parte de la supraestructura psicógena y entre los que figuran, según el autor citado, las ilusiones, las alucinaciones, los delirios y los síntomas catatónicos. No menos valor tienen los síntomas de primer rango (SCHNEIDER), cuya presencia permite, según dicho autor, diagnosticar una esquizofrenia: 1. Difusión del pensamiento: los pensamientos escapan de la cabeza del paciente. Eco y robo del pensamiento. 2. Experiencias de alienación: el paciente tiene la experiencia de que sus deseos y pensamientos no son suyos. 3. Experiencias de influencia: el paciente experimenta que sus deseos y pensamientos le son impuestos. 4. Alucinaciones auditivas: alucinaciones que aparecen con completa claridad de conciencia, son complejas y se exteriorizan. 5. Percepciones delirantes: percepciones normales a las que el paciente atribuye un carácter especial.
[4] Hebefrénica. Suele iniciarse en la adolescencia y en adultos jóvenes, con síntomas de astenia, desinterés general, insomnio y fatigabilidad, a los que acompañan rarezas y extravagancias, refugio en un mundo fantástico, disgregación progresiva y curso frecuente hacia un deterioro final.
[5] Forma más tardía, propia de adultos, en la que predominan los trastornos del pensamiento (ideas delirantes de persecución, de perjuicio, de celos, etc.) y los trastornos sensoperceptivos (alucinaciones verbales).
[6] Forma con predominio de sintomatología psicomotriz con actitudes de negativismo, mutismo, conductas impulsivas, estereotipadas, repetitivas, amaneramientos, catalepsia o flexibilidad cérea en algunos casos, crisis de intensa agitación psicomotriz, estupor, etc.
[7] Tomado de la DÉCIMA EDICIÓN ESPAÑOLA EL MANUAL MERCK DE DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO, Harcourt Madrid, 1999. Complementado con apuntes de: Farreras Rozman. Medicina Interna. Edición en Cd-Rom decimotercera edición, 1996, Ediciones Doyma SA y Mosby-Doyma Libros SA.

1 de septiembre de 2008

Biosfera

La biosfera es la parte de la Tierra en la que habitan los organismos vivos[1]. Es una película delgada sobre la superficie del planeta, de irregular grosor y densidad[2]. La biosfera está afectada por la posición y movimientos de la Tierra en relación con el Sol y por los movimientos del aire y del agua sobre la superficie de la Tierra[3]. Estos factores provocan grandes diferencias de temperatura y precipitaciones de un lugar a otro y de una estación a otra. También hay diferencias en las superficies de los continentes, tanto en composición como en altitud. Estas diferencias se reflejan en diferencias en los tipos vegetales y animales que se encuentran en las distintas partes de la biosfera[4].
La biosfera se extiende aproximadamente entre 8 y 10 km por encima del nivel del mar y unos pocos metros por debajo del nivel del suelo, hasta donde pueden penetrar las raíces y encontrarse los microorganismos.

Según la llamada hipótesis Gaia, la vida se puede interpretar como un único sistema autorregulado que mantiene la temperatura, la composición de la superficie de la Tierra y de la atmósfera a través de mecanismos de retroalimentación. La aparición de la vida permitió el desarrollo y la evolución de condiciones adecuadas para sí misma sobre la Tierra. Es un fenómeno automantenible a escala planetaria, es decir, tanto en el tiempo como en el espacio. Una vez establecida firmemente en un planeta, se extiende por toda su superficie y solamente desaparecerá cuando el planeta sufra un cambio cósmico trascendental o cuando se acabe la fuente original de energía.[5]

Podemos añadir que son los factores abióticos (no vivos) la porción de la biosfera que incluye el flujo de energía y nutrientes, agua y gases, marcando la composición de sustancias orgánicas e inorgánicas en el ambiente.
A su vez, de los factores bióticos podemos decir además que incluye tres categorías de organismos[6]: los productores primarios, en gran parte las plantas verdes; los consumidores, que incluyen a todos los animales, y los descomponedores, que incluyen los microorganismos que disgregan los restos de plantas y animales en componentes más simples para su reciclaje en la biosfera.
Los ecosistemas acuáticos son los relacionados con los ambientes marinos y de agua dulce en la tierra. Los ecosistemas terrestres son los que se basan en los principales tipos de vegetación, como bosques, pastizales, desierto, y la tundra. Determinados tipos de animales se asocian con cada una de esas plantas dependiendo del entorno.
Los ecosistemas se subdividen en pequeñas unidades llamadas comunidades bióticos. Ejemplos de las comunidades incluyen los organismos en un pinar, en un arrecife de coral, y en una cueva, un valle, un lago, o un arroyo. La principal consideración en la comunidad biótica es el componente vivo, los organismos; los factores abióticos del medio ambiente se excluyen.Una comunidad es una colección de poblaciones de especies. En un bosque, puede haber muchas especies de insectos, de aves, de mamíferos, cada una se reproduce, pero dependen de los demás para la continuación de su existencia. Una especie, por otra parte, se compone de individuos, unidades funcionales simples identificables como organismos. Más allá de este nivel, los componentes de la biosfera son los del organismo: sistema orgánico compuesto de órganos, los órganos de tejidos, los tejidos de células, las células de moléculas, y las moléculas de elementos atómicos de los elementos y de energía.[7]
[1] Pudiera ser entonces un ecosistema mundial, compuesto por los organismos vivos (bióticos) y los factores abióticos (no vivos) de los que derivan la energía y los nutrientes.
[2] Antes de la llegada de la vida, la Tierra era un lugar sombrío, un planeta rocoso con mares y una fina banda de gases-principalmente dióxido de carbono, monóxido de carbono, nitrógeno molecular, sulfuro de hidrógeno y vapor de agua. Se trataba de un hostil y estéril planeta. Este estrictamente inorgánico estado de la Tierra se llama la geosfera, que consiste en la litosfera (la roca y suelo), la hidrosfera (el agua), y la atmósfera (el aire). La energía del Sol bombardeaba incesantemente la superficie de la Tierra primitiva, y en el tiempo-millones de años- las acciones químicas y físicas producen la primera evidencia de vida: una forma gelatinosa, que podría recoger la energía del medio ambiente y producir más de su propia especie (Ver origen de la vida).
[3] La biosfera es un sistema caracterizado por el continuo ciclo de la materia y el acompañante flujo de la energía solar en el que algunas grandes moléculas y células se auto-reproducen. El agua es un importante factor de predisposición, pues toda la vida depende de ello. Los elementos carbono, hidrógeno, nitrógeno, oxígeno, fósforo y azufre, cuando se combinan como proteínas, lípidos, carbohidratos y ácidos nucleicos, ofrecen las bases, el combustible, y la dirección para la creación de la vida. Es necesario el flujo de energía para mantener la estructura de los organismos, la formación y la división de las cadenas de fosfato.
[4] Toda la vida en la Tierra depende, en última instancia de las plantas verdes, así como del agua. Las plantas utilizan la luz solar en un proceso llamado fotosíntesis para producir los alimentos que los animales comerán y de proporcionar, como un subproducto, oxígeno, que requieren la mayoría de los animales para la respiración. En un primer momento, los océanos y la tierra estaban llenas de un gran número de unos pocos tipos simples organismos unicelulares, pero lentamente las plantas y los animales de creciente complejidad fueron evolucionando. Desarrollaron interrelaciones a fin de que ciertas plantas crecieran en asociación con otras plantas y animales asociados a las plantas y unos con otros para formar comunidades de organismos, incluidos los bosques, praderas, desiertos, dunas, pantanos, ríos y lagos. Las comunidades vivas y su medio ambiente abiótico, están inseparablemente relacionados entre sí y en constante interacción entre sí. Por practicidad, cualquier segmento del paisaje que incluya los componentes bióticos y abióticos, se llama un ecosistema. Un lago es un ecosistema cuando se considera en su totalidad no es sólo agua, sino también los nutrientes, el clima y todos los de la vida contenida en él. Un determinado bosque, pradera, o río es también un ecosistema. La transición de un ecosistema a otro a lo largo de las zonas se denomina ecotono, donde se produce una mezcla de especies vegetales y animales de los dos ecosistemas. Un bosque considerado como un ecosistema no es simplemente un grupo de árboles, pero es un complejo de suelo, aire y agua, del clima y minerales, de bacterias, virus, hongos, pastos, hierbas y árboles, de insectos, reptiles, anfibios, aves y mamíferos.
[5] Tomado de CURTIS HELENA & BARNES N. SUE. BIOLOGIA. 6ª EDICION ESPAÑOLA. Editorial Médica Panamericana.
[6] Clasificación basada en los métodos de adquisición de energía.
[7] Biosphere. (2008). Encyclopædia Britannica. Ultimate Reference Suite. Chicago: Encyclopædia Britannica.
Ver también: producción de Co2