30 de noviembre de 2008

Los restos del Che

En los restos del Che, daré cuenta breve de las pasiones suscitadas por el cuerpo del difunto ché entre las masas.
Al fallecer, su cuerpo fue llevado al lavadero del hospital de Nuestro Señor de Malta y exhibido durante dos días (las gracias del formaldehído). Las monjas que estuvieron al tanto de dicho cuerpo hablaban del parecido del Che con Jesucristo (la gente ve lo que quiere ver); los asistentes recortaban mechones del cabello del líder inmolado para emplearlos como talismanes.
Pensaban hacer desaparecer el cuerpo, dicen. Por esta razón le amputaron las manos, para probar su fallecimiento. La orden inicial era cremarlo, pero esto no se llevó a cabo; lo que sí hicieron fue arrojarlo a una fosa común junto a otros guerrilleros. Solo hasta 1997, sus restos fueron rescatados por un grupo de científicos cubanos; el 12 de julio de ese mismo mes fueron trasladados y sepultados en el memorial Ernesto Guevara, en Santa Clara.
Ver también: Che Guevara, poesia , Poema para el Che Guevara

Los bancos

Los bancos son uno de los progenitores del dinero, junto con las casas de moneda y las secretarías del tesoro o los ministerios de finanzas. Son por supuesto mucho más antiguas las casas de moneda y luego los bancos. Durante el imperio romano se conocían bancos incipientes; durante la Edad media, menguaron como el conocimiento y la actividad científica, posiblemente debido al conflicto con la objeción religiosa a la usura.
Cuando llegó el renacimiento la banca revivió de mano del comercio floreciente, principalmente de mano de los italianos (aunque eso no implica ninguna continuidad de los bancos romanos y los ulteriores italianos del renacimiento), destacando por ejemplo la familia de Los Médicis, familia descollante en esta actividad, gracias a que oficiaban como agentes fiscales de la Santa Sede. Fueron las casas bancarias de Venecia y Génova las precursoras de los bancos hoy en día. «Cuando el negocio de los préstamos se desarrolló en Londres no fue sino natural que la calle donde se estableció la primera empresa de este tipo llevara el nombre de Lombardos.»
¿Y cómo crean dinero los bancos? Desde sus orígenes la lógica ha sido la misma. Un cliente deposita fondos que serán transferidos a otro dueño para liquidación de cuentas. Pues bien, sobre ese depósito se le puede prestar una cantidad semejante a otro cliente solicitante, diferente al acreedor del depositante original. Este crédito le genera al banco intereses que es la esencia de su existencia. Ambos fondos, el depósito inicial del cliente 1 y los intereses generados por el crédito del cliente 2 podrían emplearse para hacer pagos, lo que es lo mismo que decir, como dinero.
Llegados los billetes a este fluir de fondos, algo muy aprovechado en la República Norteamericana, pues se le daba al depositario no un depósito sino un billete redimible en la moneda firme que había sido depositado en el banco como capital o como depósito sedentario. Con dicho billete el prestatario efectuaba sus pagos, el receptor de dichos pagos a su vez podía redimir el billete en moneda dura o emplearlo a su vez en sus propios pagos. Y el banco seguía recibiendo intereses sobre el préstamo original. Luego sobre un único depósito se prestaba dinero en cadena sin que aumentasen la existencia de bienes, luego los precios subían y el dinero valdría cada vez menos (inflación)[1]. Si hubiera menos dinero para comprar cosas, los precios disminuirían, pero esa disminución sería rápida y ruinosa para aquellos que tuvieran bienes que vender o deudas que pagar (depresión).[2]
[1] Pero el milagro de la creación de dinero por parte de los bancos, estimulaba la industria y el comercio, además de brindar una cálida sensación de bienestar.
[2] Bibliografia consultada:
Bibliografia consultada: Galbrait John Kenneth. El Dinero, de donde viene y adonde va. Editorial Diana Colombiana Ltda, Bogotá, 1983, páginas 28-32

29 de noviembre de 2008

Primer periodo absolutista

Fernando VII olvidó en seguida sus tímidas promesas reformistas. Mientras se organizaba una feroz represión contra instituciones y personas comprometidas con el constitucionalismo o con los franceses, el gobierno restauró el sistema social y político vigente en 1808. Ni siquiera Francia había realizado unos planteamientos revolucionarios tan profundos como España, y ello justificó que toda la Europa de la Restauración alentara a Fernando VII en su brutal política represiva. Se estableció el sistema estamental, gremial y señorial; se devolvió a la iglesia sus propiedades; se resucitó la inquisición aunque no el tormento; etc. Afrancesados y liberales tuvieron que recurrir al destierro, a la clandestinidad y a las sectas secretas y masónicas, para salvar sus vidas.
El desgobierno de este primer periodo absolutista se reflejó en la pérdida de la mayor parte del imperio americano. España se recuperó lentamente de los desastres de la guerra a pesar de la administración inestable, corrupta e incompetente. La camarilla real (el duque de Alagón, Juan Escoiquiz, Antonio de Ugarte-que tramitó la compra de una flota rusa inservible-, chamorro, etc) mediatizó continuamente la acción del gobierno a través de Fernando VII, preocupado únicamente de que nadie le hiciera sombra. La inestabilidad gubernamental fue una de las características de este periodo, y solo el ministro Macanaz propuso a Fernando VII la convocatoria de Cortes, osadía que le valió ser encarcelado en La Coruña. Se cursaron las órdenes más insensatas y descabelladas, inspiradas con frecuencia en el ultramontanismo de los clérigos, y se practicó el culto a la personalidad del rey sin ningún recato y a pesar de que este imitaba los modos imperiales de Napoleón. Sólo el ejército podía cambiar la situación. El ejército había sido muy poco depurado, aunque su oficialidad procedía en su mayor parte de los años de la guerra e inclusive de sectores liberales. La exigencia del título nobiliario para acceder a los mandos superiores y las reformas tributarias del ministro Martín de Garay crearon un fuerte resentimiento entre muchos oficiales que veían cortada así su carrera.
Los pronunciamientos militares a favor de un régimen liberal empezaron ya en 1814 con la marcha del ex guerrillero Javier Mina sobre Pamplona. Los generales Juan Porlier, Luis Lacy, Lorenzo Milans del Bosh y Joaquín Vidal intentaron en años sucesivos derriban al régimen absolutista, pero ninguno de ellos tuvo éxito y varios pagaron su fracaso con la vida. También el sector más aperturista del gobierno intentó una conspiración (del Triángulo) que fue descubierta y abortada.[1]

Ver también: Fernando VII: retorno del absolutismo
[1] Tomado de Fernando VII. Enciclopedia Universal Ilustrada europeo americana. Espasa Calpe SA Madrid 1979.

21 de noviembre de 2008

Fernando VII: retorno del absolutismo

Veremos cómo con Fernando VII retorna el absolutismo a España.
En 1812 la guerra cambió de signo para las tropas anglo-hispano-portuguesas que empezaron a recuperar terreno en la península Ibérica, en tanto las Cortes reunidas en Cádiz, proclamaban una constitución moderada. En noviembre de 1813, Napoleón I entró en contacto con Fernando VII y éste autorizó una paz basada en la neutralidad de España, pero las cortes se negaron a ratificarla. Pese a ello, Napoleón liberó a Fernando VII en marzo de 1814, poco antes de caer él mismo del poder.
Durante la última fase de la guerra se acentuó el enfrentamiento entre las clases privilegiadas y nostálgicas del antiguo régimen y la burguesía liberal que quería aplicar la Constitución de 1812. En este momento intervino decisivamente el estamento eclesiástico que, sintiéndose amenazado en sus intereses por la revolución burguesa, se alineó con la oligarquía e influyó notablemente en el pueblo para que rechazara el sistema constitucional.
A la hora de regresar a España, Fernando VII dudaba entre una y otra opción. Entró en Cataluña el 22 de Marzo de 1814 y se dirigió hacia Valencia entre las aclamaciones del pueblo, frente al cual había conservado su imagen carismática de “deseado”. Por el camino recibió un mensaje del Consejo de Regencia recordándole su obligación de jurar los principios constitucionales. Sus acompañantes, Macanaz, Gómez Labrador, el duque del Infantado y el infante don Antonio, le aconsejaron no dar este paso. El 22 de abril de 1814, 69 diputados realistas publicaron en Madrid el llamado “manifiesto de los persas”, donde se mostraban partidarios del sistema absolutista, con la sujeción del poder real únicamente al bien común, y de la supresión de las instituciones intermedias y representativas de la soberanía popular. Cinco días más tarde, cuando revisaba unos regimientos en Valencia, el general Elio le ofreció su bastón de mando como símbolo de su categoría de general en jefe de todas las fuerzas armadas.
Seguro del apoyo del ejército, del clero, de la alta nobleza y del pueblo, Fernando VII se decidió y, el 4 de mayo, publicó una Real Orden que anunciaba la constitución y la legislación de las cortes y, anunciaba su decisión de no someterse a los poderes legislativos, aunque prometió respetar las libertades individuales, algunas reformas y convocar a Cortes. El nuevo capitán general de Castilla, Francisco de Eguía, fue el encargado de llevar a cabo el golpe de estado, y en la noche del 10 al 11 de mayo arrestó a los más representativos constitucionalistas que, sorprendidos, no pensaron en resistir.[1]
Ver también: Fernando VII, Juventud , Fernando VII y la marcha a Francia
[1] Fernando VII. Enciclopedia Universal Ilustrada europeo americana. Espasa Calpe SA Madrid 1979.

15 de noviembre de 2008

Fernando VII y la marcha a Francia

Proclamado rey Fernando VII, Napoleón siguió aprovechando el enfrentamiento entre Carlos IV y sufijo para consolidar sus posiciones en España. No reconoció al nuevo soberano y nombró a Joaquín Murat, duque de Berg, como su lugarteniente en la península Ibérica. Este entró el 23 de marzo de 1808 en Madrid con las banderas desplegadas. Hábilmente Murat alentó las esperanzas de Carlos IV de recuperar la corona y propuso una reunión en la cumbre de Burgos. La entrevista no se celebró en Burgos, ni en Vitoria. Napoleón sugirió entonces Bayona, ya en territorio francés. A pesar de la oposición de sus consejeros y aun del pueblo que intuía la traición del emperador, la comitiva real cruzó la frontera el 20 de abril. Carlos IV y su esposa fueron conducidos directamente de Aranjuez a Bayona, y Godoy fue liberado del castillo de Villaviciosa de Odón por Murat y trasladado también a la ciudad vascofrancesa.
Allí Napoleón obtuvo todo lo que quiso. Manejando sutilmente las diferencias entre padre e hijo, consiguió que Fernando VII renunciara a favor de su padre y que Carlos IV abdicara de nuevo a favor de Napoleón. Incluso firmaron una proclama (8 y 12 de mayo) en la que justificaban su decisión y pedían al pueblo que se sometiera al emperador para evitar males mayores. Carlos IV y María Luisa fueron internados de momento en Fointanebleau, y Fernando VII, su hermano Carlos y su tío, el infante don Antonio, fueron recluidos en el castillo de Valençay, donde permanecieron hasta su liberación en 1814.
Mientras tanto, en España se producía el levantamiento popular y la quiebra del Antiguo Régimen. Napoleón proclamó la Constitución de Bayona y coronó a su hermano José. El sector reformista o afrancesado apoyó esta operación con la esperanza de hallar una solución de recambio, pero la opción revolucionaria de las clases populares les sobrepasó y se inicia la guerra de independencia.Ver también: Fernando VII, juventud; Juan Martin el empecinado

10 de noviembre de 2008

Fernando VII, Juventud

Fue Fernando VII el tercer hijo de Carlos IV y Maria Luisa de Parma, nacido en El Escorial en 1784, teniendo la infancia tranquila y normal en un príncipe heredero.
El carácter apático, la voz aflautada y el físico del príncipe Fernando hicieron llorar a su prometida María Antonia de Nápoles (Hija de Fernando IV), cuando la conoció en 1802.
Mientras tanto en la corte de Carlos IV se iba formando un partido contrario al valido Manuel Godoy, que había paralizado completamente el programa reformista. En dicho partido de oposición destacaban hombres como el canónigo Juan Escoiquiz, el marqués de Ayerbe, los duques de san Carlos y del Infantado, los condes de Montarco, de Bornos y de Montijo, etc. Fue a partir de 1806 que Fernando ingresa en este círculo, entablando conversaciones secretas con Napoleón, a quien solicitó la mano de una dama de su familia para trabar parentela con él. En sus primeras movidas el partido fernandino era favorable a una alianza con Inglaterra, pero cuando Godoy cambió su política exterior en 1807 y resistió francesa, se declaró pro francés.
En otoño de 1807 protagonizó en El Escorial un complot palatino, que demostró la composición de la monarquía borbónica. Enterados los reyes de las reuniones secretas en los aposentos de su hijo, mandaron revisar sus papeles y le hicieron declarar ante los ministros. Carlos IV hizo pública la conspiración pero Fernando delató a sus cómplices, pidió perdón y fue absuelto.En marzo de 1808 Godoy entiende el alcance anexionista de los planes de Napoleón; queriendo proteger a los monarcas los lleva hasta Andalucía y de ser preciso hasta las Américas. La alta nobleza se opone y prepara el derrocamiento de Carlos IV. El 17 de marzo de 1808 la turba, manipulada por los nobles, asaltó la residencia del Godoy en Aranjuez[1] y le maltrataron. Carlos IV, asustado, destituye a su valido, pero el motín solo se aplacó cuando el rey abdica en su hijo Fernando el 19 de marzo.[2]
[1] Ver Aranjuez 1808.
[2] Enciclopedia Universal Ilustrada europeo americana. Espasa Calpe SA Madrid 1979

7 de noviembre de 2008

Aranjuez 1808

El 17 de marzo de 1808 en Aranjuez el pueblo se amotinaba, el conde de Montijo, disfrazado del labriego Tío Pedro exaltaba los ánimos de la turba: Esto no puede llamarse un levantamiento popular espontáneo, esto fue algo dirigido y programado por el príncipe Fernando y urdido por una aristocracia descontenta con Carlos IV y Manuel Godoy.
Las tropas napoleónicas estaban en España y la familia real se trasladó al palacio de Aranjuez, para luego partir hacia América. Claro, existía un vacío de poder sentido por el pueblo; la masa sale a la calle buscando a Godoy, al que llamaban choricero debido a su origen extremeño. Hubo disturbios toda la noche y enfrentamientos entre leales e inconformes; al alba, Carlos IV depone al Príncipe de la Paz y abdica en su hijo, ya Fernando VIII. Manuel Godoy tuvo que seguir escondido otras 36 horas, cuando el hambre le obliga a salir, luego fue encarcelado.[1]
Ver también: Juan Martin el empecinado
[1] Bibliografia consultada:
Carmona Gonzalo, Paisajes después de las batallas, en Muy Historia número 14/2007 G y J España Ediciones, S. L., S. En C., Madrid.

2 de noviembre de 2008

INFANCIA DE GOYA

Francisco Joseph (José) de Goya nació el 30 de marzo de 1746, en Fuentedetodos, Zaragoza. El primer nombre, Francisco, en honor de San Francisco de Paula, cuya festividad se celebraba el 2 de Abril y José por su padre.
Este último se llamaba José Benito Goya[1], y su oficio era dorador[2]; posiblemente hubo de venir hasta esta aldea a engalanar el retablo mayor de la iglesia parroquial y dado el avanzado estado de gestación de su esposa se trajo a su familia hasta este pueblo aragonés situado a 40 km de Zaragoza.
La madre de Goya se llamaba Gracia Lucientes y era natural de Fuentedetodos; su familia poseía allí casas y tierras.
Los padres de Francisco de Goya se habían casado el 21 de mayo de 1736; un año más tarde concebían a Rita quien nacería en Zaragoza pero sería bautizada en San Gil de Zaragoza; entre 1741 y 1742 nacería Tomás, mientras que Jacinta nacería también en Zaragoza y su bautismo y defunción ocurrían en San Gil (1750). Mariano se bautizó en 1750 en la iglesia de San Gil y parece que murió muy joven, antes de 1758; por último, Camilo había nacido en 1751.
Suponemos entonces dentro de la más sana lógica que la madre de Goya fue a tenerlo allí por cuanto su esposo trabajaba en la localidad temporalmente y tendría familia que la asistiese en su parto.
Cuando Francisco de Goya tenía 3 años es seguro que la familia estaba ya de regreso en Zaragoza. Cuando tenía 5 años, en 1751 recibe la confirmación junto a su hermano Tomás (el dato no es apología de las ceremonias católicas, tan solo es un registro hallado para la historia de Goya). Su padre tuvo allí casa (en la parroquia de San Gil de Zaragoza)[3] que en 1760 fue vendida, luego se trasladan a la parroquia de San Miguel de los Navarros, primero a la calle del Coso y después a la calle de Rufas.
La niñez de Goya, sin conocer la miseria tampoco frecuentó la holgura. Parece que asistió a la Escuela Pía (escolapios de San José de Calasanz) donde recibió una educación básica. Luego entre 1759 y 1760, Francisco de Goya entraría como aprendiz del pintor zaragozano José Martínez Luzán[4] (1710-1785).[5]
Ver también: Aquelarre; muerte y arte; Francisco de Goya
[1] Su padre había sido Pedro Goya (1669-1734) y había sido notario en Zaragoza.
[2] Su oficio se llevaba a acabo en retablos, órganos y rejas.
[3] En el número 12 de la Morería cerrada.
[4] Hermano de dos amigos y compañeros de trabajo de su padre José Benito Goya
[5] Bibliografía consultada:
Cruz Valdovinos José M. Goya. Biblioteca Salvat grandes biografías, Salvat editores S.A., Barcelona 1986.

1 de noviembre de 2008

Sector agropecuario, 1999-2001

En este articulo titulado sector agropecuario, 1999-2001, veremos la oferta y la demanda, el empleo y los jugadores, la producción e inversión, los choques, las oportunidades que se vieron, los choques y las oportunidades que vendrán para el sector, en Colombia.
La oferta: El sector agrícola venía de un proceso de recuperación después de una larga crisis que tuvo su punto más álgido en 1998 cuando las hectáreas que salieron de la actividad productiva sumaba más de un millón y cuando las tasas de crédito agrícola superaban el 50%. Afortunadamente la tendencia cambió y en el año 2000 el sector agropecuario cierra con un crecimiento del 5,36%, el más alto desde 1995. Para el 2001 el crecimiento habría bajado; según Fedesarrollo habría sido del 3,42%. Como conclusión, hubo un aumento de 81.511 hectáreas adicionales entre 1999 y 2000 en cultivos transitorios y permanentes, para llegar casi a 3.850.000 hectáreas cultivadas.
Producción e inversión: Los más productivos del sector agropecuario fueron, durante este periodo, el maíz tecnificado (47%), el tabaco rubio (21%) y el plátano (21%). La inversión gubernamental en el sector agropecuario en el 2002, estima el informe, habría crecido un 49% al llegar a los $538.000 millones en total. En investigación y transferencia de tecnología se habría invertido más de $229.000 millones desde 1998 hasta el 2001. Se suponía que el motor de la recuperación fue la asignación de crédito para el campo en los años 2000 y 2001.
Empleo y jugadores: Los líderes generadores de empleo fueron los cultivos de yuca con 13.000 nuevos empleos, el maíz con 11.800, el arroz y la palma africana con 5.000 cada uno y el cacao con 3.700.
El mercado de productos y servicios de la biodiversidad totalizan más de US $500.000 millones en el mercado mundial y está en continuo crecimiento. Colombia posee un enorme potencial para jugar en esos mercados.
La demanda: Al año 2001 Colombia consumía alrededor de $36 billones en alimentos al año, de los cuales 5 millones de toneladas son importadas[1].
Entre los alimentos importados los más sonados fueron el maíz amarillo, la soya y el trigo. El sueño era no importar ni soya ni maíz amarillo que pudieran producirse en el país[2].
Los choques: al pobre sector agropecuario le tocó vivir la famosa apertura económica con su liberación de aranceles y la revaluación del peso que pusieron maltrechos a sus productores nacionales; así mismo en 1999 vuelve la devaluación que hace posible vislumbrar algo de crecimiento vía exportaciones.
Se asumía que el consumo per cápita de jugos haría pasado de 1,2 litros anuales en 1999 a casi 6 en el 2000, lo que habría obligado a replantear proyectos y convenios para incrementar la producción de frutas en Colombia.
Del mismo modo, se sabía que el 60% del consumo de tabaco era ilegal y a 2001 se suponía que esa cifra se había reducido al 10%.
¿Qué oportunidades se vieron?
La apertura desnudó los altos costos del sector y dejó como sobrevivientes a las empresas que lograron volverse competitivas por medio de renovación tecnológica, mejoramiento de la calidad y el estrechamiento de sus vínculos a lo largo de la cadena productiva.
En 1997 Postobón lanzó su línea de jugos e importaba el 80% de la mora desde Ecuador. Luego firman un convenio con productores nacionales. Queda abierto el mismo camino para el mango, el lulo y la piña.
¿Qué se avecinaba?
1- ) La eliminación de subsidios en los países desarrollados, lo que aumentaría la competitividad mundial. La presunción era que de hacerse, los precios internacionales de muchos bienes agropecuarios se elevarían y la producción agropecuaria se reduciría en 24% en Japón, 19% en la Unión Europea, 17% en Canadá y 7% en Estados Unidos[3].
2- ) Tomaba fuerza un nuevo consumidor “verde”, el que consume comida sana y alimentos producidos respetando el medio ambiente. Colombia ha tenido ventaja en este aspecto, como país megadiverso, con el 10% de la biodiversidad mundial. Se estimaba que la venta de productos agrícolas ecológicos era del orden de los US $20.000 millones anuales con tasas de crecimiento del 10-20%. Se decía que los nichos estrella eran el de las frutas (US$1.000 millones), café (US$ 200 millones) y cereales ecológicos (US$100 millones).
3- ) El raudo crecimiento de la biotecnología convertía la agricultura en una actividad de alta innovación. A ello se respondía con el desarrollo de una semilla de maíz capaz de resistir la tierra ácida en el llano y con el perfeccionamiento de una variedad de camarón resistente al mortal taura o mancha blanca.
4- ) Se preveía una escasez mundial de caucho en el 2005.
5- ) Había crisis de las vacas locas y esto era una gran oportunidad para el país, dado que la tercera parte del hato nacional se declaraba libre de aftosa, se abrían las puertas de la exportación bovina.
6- ) Se registra sobreoferta mundial de café; los inventarios mundiales llegan a los 30 millones de sacos, pero no obstante crecía la demanda de cafés orgánicos y gourmets.[4]
[1] En 1999 se importaban 8 millones de toneladas al año.
[2] Su principal uso está en las cadenas avícolas y porcícolas del país.
[3] No poseo cifras actualizadas para cotejar si esto se cumplió o no.
[4] Bibliografía de referencia:
Revista Dinero, Noviembre 9 de 2001, No 145, Bogotá, páginas 46-50.