Vida después de la muerte en Mesopotamia, Babilonia, Sumeria

Vida después de la muerte en Mesopotamia, Babilonia, Sumeria, ensayo, estudio, resumen, sinopsis. Post que viene de nuestra web principal.
Para hablar de la vida después de la muerte en la antigua Mesopotamia, es preciso decir que no hay tratados propios legados al respecto, se trata de información fragmentaria recogida de múltiples fuentes y, que corresponde no solo a sumerios y acadios, sino babilónicos y asirios inclusive.

Textos como la Epopeya de Gilgamesh, textos rituales, inscripciones en tumbas, escritos reales, etc, todos han contribuido a ayudarnos a entender el concepto de ultratumba que pudiera tener esta cultura.
Por tanto es preciso destacar que las ideas al respecto nunca fueron estáticas, tampoco eran iguales las creencias de un personaje de las clases superiores frente a uno del pueblo;sin embargo, debido a la práctica digamos que continuista o de respetar el legado de sus antecesores, hay cierta coherencia cronológica y cultural para hacer las afirmaciones siguientes.

Inframundo

Era el mundo inferior donde sus divinidades eran vengativas y crueles; los humanos que allí residían como sombras no tenían garantía que con esfuerzos individuales en vida pudieran salvarse de permanecer en sus predios; había mucho de capricho divino o arbitrariedad de por medio, un poco de responsabilidad ética por supuesto pero también algo de magia ritual colaborando. De alguna forma esto fue lo que se legó a la religión hebrea (ver vida después de la muerte, judíos del periodo bíblico)
El pozo subterráneo triste de Arallu (así se le conocía en algunas fuentes acadias)*; véase el parecido con el tradicional Sheol o Seol de los textos del Antiguo Testamento;ambos son un hoyo oscuro y polvoriento debajo de la tierra, que no estaba en ningún infierno (en el sentido de juicio alguno) pero que sirven de morada para el desafortunado muerto.

Las divinidades que gobernaban el inframundo eran Ereshkigal y Nergal; primero la diosa, posteriormente el dios, luego otras versiones posteriores los hicieron cónyuges. Para la toma de decisiones en este bajo mundo, eran asistidos por las divinidades conocidas como Anunnakis.
Se trataba de alguna forma de lo opuesto, a los cielos y era una versión sombría de la vida en la tierra. Se habla de este lugar como tierra sin retorno, casa de la que no salen quienes entran. No era un lugar de castigo ni de recompensa,se trataba del único destino de los espíritus de los muertos cuyos cuerpos, tumbas o estatuas cultuales no recibieran el tratamiento ritual adecuado.
En el descenso de Innana al inframundo se dice que para llegar allí es preciso franquear siete puertas y murallas, tal vez queriendo significar que los ritos funerarios de las clases más favorecidas duraban siete días.

Naturaleza humana y destino después de la muerte

Pese a tener los seres humanos un componente divino en su creación de acuerdo con sus tradiciones, estos no eran inmortales, por tanto no cabía ningún concepto de resurrección; la mortalidad es el destino de los hombres; un eufemismo muy usado en ese tiempo para morir, era "ir a nuestro destino". La humanidad podía luchar por ser memorable a través de sus actos en vida; la única forma de inmortalidad era la memoria de las generaciones posteriores sobre nuestras realizaciones.
Al fallecer el ser humano, quedaba la arcilla vacía y debía regresar a la tierra.Pero la muerte física no terminaba el ciclo de la vida; los muertos continuaban su existencia en forma de espíritus (gidim, en sumerio;eṭemmu en acadio) o fantasmas. Sin embargo que esto no se confunda con un dualismo occidental de cuerpo y alma;el espíritu estaba asociado al cadáver físico (en ocasiones idéntico al mismo) y poseía sus necesidades físicas como comer o dormir.
La muerte era por tanto un fenómenos transicional, una transformación.
Pero es preciso también hablar de la emanación de viento, el espíritu asexuado (zaqiqu o ziqiqu, en acadio), asociado con el sueño y que podía salir del organismo durante el estado onírico de las personas. Este componente también descendía al inframundo luego del fallecimiento del individuo pero al ser relativamente inofensivo no se le concedió mayor protagonismo.

Relación de muertos y vivos

Las ofrendas de culto en la tumba de los difuntos garantizaba su buena estadía en el más allá, pues, allí la comida era sin sabor y el agua salobre según se manifestaba. El fantasma dependía entonces de las ofrendas dadas en términos de comidas y bebidas para mitigar sus incomodidades. Normalmente el encargado de hacerlas era el hijo mayor del difunto (quien además recibía una porción extra de herencia).
Mientras las ofrendas continuaran con regularidad, el espíritu se mantenía en paz, podían ser amables e inclusive podían ser inducidos a ayudar a los vivos. Una persona que no hubiera recibido los ritos funerarios apropiados o que les faltara sus ofrendas mortuorias podían tornarse inquietos y hasta malévolos, incomodando a los parientes vivos,tanto en sueños como de otras formas menos sutiles. Las enfermedades por ejemplo podían ser causadas por estos espíritus. Para lidiar con estos fantasmas vengativos, habían hechizos, amuletos, ungüentos y pociones, entierros de figuras sustitutas, así como libaciones y conjuros.
*Ganzer en sumerio.

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