Tebas: Mitologia; Mentuhotep I, Montu; Amenemhat; Senusret I; Karnak; Shinuhé

Tebas: Mitologia; Mentuhotep I, Montu; Amenemhat; Senusret I; Karnak; Shinuhé; historia del Antiguo Egipto.
Un recorrido por el año 2000 aC y hasta el 1800 antes de nuestra era en Egipto.
Transcurría el año 2080 cuando Mentuhotep o Montu-hotep (« (el dios) Montu está Aplacado») I (Nebhepetre, Tepi-ya «el primero»), de origen sureño, logra reunificar de nuevo al Egipto dividido, dando inicio a la Dinastía XI (ignoramos las otras porque particularmente gobernaban en sectores limitados del país). Este «Señor de las dos naciones» o unificador de las dos tierras residió en Tebas y con él renació algo de la prosperidad característica del país. El dios principal de Tebas era Amón o Amén, dios de la fertilidad, la regeneración y la reproducción. Originalmente se llamaba Nuwe y en la Biblia se la menciona como No (la ciudad), o No-Amon (la ciudad de Amón). Los griegos la llamaron «gran ciudad de los dioses».

Como «progreso» implicaba nexos religiosos más elaborados y costumbres fúnebres más sofisticadas, agotadas las explanadas alrededor de Tebas, la moda funeraria se consolida en los hipogeos, recintos excavados en las paredes rocosas, adecuando el paisaje en el que se circunscribe. En este peldaño del imperio medio fue famoso el hipogeo de Deir-El-Bahari, ubicado al sur de Tebas y precedido de una amplia avenida flanqueada por estatuas del rey. Como los príncipes tebanos fueron artífices del nuevo orden, debían conservar sus privilegios, lo mismo que la nobleza provincial: recibirían a cambio prebendas burocráticas y participación en el culto osiriaco. 

En este “in crescendo” de la religión de Osiris, consolidado durante el Imperio Antiguo, todos los jerarcas quieren ser enterrados en Abydos (en las proximidades de su templo preferiblemente), donde se supone fue sepultada esta divinidad. 
Este auge también consolidó la mejora en la percepciones morales de los egipcios que ahora se sienten obligados hacia la justicia y la caridad por considerar ahora con seriedad el juicio a nuestras acciones en el más allá. Pero ya no es solo el rey el sometido a juicio, ahora son todos los hombres los que no solo acceden a los rituales funerarios, sino a la evaluación de ultratumba presidida por Osiris. 
Durante el mandato de Mentuhotep, Montu, un dios asociado a la guerra, convirtióse en el dios oficial de la dinastía; de ahí que el soberano llevara su nombre. La población egipcia podría ascender a dos millones y medio de habitantes.

Amenemhat, un visir y gobernador del Sur, de familia tebana, asciende al solio del faraón. La procedencia del este monarca es una ilación conjetural: el dios Amén está inscrito en su propio nombre (Amen-em-het: «Amón (está) en primer plano». Su otro nombre era Amnenemes. Sehetepibre (Sehetepibra «el corazón de Ra está contento») fue su mote de coronación. Se creía el escogido, “el Hijo del hombre”, el líder mesiánico capaz de sacar a Egipto delante de cualquier bache; encarnaba una vieja profecía que auguraba el fin del hambre en Egipto, derroca a la familia real[1] e instaura la dinastía XII[2], pero a su vez tiene una muerte violenta de manos de sus chambelanes. Cambia la residencia real, por considerar que estaba muy al sur y de alguna manera desprotegía al Norte; trasládala entonces desde Tebas hacia Lisht, cerca de Memphis, rehaciendo de paso la burocracia administrativa. 
Metió de lleno en la historia de su país el concepto de corregente para inicializar muy pronto la inicialización en las labores administrativas de su sucesor, hacer el debido empalme y haciendo que las transiciones fueran controladas y pacíficas. A los veinte años de su reinado nombra a su hijo Senusret como corregente; cuando efectivamente ocurrió su magnicidio (el de Amenemhat), estaba liderando una campaña en Libia y volvió y se apersonó de las cosas. Se empieza a restablecer el prestigio de la realeza, pero ahora al faraón, más que a un dios se le considera más como un caudillo invencible. Estableció límites precisos a los nomos y colocó junto a estos poderosos líderes provinciales, revisores reales (buscando en parte controlar el accionar de estos gamonales). También hizo construir fortalezas para dominar la frontera en el Delta. De nuevo se construyeron pirámides, que aunque más pequeñas, su arte era más elaborado. 
Testimonio literario de esta convulsa época son «Las enseñanzas del rey Ahmenehat».Dichos escritos corresponden al género de lo que con posterioridad se llamaría literatura del sentido común o sapiencial, siendo un conjunto de refranes y de máximas para orientar la vida de un joven monarca. El siguiente fragmento de Shinué el egipcio describe el funeral del rey y sus implicaciones: «El dios ascendió a su horizonte. El rey del Alto y Bajo Egipto Sehetepibra [Ammenemes I] voló al cielo y se unió con Atón, fusionándose con el divino cuerpo con su artífice. Entonces la residencia estuvo en calma; los corazones se lamentaron; los grandes portales se cerraron, pusieron la cabeza entre las rodillas; el pueblo lloró».

Veinte años luego, Senusret I (Hombre de la diosa Sret[3]; Sesostris) toma las riendas del poder. Su nombre de coronación fue Kheper-ka-ra, «El Alma de Ra Viene a la Existencia», con algún nexo con el sol naciente. Era hijo de Ahmenehat y su énfasis fue conquistar territorios, expandiéndose hacia el Sur, sometiendo a las tribus hostiles e incrementando la prosperidad egipcia. Estas tierras del sur eran conocidas con el nombre de Cus (Kush); para los griegos se llamaría Etiopía («cara quemada», aludiendo a la raza negroide que las habitaba). 
Técnicamente dentro del marco histórico conviene llamarla Nubia («esclavo») para no ubicarla equivocadamente dentro de un marco geográfico actual. Bajo su conducción, mejoró el comercio con esas regiones (impuso su dominio hasta la segunda catarata). Gobernó hasta 1.928 a.C. Destaca la primacía del templo de Karnak, cerca de la capital Tebana donde se concentró el culto a Amón como divinidad principal. 
Creaciones literarias como la “Historia de Shinuhé” han trascendido, debido a su ascendiente sobre la literatura hebrea: Es una novela que narra la historia de un exiliado egipcio y de sus andanzas entre los nómadas de Siria. Empieza el relato en el campamento del joven corregente[4] Senusret I, que venía de la campaña de Libia, cuando le informan que su padre ha muerto. Con un selecto grupo de escogidos guerreros parte hacia la capital real. Shinué, un oficial servidor de la reina, huye aterrado; llegado al Líbano un príncipe local le da a su primogénita por esposa y le otorga tierras en las fronteras. Sus hijos crecen como grandes guerreros al servicio del príncipe del Líbano pero su anciano padre añora regresar a Egipto y logra hacerlo, invitado por el faraón. 
El símil de la historia de Moisés en los momentos que asesina al egipcio y huye del país hacia Madián[5], coincide con esta historia antigua (Shinué huyendo de la cólera del Faraón). 
A ambos los acogen generosamente los beduinos y los líderes de las respectivas tribus les otorgan el favor de sus hijas (los hacen sus yernos). Describe Palestina en términos muy parecidos a los de Éxodo 3:8[6] y Números 13:27-29[7]: «Hay en ella higos y viñedos y más vino que el agua; es rica en miel y sus árboles dan mucha aceituna y frutos de todas las especies. Hay también avena y trigo y ganados innumerables.»[8] El personaje histórico existió en la época de Amenemhat I (2000-1979) y de Sesostris I (1970-1936) y su historia fue novelada. Su nombre traduce «el hijo del sicomoro», o sea de una de las diosas que gustaban residir en un árbol de estos (Hathor y Nut)

Se decía de Senusret I que «Es ciertamente un dios que no tiene igual, antes de quien ningún otro (como él) ha existido. Es un maestro de sabiduría, de perfectos designios, de excelentes mandatos, a cuya orden se va y se viene…Es aquel que amplía las fronteras»[9]
Año 1990. En Beni Hasan (Egipto), en la tumba de un noble egipcio se muestra una pintura que plasma cómo un grupo de 37 asiáticos (clan inmigrante)[10] van a comerciar con los egipcios, llevando asnos. Parece ser que Sestrosis I hacía regalos a los príncipes y reyes de Sirio-Palestina a cambio de alianzas. Una de las obras trascendentes fue la restauración del templo de Heliópolis, no solo por razones religiosas sino políticas: la dinastía tenía serio interés en restablecer un culto de masas ampliamente aceptado en todo el país, ganándose de paso el apoyo de los habitantes del Bajo Egipto. Le suceden, Ammenemes II y Sesostris II, como una suerte de gobiernos de transición que disfrutaron los logros de Amenemhat I y Sesostris I, paz y abundancia en sus fronteras. 

Viene a continuación Sesostris III, considerado el rey más glorioso de la Dinastía XII, es cuando el Egipto del Imperio Medio conoce su apogeo. De alguna manera ingeniosa suprimió el cargo de comarcas y estableció en cambio tres dependencias reales (uaret) para dominar geográficamente el territorio: el del Norte, el Medio Egipto y el Alto Egipto. Este revolcón administrativo hizo pulular una clase media que empezó a ganar preponderancia. Del mismo modo recuperó por la fuerza el territorio Nubio; cesa la política internacional egipcia de sus predecesores: se dice adiós a la coexistencia pacífica entre egipcios y asiáticos en los territorios mineros del Sinaí; a partir de este rey las expediciones mineras iban apoyadas militarmente y se empieza a desconfiar de estos habitantes del pasillo sirio-palestino. La civilización egipcia irradió su luz en estos territorios vecinos en una manera significativa. 

Transcurre el año 1.842. Bajo Amenemhat III, floreció el comercio con un país llamado Punt (bañado por el mar rojo, pudiendo corresponder actualmente con Yemen o Somalia, de donde se traía oro para comerciar con los cananeos). La explotación de las reservas mineras del Sinaí fue intensiva y en conjunto, toda esta riqueza y prosperidad en tiempos pacíficos le permitió multiplicar sus construcciones. Invadió militarmente a Siria y conquistó hasta la tercera catarata del Nilo. Gobernó durante 45 años. Se calcula la población de sus dominios en millón y medio de habitantes.[11] Su prenombre (nombre de coronación) fue Ny-maatra, que significa “Perteneciente a la Justicia/Verdad de (el dios) Ra." 

Es la época del auge de Amón («el oculto» «Lo que no puede verse», el aire, el viento, el mismo que soplaba sobre las aguas inmóviles y quietas de Nun)[12], señor de Tebas, relegando a Montu a un segundo plano. Amón fue mencionado por primera vez en los Textos de las pirámides, siendo descrita como una divinidad secundaria, un dios relacionado con los barqueros, con el aire o con la fertilidad. Es cuando la dinastía XII lo asimila al dios Ra, convirtiéndose en Amón-Ra y siendo entonces cuando los reyes Amenemhat, lo transforman en el dios principal del reino, que no sustituirá a ningún dios antiguo, pero irá logrando consenso de unidad religiosa nacional. En esta nueva faceta siguió siendo el aire que se encontraba en todos los lugares y en todos los momentos (pero no el viento, emblematizado por Amonet, su paredra): los humanos no le podíamos ver, solo sentir. Una de sus representaciones era un cuerpo de hombre con cabeza de carnero (de cuernos robustos y enrollados). Ha triunfado el culto a Osiris[13]; los textos mágicos reales se popularizaron y pusieron al alcance de la clase media, dando lugar a los “Textos de los Sarcófagos”, que es una estilización y mejora sobre los “Textos de las Pirámides”.
Sobre la sexualidad de la materia primigenia y la justificación de la existencia humana, se dice que: «Tú eres El Único, el que dio origen a todo lo que existe,Él Uno y Único, creador de lo que existe,…El que creó la hierba que da vida al ganado Y las plantas para los hombres…»[14] Tenemos entonces de nuevo el concepto hermafrodita de la materia originaria, con todas las consecuencias que derive.
La practicidad de la moral la hacen deducir reemitiéndonos a los comienzos: Guiándonos por el Texto de los Sarcófagos 80, los dos hijos del demiurgo Atum, poseían características propias. Shu se identificaba como el principio de la vida y Tefnut encarnaba el orden moral: estas dos divinidades encajarán dentro de las analogías del árbol del bien y del mal usada por los hebreos al referirse al Edén. 
Luego Atum (coaccionado por Nun, la gran inundación) debe besar a su hija Tefnut (los principios morales) para discernir y tener autonomía de conciencia sobre la moral. (Los egipcios creían que viviendo una vida moralmente correcta obtendrían la inmortalidad y por derivación la divinidad).[15] [1] Demostrando el poder de la nobleza sobre el monarca. Durante esta dinastía el trono se hace hereditario y al futuro faraón se le entrena enviándolo como virrey de Nubia. 
[2] Durante su poderío y esplendor, se formalizó la momificación, implementando la evisceración, mediante cortes hechos al lado izquierdo del vientre. El despilfarro de vendas y pedazos de tela para rellenar vacíos entre los miembros y el cuerpo se estandarizó. 
[3] Forma de la diosa Isis, como diosa de la tierra. Divinidad de las minas, los metales preciosos y las joyas. 
[4] En ejercicio de esas funciones el ejército egipcio pentró en Palestina (estela de Nesumontu) 
[5] (Del hebreo Midyan), «tierra de la disputa» «tierra media» Antes de los hicsos y durante ellos aludía a Mesopotamia (Haharaim), luego la última a posiblemente a Trasnjordania, que es la típica dada por la Biblia. 
[6] Y conociendo cuánto padece, he bajado a librarle de las manos de los egipcios, y hacerle pasar por aquella tierra a una tierra buena y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel… (TE- 2000) [7] …la cual mana realmente leche y miel, como se puede ver por estos frutos…(TE- 2000) 
[8] VERSON Raúl, Literatura egipcia, en Introducción al estudio de los pueblos de oriente, en NOGUERAS Luís Rogelio (Editor), Literaturas antiguas orientales, Editorial Pueblo y educación, La Habana, 1977, página 81. 
[9] (Shinué el egipcio, en LEFEVBRE Gustave MITOS Y CUENTOS EGIPCIOS DE LA EPOCA FARAONICA, Akal Ediciones, Madrid 1982, página 40 y 41). 
[10] Transjordanos. [11] Fue entre el mandato de Sesostris y el de Amenmhat que se asume residió en Palestina el patriarca Abraham (dicen los que todavía consideran al sujeto una personalidad real dentro de la historia y no un arquetipo), quien se dice viajó libremente entre Canaán y Egipto, poniéndonos al tanto de un gobierno único en la región como sucedió en este periodo. 
[12] Completando a los otros ocho dioses o incluyéndolos en su acepción. Los obeliscos eran los monumentos solares levantados en su honor. 
[13] Parece que al comienzo esta divinidad estaba asociada al grano, luego sobre la V dinastía había absorbido al dios funerario de Abydos, en el alto Egipto; durante el Imperio Medio pasó a ser un dios menor de la agricultura y del Nilo, identificándose con el dios de los muertos, en su juez supremo ante quienes todas las almas errabundas debían dar cuenta de sus actos terrestres después de la muerte (los difuntos pasan a la luna o bajo la tierra a regenerarse y a tomar fuerzas para una nueva existencia). 
[14] Tomado del himno a Amón-Ra, Papiro Boulaq 17, encontrado en la página Web La Tierra de los Faraones http://www.Egiptología.org/Mitología/himnos/ [15] Tomado de Ortiz H. Angel E. Fundamentos Culturales del Judaísmo I, páginas 84-90.

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