Galileo Galilei, Biografia, historia, pensamiento, Información, vida, aportes, descubrimientos, qué hizo

Galileo Galilei, Biografía, historia, pensamiento, Información, vida, aportes, descubrimientos, qué hizo; matemático, físico, astrónomo y filósofo italiano nacido en Pisa.
Galileo Galilei (1564-1642). 
El principal iniciador de la revolución científica y de la ciencia moderna.

En 1589, es nombrado profesor de matemáticas en la universidad de Pisa[6]; da clases particulares para completar un sueldo misérrimo[7], y redacta su primer escrito sobre el movimiento de los cuerpos, De motu, de contenido aristotélico, aunque crítico y bajo la influencia de la física de Arquímedes[8]. Por esta época inicia investigaciones experimentales y observa el comportamiento de cuerpos en caída libre[9] (la tradición dirá desde la torre inclinada de Pisa).

En Junio de 1591 fallece su padre, Vicenzo Galilei[10], convirtiéndose entonces en el jefe de la familia, debiendo asumir las grandes deudas contraídas, como la dote su hermana Virginia, que ascendía a 3.000 coronas, cuando el total de sus ingresos anuales no llegaba a 500.

En 1592 obtiene la cátedra de matemáticas en la universidad de Padua (en Venecia)[11] y mejora su situación económica[12] por el mayor número de clases privadas que se le ofrecen al estar cerca de Venecia y, al igual que Kepler, se dedica a escribir horóscopos, en los que no cree. Inventa el compás geométrico y militar (círculo proporcional)[13] y redacta un tratado que explica su empleo y explota su comercialización; escribe un tratado sobre fortificaciones y un tratado de cosmografía ptolemaica.

Durante el verano de 1593 Galileo Galilei adquiere un grave catarro, complicado con fiebre y tos; dura quince días en curarse pero le quedan secuelas de una artritis y otras dolencias crónicas que le acompañaron toda la vida. Fue gracias a los buenos oficios de Girolamo Fabricio, uno de los catedráticos de medicina de la Universidad de Padua que su situación médica no pasó a mayores.

En 1597, en sendas cartas a Jacopo Mazzoni y a Kepler, se declara copernicano convencido. La noticia de la aparición de una estrella «nova», el 9 de octubre de 1604, señala el comienzo de su interés por la astronomía. Da tres conferencias sobre el significado antiaristotélico que aquella aparición encerraba y sus opiniones son criticadas anónimamente por Cesare Cremonini, colega suyo en la universidad[14], que defiende una interpretación totalmente aristotélica del fenómeno. Contra él escribe una dura réplica, pero los sucesos astronómicos no confirman sus hipótesis, y Galileo deja de interesarse momentáneamente por la astronomía copernicana. Reemprende la discusión, en 1606, contra un escrito de Ludovico delle Colombe[15], que comenta la aparición de «nova» en sentido aristotélico. En esta discusión el tal delle Colombe menciona la existencia de una lente con la que se podía observar estrellas.[16]

En 1609 -año en que desarrolla una prueba correcta de la ley de la gravitación y estudia los principios de la mecánica y la resistencia de los materiales- le llegan noticias sobre la existencia del telescopio [17]. Se construye uno [18], con el que examina el cielo en busca de pruebas contra la astronomía aristotélica. Observa la existencia de montañas en la Luna, multitud de estrellas invisibles a simple vista, los planetas medíceos [19] (lunas de Júpiter) y, más adelante, la apariencia tricorpórea de Saturno, la presencia de manchas solares y las fases de Venus. La observación de los astros medíceos representa la primera defensa pública de la teoría de Copérnico. Los resultados expuestos y publicados en Sidereus Nuncius[20] (1610)[21] -que dedica al Gran Duque de Toscana, Cosme II de Médicis, cosa que facilita su nombramiento como primer matemático de Pisa y primer matemático del Gran Duque de Toscana, con un sueldo ya considerable de mil escudos florentinos-, levantan duras reacciones en contra por parte de filósofos aristotélicos y astrónomos, que ridiculizan las observaciones como ilusiones ópticas o engaños [22]. Kepler, la excepción, muestra entusiasmo por los descubrimientos y los cree verdaderos; y así se lo hace saber a Galileo. El descubrimiento, sobre todo, de las fases de Venus lo considera Galileo como una prueba concluyente de los giros de Venus en torno al Sol y como una corroboración del sistema de Copérnico; a este argumento añade, para mayor probabilidad, el de los eclipses de los planetas de Júpiter, el cálculo de las velocidades y distancias de los planetas al Sol y, en último término, hacia 1616, el argumento (erróneo) de las mareas.

Enormemente interesado tanto en desacreditar la física aristotélica como en acreditar la verdad del copernicanismo, inicia una intensa campaña de difusión de sus descubrimientos. Su oposición al aristotelismo se convierte en un conflicto entre la ciencia y la fe, paradigma de todos los conflictos similares posteriores. Cuando Galileo llega a Roma el 1 de abril de 1611, es recibido con honores por el papa Pablo V, es nombrado miembro de la Accademia dei Lincei[23] y los jesuitas astrónomos y matemáticos del Collegio Romano celebran su llegada. El cardenal Bellarmino [24] pide informes a Christopher Clavius[25] sobre la fidelidad de las observaciones. El cardenal Maffeo Barberini alaba públicamente a Galileo (más adelante, como Urbano VIII papa, será su peor adversario). Galileo cuenta, además, con algún que otro discípulo directo o amigo, como Benedetto Castelli y Piero Dini. Algunos liberales, como Cremonini se oponen a las experiencias y observaciones de Galileo, sólo por fidelidad a sus principios de siempre. Frente a Galileo hay, no obstante, un ejército de aristotélicos de no demasiada categoría, cerriles y dogmáticos, dispuestos a lanzarle encima la Santa Inquisición a la mínima sospecha de herejía.

El 14 de diciembre de 1613, Benedetto Castelli, matemático de Pisa y discípulo y amigo de Galileo, escribe a éste acerca de una reunión a la que asiste, junto con filósofos y teólogos, en la Corte del Gran Duque de Toscana, donde se le plantea, en pregunta directa hecha por la Gran Duquesa, la cuestión de si las doctrinas copernicanas están o no de acuerdo con las Escrituras. Castelli opina que las cosas científicas deben solucionarse por vías exclusivamente científicas.
Galileo le contesta con su carta del 21 de diciembre de 1613, abundando en estas razones. Tras afirmar, como declaración de principios, que las Sagradas Escrituras no pueden equivocarse, sostiene que sólo pueden hacerlo quienes las interpretan ateniéndose a un sentido literal; el sentido literal hay que dejarlo exclusivamente a los asuntos que son de fe («ex fide»); para el resto de cosas, que la «experiencia sensible» o las «demostraciones necesarias» hacen evidente o verdadero, no debe acudirse a la Escritura para mostrar una posible discordancia: como dos verdades no pueden contradecirse, quienes interpretan la Escritura han de hallar, para estos asuntos que no son de fe, el verdadero sentido de acuerdo con las conclusiones de la experiencia o de la razón; que nadie comprometa, pues, a la Escritura con interpretaciones que puedan oponerse a la ciencia; que quien acuda a ella se limite a cuestiones de fe. Se remite, luego, al conocido pasaje de Josué (10, 12-13)[26], no para demostrar que no ha de entenderse literalmente, sino para observar que, si se interpreta en sentido literal, sólo la hipótesis copernicana hace inteligible el texto; en la hipótesis ptolemaica, detener el sol significaría acortar el tiempo del ocaso. Los acontecimientos complican la situación. Galileo añade a esta carta otras: dos a Piero Dini y una última Carta a la gran duquesa Cristina (hacia 1615); el conjunto de ellas recibe el nombre de Cartas copernicanas, y representa el primer conflicto entre heliocentrismo y religión.

En la Carta a la gran duquesa Cristina defiende claramente la hipótesis heliocéntrica y a su autor Copérnico contra quienes aducen que esta teoría va en contra de varios pasajes de la Biblia. Afirma, de nuevo, que la Escritura es infalible en cosas de fe, y que no siempre ha de entenderse en sentido literal, pero que, en cuestiones de «experiencias sensibles y demostraciones necesarias», no ha de comenzar por consultarse el sentido literal de la Escritura. Concede, no obstante, más que en la carta a Castelli: no es preciso reservar a la Escritura sólo lo que es de fe, también se le puede conceder superioridad de opinión en aquellas cosas humanas que no pretendan ser un saber demostrativo; pero éste no es el caso de la astronomía, para la que Dios, autor de todas las verdades, nos ha dado ojos y razón. A la Escritura no le importa precisar si el cielo se mueve o no, o si la tierra es una esfera o un plano; le importa enseñar cómo se va al cielo, no cómo va el cielo. En ningún modo ha de permitirse que nadie comprometa el sentido de los textos de la Escritura, máxime en cuestiones tan discutidas desde Pitágoras a Copérnico; que autores de poca monta se atrevan a aducir la Escritura en contra de opiniones científicamente fundadas, como son sus propios descubrimientos astronómicos, para obligar a defender como verdaderas opiniones que van en contra de la ciencia, supone sin más anular la posibilidad de toda ciencia y del mismo espíritu científico.

Admite Galileo que puede no haber consenso entre la razón y las Escrituras, pero en este caso hay que distinguir: si se trata de afirmaciones probadas por la razón, son los teólogos quienes han de indagar cómo hay que interpretar la Escritura; si se trata de afirmaciones que «simplemente son enseñadas» y que pueden ser contrarias a la Biblia, tales afirmaciones se considerarán falsas. Sólo es condenable lo que no está demostrado como necesario; a los teólogos, incumbe, pues, no a los científicos probar que lo que la ciencia dice (si se opone a la Escritura) en realidad no está necesariamente demostrado. Galileo está reclamando la libertad de pensamiento intelectual y la autonomía de la ciencia respecto de la fe. Ha desplazado, en expresión de Arthur Koestler, el «peso de la prueba»; son los teólogos, no él, quienes deben probar que no hay suficientes argumentos en favor del copernicanismo. Para Galileo sí los había: en realidad, los estaba buscando frenéticamente, y creyó tener el definitivo con su teoría sobre la mareas (1616).El programa intelectual de Galileo choca de frente con las autoridades eclesiásticas. Galileo es condenado por la Inquisición, pero los hechos, la ciencia y la historia le han dado la razón. El 24 de febrero de 1616, una comisión del Santo Oficio descalifica la afirmación de que el sol sea el centro del mundo y esté quieto y que la tierra no sea el centro del mundo y se mueva, y el 5 de marzo de 1616 la Congregación del Santo Oficio declara acerca de la «falsa doctrina pitagórica» contraria a la Sagrada Escritura, a saber, que la tierra se mueve y que el sol está quieto, enseñada por Nicolás Copérnico, que el libro De revolutionibus, en que se expone, ha de considerarse suspendido de publicación -puesto en el Índice de libros prohibidos- mientras no se corrija, así como se prohíbe, condena y suspende todo libro o doctrina que hable en idéntico sentido.El papa ordena al cardenal Bellarmino que advierta a Galileo que abandone sus puntos de vista copernicanos (26 de febrero de 1616; ver cita).
El silencio de Galileo dura hasta 1623 -sólo anónimamente interrumpido por la discusión con los jesuitas del Collegio Romano sobre los cometas de 1618, cuya explicación Galileo refuta, utilizando el nombre de un amigo suyo, Mario Guiducci- cuando, electo ya papa el cardenal Maffeo Barberini, con el nombre de Urbano VIII, los tiempos parece que en principio han de mejorar; publica El ensayador (1623), que dedica al nuevo papa, y mantiene con él sucesivas y amistosas entrevistas. En 1624 escribe una Réplica a Ingoli, anticopernicano, por aquellas fechas nombrado secretario de la Congregación de Propaganda Fide, pero se le desaconseja su publicación. Galileo escribe El ensayador con la única finalidad de desprestigiar el sistema de Tycho-Brahe, defendido y difundido por los jesuitas del Collegio Romano como vía de compromiso: no era aristotélico y no contradecía a la Biblia; la ocasión se la brinda el libro del jesuita Orazio[27] Grassi, quien, con el seudónimo de «Sarsi», publica Libra astronomica ac philosophica (con el equívoco buscado entre «libros» y «balanza»). En él, aparte de una desastrosa hipótesis sobre los cometas, se halla la profesión de fe de Galileo en la ciencia moderna y la descripción de sus características: aquella que sabe leer el libro de la naturaleza escrito en lenguaje matemático.

Por esta misma época Galileo empieza a trabajar en lo que será su defensa más paladina del sistema copernicano, el Diálogo, aconsejado por el mismo papa Urbano VIII que le reclama que exponga sus ideas cosmológicas por escrito, observando, claro está, el decreto de 1616. El libro lo termina en 1630 pero no aparece, tras diversos problemas de censura e imprenta, hasta el 21 de febrero de 1632, en Florencia [28]. De sus tres personajes, Simplicio y Salviati, defienden respectivamente el sistema aristotélico y el copernicano, mientras que Sagredo, es la persona de buen juicio que media entre uno y otro. El libro está escrito en italiano porque se dirige al público culto en general y trata de atraer al lector a la teoría heliocéntrica, que presenta como más correcta.
Simplicio es el personaje tradicional y aristotélico que aduce razones propuestas por filósofos de la época y hasta expone un argumento utilizado por el propio Urbano VIII; el detalle fue aprovechado por los enemigos de Galileo, que argumentan que lo «pone en boca de un bobalicón». La argumentación a favor del sistema copernicano, que enfrenta al ptolemaico, debe hacerla Galileo ex suppositione, esto es, como si se tratara de una simple hipótesis matemática de los movimientos planetarios. Sea porque tal planteamiento hipotético pareció a las autoridades eclesiásticas un mero artificio de disimulación de una verdadera defensa del copernicanismo, sea que en verdad el papa Urbano VIII se sintiera caricaturizado por Galileo al poner éste en boca de Simplicio una opinión suya, o por todo esto y otras muchas razones más, Galileo es juzgado y condenado; el castigo implica la abjuración de la teoría heliocéntrica, la prohibición del Diálogo, la privación de libertad a juicio de la Inquisición (arresto domiciliario) y algunas penitencias de tipo religioso. La tradición ha inventado magníficamente que, al levantarse Galileo tras permanecer arrodillado para la abjuración, golpeó con fuerza el suelo con el pie exclamando: eppur si muove! [Sin embargo, se mueve].Durante los años siguientes, Galileo arrestado domiciliariamente, enfermo y casi ciego[29], reúne todos sus apuntes sobre mecánica, en los que había trabajado durante veinte años. El resultado son las Consideraciones y demostraciones matemáticas sobre dos nuevas ciencias, publicadas en la Editorial Elzevier, de Leiden[30] (1638), con la advertencia que se hace «contra la voluntad del autor», truco utilizado para escapar a la vigilancia de los inquisidores. La gran aportación de Galileo en esta obra está en la tercera y cuarta jornadas, de las cuatro en que la divide, donde se refiere a las leyes del movimiento uniforme y acelerado y al movimiento de los proyectiles, respectivamente. Es su gran obra científica.
Para 1641 se sabe de su honda simpatía mutua (tal vez amor platónico) con Alessandra Bocchineri, cuñada de Vicenzo Galilei, su hijo; dicha dama estaba recién casada (su tercera boda) [31].

Muerte

En sus últimos días, a Galileo Galilei lo acompañaban su hijo Vicenzo y su bella esposa, así como Evangelista Torricelli y Vicenzo Viviani[32], el primer biógrafo del genio de pisa. Fallece el 8 de enero de 1642 a las cuatro de la madrugada, al cumplir setenta y siete años y once meses. El cuerpo inerte de Galileo Galilei fue trasladado a Florencia, donde se le dio sepultura en el templo de Santa Croce.

Galileo y la Iglesia Católica

Respecto a la tremenda injusticia hecha con Galileo por parte de la Iglesia oficial, solo hasta el Concilio Vaticano II se obtuvo alguna suerte de “disculpas”, cuando aceptaban la autonomía de la ciencia, independientemente de los postulados de la iglesia (estamos hablando de 1964-65). El 10 de noviembre de 19179 el papa Juan Pablo II pide al Colegio de Cardenales que revalúen el caso de Galileo por las arbitrariedades cometidas. El 31 de julio de 1981 se creó una comisión pontificia para investigar el asunto (la iglesia no tiene afanes). Solo hasta el 31 de octubre de 1992, el cardenal Paul Poupard presentó al pontifice el informe sobre Galileo Galilei, elaborado por la comisión pontificia…tan solo reprochaban al cardenal Bellarmino, al Papa Urbno VII y a los demás cuestores el juicio hecho a Galileo. Poco más de 350 años para admitir a regañadientes que se equivocaron, que quisieron acallar la voz de la ciencia y de la matemática en acción.[33]

Bibliografía adicional

The standard edition of Galileo's works is Le opere di Galileo Galilei, 20 vol. in 21, ed. by Antonio Favaro (1890–1909, reissued 1968). There are now English editions of all Galileo's works published during his lifetime. Galileo Against the Philosophers in His Dialogue of Cecco di Ronchitti (1605) and Considerations of Alimberto Mauri (1606), trans. by Stillman Drake (1976), contains two early dialogues thought to have been written by Galileo. His defense of the priority of his military compass appears as Operations of the Geometric and Military Compass, 1606, trans. by Stillman Drake (1978). There are several English translations of Sidereus Nuncius (1610): The Sidereal Messenger of Galileo Galilei and a Part of the Preface to Kepler's Dioptrics Containing the Original Account of Galileo's Astronomical Discoveries, trans. by Edward Stafford Carlos (1880, reprinted 1959); Sidereus Nuncius; or, The Sidereal Messenger, trans. by Albert Van Helden (1989); and Stillman Drake, Telescopes, Tides, and Tactics: A Galilean Dialogue About the Starry Messenger and Systems of the World (1983), which contains a complete translation interspersed in the dialogue. Discorso . . . intorno alle cose, che stanno in sù l'acqua, ò che in quella si muovono (1612) appears in English as Discourse on Bodies in Water, trans. by Thomas Salusbury and ed. by Stillman Drake (1960); and is interspersed in a dialogue in Stillman Drake, Cause, Experiment, and Science: A Galilean Dialogue, Incorporating a New English Translation of Galileo's Bodies That Stay Atop Water, or Move in It (1981). Galileo's letter to the grand duchess Christina on the relationship of science to religion, written in 1615, was published in Latin in Strasbourg in 1636 without Galileo's permission; English translations are “Letter to Madame Christina . . . ,” in Discoveries and Opinions of Galileo, trans. by Stillman Drake (1957, reissued 1990), pp. 175–216, which also includes abridged translations of Sidereus Nuncius, the letters on sunspots (Istoria e dimostrazioni intorno alle macchie solari e loro accidenti, 1613), and Il saggiatore; and “Galileo's Letter to the Grand Duchess Christina (1615),” in Maurice A. Finocchiaro (ed. and trans.), The Galileo Affair: A Documentary History (1989), pp. 87–118, which also includes the translated documents of Galileo's trial. A translation of Il saggiatore (1623) is “The Assayer,” in The Controversy on the Comets of 1618, trans. by Stillman Drake and C.D. O'Malley (1960), pp. 151–336. The standard translation of Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo tolemaico, e copernicano (1632) is Dialogue Concerning the Two Chief World Systems, Ptolemaic Copernican, trans. by Stillman Drake, 2nd ed. (1967). Galileo's Discorsi e dimostrazioni matematiche, intorno à due nuove scienze . . . (1638) appears as Dialogues Concerning Two New Sciences, trans. by Henry Crew and Alfonso de Salvio (1914, reissued 1968); and Two New Sciences, trans. by Stillman Drake, rev. ed. (1989).
Of Galileo's works that remained unpublished during his lifetime, a number have been published in English translation. The early tracts on Aristotelian philosophy and scientific method are published and commented on in William A. Wallace, Galileo and His Sources: The Heritage of the Collegio Romano in Galileo's Science (1984), and Galileo's Logic of Discovery and Proof: The Background, Content, and Use of His Appropriated Treatises on Aristotle's Posterior Analytics (1992); and in William A. Wallace (trans.), Galileo's Early Notebooks: The Physical Questions (1977), and Galileo's Logical Treatises: A Translation, with Notes and Commentary, of His Appropriated Latin Questions on Aristotle's Posterior Analytics (1992). The early notebooks on motion have been published as On Motion, and On Mechanics, trans. by I.E. Drabkin and Stillman Drake (1960); and selections appear in Mechanics in Sixteenth-Century Italy, trans. by Stillman Drake and I.E. Drabkin (1969). Galileo's cryptic notes on his experiments on motion contained in vol. 72 of the Galileo manuscripts but not published in the Opere have been published in facsimile: Galileo's Notes on Motion, arranged by Stillman Drake (1979). The correspondence between Galileo and one of his daughters is available in Mary Allan-Olney (compiler), The Private Life of Galileo: Compiled Principally from his Correspondence and That of His Eldest Daughter, Sister Maria Celeste (1870).
Several biographies of Galileo have been written by Stillman Drake: Galileo at Work: His Scientific Biography (1978, reissued 1995), Galileo: Pioneer Scientist (1990), and Galileo (1980). James Reston, Jr., Galileo (1994), is a well-documented popular biography. Portraits and other depictions of Galileo can be found in J.J. Fahie, Memorials of Galileo Galilei, 1564–1642 (1929).
Studies of various aspects of Galileo's life and career include Lane Cooper, Aristotle, Galileo, and the Tower of Pisa (1935, reissued 1972); Erwin Panofsky, Galileo as a Critic of the Arts (1954); Pasquale M. d'Elia, Galileo in China: Relations Through the Roman College Between Galileo and the Jesuit Scientist-Missionaries (1610–1640) (1960; originally published in Italian, 1947); Antonio Favaro, Galileo Galilei e lo studio di Padova, 2 vol. (1883, reissued 1966), and Galileo Galilei a Padova: ricerche e scoperte, insegnamento, scolari (1968); Carlo L. Golino (ed.), Galileo Reappraised (1966), a collection of papers delivered at a commemorative conference in 1965; Ernan McMullin (ed.), Galileo, Man of Science (1968, reissued 1988), consisting chiefly of papers presented at the Galileo Quatercentenary Congress in 1964; Stillman Drake, Galileo Studies: Personality, Tradition, and Revolution (1970); William R. Shea, Galileo's Intellectual Revolution: Middle Period, 1610–1632, 2nd ed. (1977); Dudley Shapere, Galileo: A Philosophical Study (1974); Maurice Clavelin, The Natural Philosophy of Galileo: Essay on the Origins and Formatino of Classical Mechanics (1974; originally published in French, 1968); Alexandre Koyré, Galileo Studies (1978; originally published in French, 3 vol., 1939); Maurice A. Finocchiaro, Galileo and the Art of Reasoning: Rhetorical Foundations of Logic and Scientific Method (1980); Silvio A. Bedini, The Pulse of Time: Galileo Galilei, the Determination of Longitude, and the Pendulum Clock (1991); Michael Segre, In the Wake of Galileo (1991); Victor Coelho (ed.), Music and Science in the Age of Galileo (1992); Joseph C. Pitt, Galileo, Human Knowledge, and the Book of Nature: Method Replaces Metaphysics (1992); Mario Biagioli, Galileo, Courtier: The Practice of Science in the Culture of Absolutism (1993); Jean Dietz Moss, Novelties in the Heavens: Rhetoric and Science in the Copernican Controversy (1993); and Cesare S. Maffioli, Out of Galileo: The Science of Waters, 1628–1718 (1994).
Works specifically treating Galileo and the Roman Catholic church include Karl von Gebler, Galileo Galilei and the Roman Curia (1879, reprinted 1977; originally published in German, 2 vol., 1876–77); Giorgio de Santillana, The Crime of Galileo (1955, reprinted 1981); Jerome J. Langford, Galileo, Science, and the Church, 3rd ed. (1992); Pietro Redondi, Galileo Heretic (1987; originally published in Italian, 1983); Richard S. Westfall, Essays on the Trial of Galileo (1989); Richard J. Blackwell, Galileo, Bellarmine, and the Bible (1991); Rivka Feldhay, Galileo and the Church: Political Inquisition or Critical Dialogue? (1995); and Annibale Fantoli, Galileo: For Copernicanism and for the Church, 2nd ed., rev. and corrected (1996; originally published in Italian, 1993).
Albert Van Helden. [34]

APORTES DE GALILEO GALILEI

Aunque no creó una filosofía sistemática, su influencia en la tendencia filosófica del pensamiento moderno es muy marcada. A él se debe la definitiva separación de las ciencias física y de la filosofía, el abandono de la autoridad como criterio de verdad científica, así como la distinción entre cualidades objetivas y subjetivas en fenómenos observables. La reactivación del atomismo en el siglo XVII y la eliminación de las cualidades ocultas del concepto de la causalidad deben mucho a Galileo. Sus escritos marcaron el inicio de un movimiento anti-metafísico en filosofía. Los acontecimientos en la vida personal de Galileo son un estandarte a la activa lucha por la libertad de pensamiento.[35]
Ver también Tolomeo. 
[6] Que no fue fácil, puesto que había sido rechazado varias veces, de las Universidades de Padua, Pisa, Florencia, Roma y Bolonia, llegando su situación a tal punto que pensó emigrar a oriente, donde tal vez los turcos lo comprendieran mejor. Fue gracias, en parte, al apoyo y mecenazgo del marqués Gidobaldo del Monte (1545-1607, quien había hecho algunas contribuciones a la mecánica) que obtuvo este nombramiento. 
[7] El sueldo anual de este joven catedrático era de setenta coronas. Era tal su ímpetu renovador que escribe una poesía satírica “contra los que llevan la toga”, o sea sus estirados compañeros, teóricos y crédulos de las ideas científicas de Aristóteles. 
[8] Allí ofrece un diálogo entre dos viejos amigos, Alexander y Dominicus, mientras pasean por las orillas del Arno. El primero es el propio Galileo. 
[9] Aristóteles afirmaba que la velocidad de caída es proporcional a su peso, argumento que rebatió con experimentación Galileo. Este ataque contra este pensador in cuestionado lo hace impopular entre sus colegas. 
[10] Había nacido Vicenzo Galilei en 1520 cerca de Florencia. 
[11] Allí se hizo amigo de Gianvicenzo Pinelli, un de los hombres más cultos e influyentes. A Galileo Galilei se le contrata por cuatro años y un estipendio anual de 180 coronas. 
[12] Que con todo y por todo debía mejorar, puesto que también se hizo cargo de la dote de sus otras hermanas, así como de los gastos de desplazamiento de su hermano Michelangelo, que al ser un gran músico había sido contratado para actuar en Alemania y Polonia (dilapidando todo su dinero entre Munich y Varsovia, en fiestas sobre todo) 
[13] El que usaba anteriormente la artillería era uno construido por su Mecenas Del Monte. Usando la geometría creó un ingenio de bronce, liviano y práctico. Pero sus ingresos mejoraron más, fue con el entrenamiento de quienes iban a emplear el compás, ya que requerían dos o tres días para dominarlo, pagando 120 liras para ello. 
[14] Catorce años más joven que Galileo y ocupaba la cátedra de filosofía natural. 
[15] Miembro de la “Liga de los Pichones”; este nombre se lo dieron los amigos de Galileo, a sus detractores, basados en que el apellido Colombe en italiano significa pichón. 
[16] Durante esos años sostenía una relación con Marina Gamba, una prostituta espléndida de carnes y seis años menor que él, quien le dará tres hijos: Virginia (1600), Lidia (1601) y Vicenzo (1606). Ninguno de ellos fue reconocido por su padre hasta pasados unos años. Siendo muy jóvenes, 14-Virginia, Sor María Celeste- y 12 años-Lidia, sor Arcángela- respectivamente hizo volver monjas a sus hijas (en las “Clarisas pobres”), en Arcetri. (El que Sor Arcángela haya intentado suicidarse en varias ocasiones es otra historia).Respecto a Vicenzo, su hijo, quedaría bajo la custodia de Cosme II duque de Toscana. En 1628 su hijo se graduaría en derecho y luego se casaría con Sestilla Bocchineri. Respecto al lente de aumento fabricado en Holanda, con forma de tubo, supo que lo había inventado Hans Lippershey a quien no se le concede patente del mismo al considerar que no debía ser comercializado. 
[17] El famoso tubo mágico. 
[18] Que inicialmente solo tenía diez aumentos y fue usado como catalejo, para acercar sitios y horizontes, hasta cuando fue dirigido hacia la luna… 
[19] Por el apellido Médicis. Un tanto soterradamente podemos decir que a cambio recibió Galileo Galilei un collar de oro y brillantes así como una medalla del mismo metal. 
[20] El mensajero sideral. La edición del libro fue encargada a Tommaso Baglioni. 
[21] A partir de ese año sus anteojos conseguían entre 400 y 1.000 aumentos, lo que le permitió explorar La Vía Láctea
[22] Así como el descontento de los venecianos que se sentían burlados por aquel “desagradecido”. Lo que posiblemente no tuvo en cuenta Galileo Galilei, era que perdía la protección de Venecia, la república anticatólica, la que se oponía a la intervención papal en política, y, dado que sus libros contradecían los dogmas del Vaticano, correría riesgos. 
[23] La Academia de los linces había sido creada por Federico Cesi, segundo marqués de Monticelli y un apasionado de la ciencia. En dicha academia concurrían filósofos, matemáticos, filólogos y literatos. 
[24] El mismo que presidió el tribunal de inquisición que había condenado a la hoguera a Giordano Bruno. 
[25] Jesuita alemán. 
[26] Jos 10:12 Entonces Josué habló a Jehová el día en que Jehová entregó al amorreo delante de los hijos de Israel, y dijo en presencia de los israelitas: Sol, detente en Gabaón; Y tú, luna, en el valle de Ajalón. Jos 10:13 Y el sol se detuvo y la luna se paró, hasta que la gente se hubo vengado de sus enemigos. (Versión Reina Valera 1960). 
[27] Horacio. Era un savonés, catedrático de matemáticas en el Collegio Romano. Para él los cometas debían ser considerados “hijos de Mercurio”, que se desplazaban entre la luna y el sol. 
[28] Galileo había recurrido al prestigioso impresor Cesare Marsili para tales menesteres. 
[29] El 3 de abril de 1634, muere sor María Celeste, su hija… 
[30] Imprenta holandesa que estaba presente en esa ciudad protestante. 
[31] “Yo a veces me quedo meditando conmigo misma de qué manera encontraría el medio para, antes de morir, ver a V.S. y estar un día conversando con vos, sin dar escándalos y celos a esas personas que se sorprenderían de esta voluntad…” 
[32] 1622-1703. 
[33] Diccionario de filosofía en CD-ROM. Copyright © 1996. Empresa Editorial Herder S.A., Barcelona. Autores: Jordi Cortés Morató y Antoni Martínez Riu. Cuadrado Sara. Galileo. Grandes Biografías. Edimat Libros S. A., Madrid. s/f. 
[34] Galileo. (2008). Encyclopædia Britannica. Ultimate Reference Suite. Chicago: Encyclopædia Britannica. 
[35] S. Drake (1967), Galileo Galilei. BORCHERT DONALD M, Editor in Chief, Encyclopedia of Philosophy, Second Edition, 2006. Thomson Gale, a part of the Thomson Corporation.

Ediciones 2011-12-14-15-17

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