Diluvio sumerio, Mesopotamia, Babilonia, Gilgamesh, biblia


Diluvio sumerio, Mesopotamia, Babilonia, Gilgamesh, Biblia, hebreo, mesopotámico, babilónico y todas las variantes posibles en torno a estos nombres; Arqueologia, historia, literatura y hasta religiones comparadas.

El periodo comprendido entre el 3100 y el 2800 A.c. fue el «Protoliterario» (o de la «escritura primitiva»), en el que Sumeria floreció. Cabria suponer que, si ya existía la escritura, podemos saber mucho sobre ese periodo. La verdad es que no es así.
La razón de ello no estriba en que se desconozca su lengua. El sumerio fue descifrado en los años treinta y cuarenta por el arqueólogo ruso-norteamericano Samuel N. Kramer (como resultado de una cadena de circunstancias a las que volveré mas adelante).


El problema es que los registros anteriores al 2800 A.c. están mal conservados. Hasta los pueblos que vivieron poco después del 2800 A.c. parecen haber tenido cierta escasez de registros del periodo anterior. Al menos, los registros posteriores que describen los sucesos que precedieron a esa fecha fundamental parecen tener un carácter muy legendario.
La razón de este hecho puede resumirse en una sola palabra: el Diluvio. Los documentos sumerios que presentan una visión legendaria de la historia siempre se refieren al periodo «anterior al Diluvio».
Los sumerios tuvieron menos suerte que los egipcios con respecto a las inundaciones fluviales. El río de Egipto, el Nilo, se desborda todos los anos, pero raramente varía mucho el nivel de las aguas. Nace en los grandes lagos del África Central Oriental, y estos actúan como un enorme depósito de aguas que sirve para atenuar las fluctuaciones de las inundaciones.

El Tigris y el Eufrates no nacen en lagos, sino en fuentes montañosas. No hay ninguna represa y las inundaciones pueden ser desastrosas en años de mucha nieve y repentinas oleadas de calor primaverales. (En una fecha tan tardía como 1954 Irak sufrió una catastrófica inundación provocada por el ascenso de los ríos.)
Entre 1929 y 1934, el arqueólogo ingles sir Charles Leonard Woolley excavo el montículo que correspondía a la antigua ciudad de Ur. Allí había estado una antigua desembocadura del Eufrates, a unos dieciséis kilómetros al norte de Eridu. Encontró una capa de limo de tres metros de espesor, sin ningún resto arqueológico. Llegó a la conclusión de que era un sedimento depositado allí por una gigantesca inundación. Calculo que tal inundación alcanzó una profundidad de unos nueve metros y se extendió por una superficie de 500 kilómetros de largo por 160 de ancho, prácticamente todo el territorio comprendido entre los ríos.
Pero la situación puede no haber sido tan desastrosa. Una inundación puede afectar a unas ciudades y no a otras, pues algunas pueden haber descuidado durante un periodo sus diques, mientras los de otras pueden resistir gracias a la labor heroica e infatigable de sus ciudadanos. Así, en Eridu no se observa una capa de cieno equivalente a la de Ur. Y en otras ciudades que tienen capas de limo, estas corresponden a épocas muy diferentes de las de la capa de Ur. Pero tiene que haber habido una inundación que fue peor que las otras. Quizá fue la que sepulto a Ur, al menos por un tiempo. Y aunque no destruyese tanto a otras ciudades, el descalabro económico resultante de la parcial destrucción de la tierra debe de haber arrojado a sumeria en una breve edad oscura.

Esta súper inundación, o Diluvio (podemos usar una D mayúscula para nombrarlo), quizá se produjo alrededor del 2800 A.c. El Diluvio y los desordenes que le siguieron deben de haber barrido, prácticamente, con los registros de las ciudades, y las generaciones posteriores no pudieron hacer mas que tratar de reconstruir su historia con lo que algunos recordaban de los registros. Quizá los autores de cuentos aprovecharon luego la ocasión para hacer sagas, sobre la base de los pocos nombres y sucesos recordados, reemplazando la historia insulsa por dramas interesantes. Por ejemplo, a los reyes registrados en listas posteriores como habiendo reinado «antes del Diluvio», se les atribuyen reinados absurdamente largos. A cada uno de los diez que figuran en las listas se le atribuyen reinados de decenas de miles de años.

Hallamos rastros de esto en la Biblia, pues los primeros capítulos del Génesis parecen haberse basado, en parte, en leyendas mesopotámicas. Así, la Biblia registra diez patriarcas (de Adán a Noe) que vivieron antes del Diluvio. Pero los autores bíblicos no pudieron tragarse los larguísimos reinados que les atribuían los sumerios (o quienes les siguieron) y limitaron la edad de esos patriarcas antediluvianos a menos de mil años. El hombre mas longevo de la Biblia es Matusalén, el octavo de esos patriarcas, y se dice de el que vivió solamente 969 años. Se formo una leyenda sumeria del Diluvio que es el primer poema épico que se conoce. 

Nuestra versión más completa data de una época posterior en más de 2.000 años al Diluvio, pero también sobreviven fragmentos más antiguos y es posible reconstruir buena parte del poema. El héroe es Gilgamesh, rey de Uruk, que vivió algún tiempo antes del Diluvio. Era un hombre de una valentía heroica y que realizo grandes hazañas. En verdad, las aventuras de Gilgamesh han hecho que se le llame a veces el «Hércules sumerio». Hasta es posible que la leyenda (la cual llego a ser muy popular en siglos posteriores y debe de haberse difundido por todo el mundo antiguo) contribuyese a la formación de los mitos griegos sobre Hércules y de algunos de los incidentes de la Odisea. Cuando un íntimo amigo de Gilgamesh murió, el héroe decidió evitar tal destino y comenzó a buscar el secreto de la vida eterna. Después de una complicada búsqueda, animada por muchas peripecias, dio con Utnapishtim, quien, en la época del Diluvio, había construido un gran barco con el que se habían salvado el y su familia. (Fue el quien, después del Diluvio, realizo el sacrificio que tanto agrado a los famélicos dioses.) En la obra, el Diluvio es universal, y en cierto modo tal vez fue así, pues la Mesopotamia era todo lo que les importaba del mundo a los sumerios.
Utnapishtim no solo había sobrevivido al Diluvio, sino que también había recibido el don de la vida eterna. El puso a Gilgamesh en la pista de cierta planta mágica. Si comía esa planta, recuperaría su juventud en forma permanente. Gilgamesh obtuvo la planta, pero, antes de que pudiera comerla, una serpiente se la robo. (Por su capacidad de cambiar su piel vieja y ajada para aparecer con otra nueva y resplandeciente, muchos hombres de la Antigüedad consideraban a las serpientes dotadas del poder de rejuvenecimiento, y el poema épico de Gilgamesh explica esto, entre otras cosas.)El cuento de Utnapishtim es tan similar al cuento bíblico de Noe, que la mayoría de los historiadores sospechan que este ultimo deriva del poema épico de Gilgamesh. También es posible que la serpiente que sedujo a Adan y Eva privándolos de la vida eterna tenga su modelo en la serpiente que privo a Gilgamesh del mismo don.[1] 
[1] Asimov Isaac. El Cercano Oriente. Historia Universal Asimov. Alianza Editorial, Madrid, 2005.

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