30 de octubre de 2008

Year, definition

The measure of time on which the calendar is based. It is the time taken for the earth to complete one orbit of the sun. The calendar year consists of an average of 365.25 mean solar days – three successive years of 365 days followed by one (leap) year of 366 days. The solar year (or astronomical year) is the average interval between two successive returns of the sun to the first point of Aries; it is 365.242 mean solar days. The sidereal year is the average period of revolution of the earth with respect to the fixed stars; it is 365.256 mean solar days. The anomalistic year is the average interval between successive perihelions; it is 365.259 mean solar days. [1]
See also in Spanish, Año.
[1] Year. In a Dictionary of Science, FIFTH EDITION. Oxford University Press Inc., New York, 2005.

29 de octubre de 2008

Gonzalo Fernández de Córdoba

(Montilla, España, 1453-Granada, 1515) Gonzalo Fernández de Córdoba, llamado el gran capitán, fue un bravo militar español al servicio de los Reyes Católicos. Nacido una familia noble andaluza, luchó en la guerra civil castellana a favor de la reina Isabel la católica frente a los partidarios de Juana la Beltraneja, y más tarde intervino valerosamente en la guerra de Granada. En 1494, Fernando II de Aragón lo envió al frente de un ejército al reino de Nápoles, amenazado por Carlos VIII de Francia. Tras tocar en Sicilia, el gran capitán desembarcó en Calabria y se enfrentó a las tropas francesas en Seminara, sufriendo una derrota. Las tropas hispanas, compuestas de infantería y caballería ligeras, aptas para la guerra de movimientos contra los musulmanes, no tenían suficiente potencia para hacer frente a la infantería pesada suiza al servicio de Francia. Fernández de Córdoba se retiró a Reggio y entrenó a sus tropas en las nuevas tácticas de guerra. Los infantes españoles se adaptaron muy bien a las grandes formaciones, a las que dotaron de mayor movilidad y potencia de fuego gracias a los arcabuceros y la artillería. Con esta nueva disposición táctica, Fernández de Córdoba pasó a la ofensiva y derrotó a los franceses repetidamente, hasta obligarlos a abandonar el sur y el centro de Italia; tras tomar Ostia, entró en Roma en 1497. En 1500 volvió e gran capitán a Italia para defender las pretensiones de los Reyes Católicos sobre Apulia y Calabria, lo que desembocó en una guerra con Francia por el dominio del centro de la península. Tras una fase defensiva a causa de sus escasos efectivos, Fernández de Córdoba recibió refuerzos y derrotó a los franceses en Ceriñola y Garellano, afianzando el control de Fernando II sobre Nápoles. El rey, que desconfiaba de él, lo obligó a regresar a España (1507) junto al resto de funcionarios castellanos (Nápoles era una posesión patrimonial de Aragón), y el Gran Capitán se retiró de la vida pública.[1]

[1]

24 de octubre de 2008

JUAN MARTIN, EL EMPECINADO

Juan Martín, llamado El Empecinado[1], fue el líder carismático de la guerrilla española contra el ejército napoleónico y posteriormente un obstinado opositor del régimen absolutista.
Estas guerrillas quebrantaron el accionar del ejército francés durante la guerra de independencia española.
Juan Martín, El Empecinado, nació en una familia de labradores de Castrillo de Duero, Valladolid, en el año de 1775. Teniendo 18 años se alistó como voluntario en la guerra del Rosellón (1793-1795) que careó a España contra la Francia revolucionaria; allí perdió España, no solo la guerra sino también Santo Domingo. Allí Juan Martín fue nombrado ordenanza del general Ricardos. Concluida la guerra, regresa a su tierra y teniendo 21 años se cas con Catalina de la Fuente, vecina de la Fuente (Burgos), donde se ganó el sustento en el campo hasta que el ejército napoleónico entró en España en 1808. Por razones desconocidas con exactitud, recluta a amigos y familiares para acosar a los franceses invasores en la ruta entre Madrid y Burgos. Esta guerrilla interceptaba correos y convoyes y apresaba soldados.
Luego se une al ejército español para combatir en campo abierto en Medina de Risoseco y Cabezón de Pisuerga pero fueron derrotados y así Juan Martín decide seguir su lucha guerrillera por parecerle más efectiva. Así fue. A finales de 1808, obtuvo sendos golpes de mano en Aranda de Duero, Sepúlveda y Pedraza. Su fama había crecido tanto después de esto que el general de La Cuesta lo hizo apresar por haber retenido en su casa a una dama francesa en lugar de entregársela a él Juan Martín escapa y reune en su guerrilla a más de 5.000 efectivos.
En 1809, habida cuenta de sus logros es nombrado capitán de caballería y un año más tarde es ascendido a Brigadier. Su guerrilla causó tales destrozos entre los franceses que Napoleón quiso presionarlo para que trabajara para José Bonparte, secuestrando a su madre, pero Juan Martín, El Empecinado, amenazó con fusilar a cien soldados franceses que estaban en su poder y ella fue liberada.
Entre 1811 y 1813, Juan Martín, El Empecinado libraron sus enfrentamientos entre Madrid, Cuenca y Guadalajara. En Alcalá de Henares, año de 1813, vence al ejército francés que le doblaba en número. Fernando VII autorizó un monumento en su honor en dicha plaza pero luego lo hizo derribar por considerarle un temerario liberal. Resulta que concluida la guerra Fernando VII buscando ganarse su confianza le nombró mariscal y le ofreció por medio de un emisario un millón de reales y el título de Conde si Juan Martín abandonaba el liberalismo, a lo que El empecinado contestó: “Diga usted al rey que si no quería la Constitución (de 1812), que no la hubiera jurado; que El Empecinado la juró y jamás cometerá la infamia de faltar a sus juramentos.”Por esta respuesta fue desterrado en Valladolid.
«No es extraño que cuando Riego se pronunció en 1820 contra Fernando VII, Juan Martín volviera a las armas, esta vez contra las tropas realistas. Con la victoria liberal, fue gobernador militar de Zamora y Capitán General, pero la vuelta al absolutismo en 1823 le convirtió en proscrito. Desterrado en Portugal, pidió permiso para volver a España con garantías y le engañaron vilmente: fue detenido mientras dormía en Olmos de Peñafiel, encarcelado durante dos años en Nava de Roa y ahorcado el 19 de agosto de 1825.[2]
Ver también: Manuel Godoy
[1] Empecinados era el sobrenombre de los habitantes de Castrillo de Duero. La palabra deriva de pecina, que es el lodo o cieno negruzco formado en los charcos o cauces donde existen materias orgánicas en descomposición y que muy seguramente eran profusos en el arroyo Botija, que atravesaba la localidad. O sea que Empecinado era el gentilicio de los nacidos en tal localidad vallisoletana.
Cuando sus actos hostiles al régimen francés se hicieron notorios, el guerrillero se hizo famoso en toda Castilla y su mote en sinónimo de luchador obstinado. Fue tal su aureola que en 1814 se le provee mediante Real Orden, la prerrogativa de usarlo y firmar con él los documentos oficiales, así como heredarlo a sus hijos.
Fue a partir de ahí que el verbo empecinarse empezó a significar empeñarse en algo por encima de lo razonable.
[2] Alonso Abraham & Otero Luis, once actores principales, en Muy Historia número 14/2007 G y J España Ediciones, S. L., S. En C., Madrid.

22 de octubre de 2008

ABORIGINES

“The word aborigine means “from the beginning.” In Australia, this word began to be used to refer specifically to the continent’s nearly one million indigenous inhabitants at the time of the British invasion in 1788.
Many cultures have been lost since then, due to violent conflict between Aborigines and successive waves of new settlers. Some cultures have survived and renewed their focus on kin networks, close religious and legal relationships to the land, and revitalization of their culture and language. Of 250 languages, 20 remain.
Experts believe ancestral Aborigines arrived approximately 46,000 years ago, possibly when sea levels were low during the Ice Age. Archaeological sites near Melbourne and Perth are dated to 40,000 years ago, shell middens to 30,000 years ago. Indigenous peoples of Australia and New Guinea, closely related, probably share a common origin in Indonesia. Aboriginal language diversified into a large number of families with no clear relationships, suggesting a much longer period of differentiation than the single Austronesian language family had in the South Pacific.
Early tools consisted of flakes and pieces of stone with sharp edges. Ground-edged hatchet heads found in the North were the only prehistoric tools shaped into regular patterns. From 3000 BC, stone tools spread throughout the continent and may have been used as currency as well as for woodworking.
The clan, the most important social group, moved within a specific tract of land in response to seasonal variation or the need to be at a specific place for ritual purposes. Clans were linked as part of exchange networks that moved objects or ideas over long distances.
They also maintained and transmitted culture with images and songs describing creation, short songs containing powerful information related to specific localities, and series of songs strung together in song lines. Rock and body painting and decoration of portable objects linked clans to the land, each other, and the past.
Aboriginal people believed in the continuing existence of spirit-being ancestors who lived on earth during “the Dreaming” and created the natural world before the arrival of humans. They took various forms represented by totems and behaved as people. They aged and had to return to the sleep from which they awoke at the dawn of time, but they continued to influence natural events and breathe life into newborns.
Their wisdom regarding kinship, hunting, and marriage relationships was highly desired.
Australian Aborigines were hunter-gatherers identified by a managerial forager prehistoric lifestyle that included vegetation burning, replanting, and occasional wetland ditching, depending on available natural resources. In western Victoria, elaborate systems were constructed for trapping eels. In northern wetlands, tubers were replanted to promote future growth. Elsewhere, wells were sunk to raise large crops of yams; trees were transplanted; streams were diverted for irrigation; and digging was undertaken to encourage roots. Fire was widely used to open pathways, kill vermin, remove dry vegetation and promote new growth, cook edible animals in their burrows and nests, and prevent more destructive natural fires. Yet when Europeans saw these methods of managing grasslands and diversifying plant and animal life, they did not recognize Aborigines as farmers, gardeners, or herders. Absence of defined fields, permanent villages, and edible domestic animals led them to regard Aboriginal country as unproductive and unclaimed.
Aborigines seemed to be wanderers, an inferior people who were not using the land and who should be forcibly removed to make way for colonization. Australia was annexed to the British Empire on the basis that it was terra nullius, or uninhabited wasteland.
This myth prevailed until 1992, when a High Court judged in the Mabo case that native title to land still existed in Australia.”[1]
[1] Schroeder Susan, Aborigines. In Birx James H , Editor, Encyclopedia of anthropology Sage Publications, Inc. Thousand Oaks California 2006.

18 de octubre de 2008

Manuel Godoy

(Badajoz, España, 1767-París, 1851)Manuel Godoy y Álvarez de Faria Ríos Zarosa fue un político español[1]. Nacido en el seno de una familia noble empobrecida[2], a los diecisiete años[3] acompañó a su hermano a Madrid, y ambos ingresaron en la guardia de corps en el año de 1784. Allí inició una fulgurante carrera gracias, en parte, al apoyo de la entonces princesa de Asturias[4]. Manuel Godoy fue amante de la esposa del futuro rey Carlos IV (es un rumor fuerte), pero no fue ésa la única razón de su ascenso; también supo ganarse la confianza de ambos soberanos, gracias a sus dotes de político. Con tan sólo veinticinco años recibió el Toisón de Oro y fue nombrado primer ministro del Estado[5]. Una vez en el poder, la primera intervención de Manuel Godoy consistió en intentar salvar al rey Luis XVI de la guillotina. Finalmente, la ejecución del monarca francés llevó a España a declarar la guerra a Francia. Dos años después, el curso del conflicto desfavorable que Godoy tuvo que negociar y firmar el tratado de Basilea, lo que le valió el apelativo de «príncipe de la Paz». Más tarde Francia y España firmaron el tratado de San Ildefonso[6] en contra de Gran Bretaña[7]. Este movimiento robusteció su posición frente a opositores como la del Brigadier Alejandro Malaspina, al que acusó de revolucionario y ordenó arrestar porque propuso que las colonias deberían tener cierta autonomía.
Manuel Godoy acabó de consolidar su poder casándose con Teresa de Borbón, prima de Carlos IV ([8]).
En 1798 se vio obligado a abandonar su cargo, debido a las presiones del Directorio francés, que dudaba de su lealtad; fue sustituido por Saavedra y más tarde por Urquijo, pero siguió contando con la confianza de Carlos IV. Prueba de ello es que apenas dos años después, tras una actuación desafortunada de Urquijo, Manuel Godoy volvió a empuñar las riendas del gobierno. Fue por aquel entonces cuando, ayudado por los franceses, logró ganar «la guerra de las Naranjas»[9] contra Portugal (1801). El Tratado de Badajoz puso fin al enfrentamiento, aunque Napoleón no estaba conforme, pues pretendía obligar a Portugal a renunciar a su alianza con Inglaterra.
Poco después Francia firmó la paz de Amiens con el Reino Unido, pero la calma duró sólo un año: España, junto a Francia, declaró de nuevo la guerra al Reino Unido. La política de Manuel Godoy empezó a provocar animadversiones, y se fraguó una conspiración contra él dirigida por el príncipe de Asturias (el futuro rey Fernando VII)[10], que culminó con la invasión del palacio de Aranjuez. Manuel Godoy fue hecho prisionero, si bien, liberado poco después por orden de Napoleón, se dirigió hacia Bayona, donde se reunió con el príncipe Fernando y los reyes. Estos últimos abdicaron dejando el trono de España en manos de Napoleón[11]. Abandonado por su esposa y por su amante, y acosado por Fernando, que confiscó sus bienes y le retiró sus títulos, a los setenta y dos años, se exilió en París, donde escribió sus Memorias. Allí vivió Manuel Godoy de la pensión que le otorgó Luis Felipe de Francia. En 1847 fue rehabilitado por Isabel II y cuatro años después, prácticamente olvidado, falleció Manuel Godoy en la capital francesa.[12]
Ver también: Bicentenario de la independencia
[1] Ministro universal, grande de España, Capitán General de los Ejércitos, regidor perpetuo de Madrid
[2] Una familia hispanolusa de la baja nobleza.
[3] Llevando a cuestas una buena formación en matemáticas, humanidades, esgrima, francés e italiano.
[4] Su estancia en la casa Real no habría de limitarse a los barracones.
[5] El pusilánime Carlos IV le promocionó en ese tiempo desde Cadete a Primer Ministro. (¿?)
[6] Que convertía a los enemigos galos en aliados preferentes.
[7] Godoy consideraba que los ingleses atacarían las posesiones españolas de ultramar.
[8] Aunque sostenía amoríos con Pepita Tudó.
[9] La guerra de las naranjas (una campaña de tan solo 18 días), llamada así por el ramo de esa fruta que envió a la reina durante el sitio de Elvas.
[10] Mediante el Tratado de Fontainebleu, en 1807, Napoleón promete a Godoy un reino en el Algarve portugués si permitía que sus tropas atravesaran la Península para someter a los lusos, lo que resultó ser la Invasión de España.
Lo grave de la situación y el rumor de que los reyes pretendían huír a América, exasperaron los ánimos del pueblo, que dirigido por el partido fernandino asaltó el 19 de marzo la residencia de Godoy.
[11] Quien nombraría a José Bonaparte, su hermano, como monarca español.
[12] Bibliografia consultada:
Diccionario Interactivo de Biografías Océano. 2004.
Alonso Abraham & Otero Luis, once actores principales, en Muy Historia número 14/2007 G y J España Ediciones, S. L., S. En C., Madrid.

15 de octubre de 2008

Technorati, Blogalaxia y los tags

Technorati, Blogalaxia y los tags
Technorati, Blogalaxia y los tags es el tema que me obliga a escribir en esta instancia precisa.
Explorando siempre maneras prácticas y efectivas de mejorar el tráfico hacia mi blog, hice un análisis porcentual del mismo hasta el presente: El 64% llega referido (referrers) por el buscador (search) de Google, el 4,6% aproximadamente en el buscador de imágenes de google España, el 4,13% es enviado por mi blog principal y después de un largo etc., veo que Blogalaxia me reporta el 0,04% de todo el tráfico hacia mi Web, en tanto Technorati no me envía un solo visitante. Uno se cuestiona por la utilidad, salvo los enlaces, de los directorios…pero ¡un momento! La culpa pudo haber sido mía. Ellos promueven la búsqueda dentro de sus sitios por tags o etiquetas y no siempre reconocen las de Blogger. ¡Claro! ¡Eso era! Buscando en mis fuentes[1] hallé como automatizar el proceso de generación de tags desde mi platilla y Voilá, quedó listo.
Algunos se preguntaran y eso de qué nos sirve. Bueno pues para mostrar esta utilidad vamos a intentar medir la importancia tanto de Blogalaxia como de Technorati, miré el pagerank de cada uno de ellos: el primero 7/10 y el segundo un humilde 8/10. Como ustedes sabrán el pagerank se transmite y hemos de suponer que los afiliados algo nos toca. Digamos que ambos sitios manejan un gran tráfico y puesto que la gente consulta en ellos, pues debería ser más fácil aparecer dentro de sus búsquedas por lo más restringidas.
Como puntada final digamos que el fuerte del tráfico de Blogalaxia está en Ecuador, Costa Rica, Venezuela, Uruguay, Mexico, Colombia, Peru, Argentina, Chile y España (en ese orden).En cambio el fuerte de tráfico de Technorati es: Estados Unidos, España, Portugal, India, Italia, Canadá, Reino Unido, Francia, Emiratos Árabes Unidos, Uruguay y en casi todo el mundo occidental[2].
Luego vale la pena estar en las búsquedas de Blogalaxia y Technorati, añadiendo los tags de rigor. Y ustedes, ¿Qué creen?
Ver también: Densidad de palabras clave
[1] Muchas Gracias a BlogandWeb por su tutorial.
[2] Para mayor información, ver Google insights for search

11 de octubre de 2008

Ciencia que es, significado, definicion, concepto

La ciencia, ¿Qué puede ser? ¿Un contenido?[1] ¿Un proceso?[2] (McGuijan, 1996). O sea que tentativamente la ciencia es una acumulación de conocimientos y procesos sobre cómo acrecentarlos. Anteriormente se presumía que era básicamente un contenido pero luego aprendimos de la relatividad del conocimiento científico.
Popper manifiesta que deberíamos considerarla no solo desde el punto de vista epistemológico sino desde otras posturas. Como fenómeno biológico o sociológico, sería una herramienta, un aparato, un medio de producción, algo que sirve para satisfacer nuestras necesidades intelectuales, un medio para predecir experiencias futuras a partir de otras anteriores y el intento de controlarlas.
Casi siempre, según este autor, ha sido más relevante en la historia de la ciencia, la teoría que el experimento, la idea y no la observación; lo anterior da paso a nuevos hallazgos; pero a su vez el experimento y la observación, nos permiten descartar opciones no pertinentes[3].
Sabino en cambio considera que la ciencia es una forma de conocimiento, el conjunto de actividades que el hombre realiza, como un conjunto de acciones encaminadas y dirigidas hacia determinado fin, que no es otro que el de obtener un conocimiento verificable sobre los hechos que lo rodean. Este autor resalta que la ciencia es una actividad social y no solamente individual. Se distingue la ciencia y la filosofía, por tratar de definir con la mayor precisión posible los términos que utiliza, erradicando la ambigüedad normal del lenguaje corriente. A la ciencia la distinguen la objetividad, la racionalidad, sistematicidad, generalidad, falibilidad. [4]
Lakatos, nos trae a colación que etimológicamente la palabra ciencia, viene del latín scientia, que equivale a conocimiento, llegando a ser tal vez el conocimiento más respetable y genuino. Así mismo que en sus orígenes se intentaba obtener por medio de ella la certeza que otrora nos brindara la teología. Contradiciendo a Popper afirma que la historia de la ciencia está plagada de “exposiciones sobre cómo los experimentos cruciales supuestamente destruyen a las teorías.” Para él, la ciencia es todo un programa de investigación, más allá de una secuencia de ensayo-error, que no acumula verdades eternas.[5]
Según Ferrater Mora, “El sustantivo scientia procede del verbo scire, que significa "saber"; etimológicamente, 'ciencia' equivale, pues, a 'el saber'. Sin embargo, no es recomendable atenerse a esta equivalencia. Hay saberes que no pertenecen a la ciencia; por ejemplo, el saber que a veces se califica de común, ordinario o vulgar. Se saben, en efecto, muchas cosas que nadie osaría presentar como si fuesen enunciados científicos”. Nos recuerda que Platón distinguía entre opinión y saber. Más adelante define a la ciencia como “un modo de conocimiento que aspira a formular mediante lenguajes rigurosos y apropiados —en lo posible, con auxilio del lenguaje matemático— leyes por medio de las cuales se rigen los fenómenos”; vendría a ser algo así como una manera rigurosa de conocer (aunque conocimiento limitado)… “La ciencia opera mediante observación, experimentación, inferencia y deducción”.[6]
[1] Implicaría que es una acumulación de conocimientos. Pero la ciencia no es estática como esto supondría.
[2] Supone la forma de adquirir conocimientos.
[3] Popper Karl R. La Lógica de la investigación científica. Editorial Tecnos Madrid, 5ª reimpresión 1980.
[4] Sabino Carlos. El proceso de investigación. Ed. Panapo, Caracas, 1992.
[5] Lakatos Imre. La metodología de los programas de investigación científica. Alianza Editorial, S. A., Madrid, 1983, 1989.
[6] Ferrater Mora José. Diccionario de Filosofía. Editorial suramericana Buenos Aires. Quinta Edición 1964.

DERECHO

La palabra derecho viene del latín rectum (o directum), línea recta, lo justo, lo recto, y tiene que ver con rectitudo, lo que está en línea recta, según algunos; según otros viene del latín directus, dirigere, enderezar, alinear. Según su etimología -que en castellano y otras lenguas está en relación con «recto» o con «la dirección recta», mientras que en el latino ius, con iustitia, justicia, de iussum, mandato, o iustum, lo justo-, lo que es justo o correcto, lo que está mandado. Es, conservando esta esencia, que encontramos traducido este término Derecho, de modo semejante, en diversas lenguas: dreito, derechu, dret, drittu, právo, droit, diritto, right, recht, zuzenbide, directo, etc…[1]

Pero el Derecho puede tener varias definiciones y aproximaciones:
La facultad natural del hombre para hacer legítimamente lo que conduce a los fines de la vida; la facultad de hacer o exigir todo aquello que la ley o la autoridad establece en nuestro favor, o que el dueño de una cosa nos permita en ella. Pero también estar en derecho alude a aquello que está conforme a algo (una regla).
Para el sistema español, el derecho es el conjunto de cuanto es legítimo. Para algunos, lo que es de derecho es lo que es justo; otros afirman la independencia mutua de la justicia y el Derecho, y otros, finalmente, llegan a subordinar al Derecho la justicia, sosteniendo que algo es justo porque se ajusta al Derecho. El derecho se opone, por una parte, al deber en el sentido de que mientras el primero corresponde a lo que puede ser exigido, el segundo se refiere a lo que debe cumplirse. Por otra parte, lo que es de derecho se opone a lo que existe de hecho, entendiendo por el primero lo que debe ser de una manera determinada, lo que funciona en virtud de normas, y por el segundo lo que es así, prescindiendo de que deba o no serlo. Lo que es de derecho se entiende, finalmente, en muy diversos sentidos, pero alude casi siempre a lo que moralmente debe ser una cosa, en cuyo caso lo que ocurre conforme al derecho se opone en ocasiones a lo que transcurre conforme a la Naturaleza. La oposición entre el Derecho y la Naturaleza o, mejor dicho, entre lo que existe conforme a la ley y lo que es según la Naturaleza, fue ya objeto de amplia discusión por parte de los sofistas y se enlazó con el problema de la validez universal de la ley y del fundamento de esta validez. Como cuestión fundamental del Derecho ha resurgido en todas las épocas en que las concepciones del Derecho han experimentado una crisis y en particular durante el Renacimiento y en el curso del romanticismo.
Mas la oposición entre la ley y la Naturaleza no es simplemente la oposición entre la razón y lo instintivo; por el contrario, por 'Naturaleza' se ha entendido casi siempre lo estable y aun lo que existe conforme a la razón. El Derecho natural ha sido así el Derecho resultante de la naturaleza humana, supuesta universal e idéntica a través de la historia, en oposición al Derecho positivo, que es un Derecho histórico, y al Derecho divino, que coincide, a veces, con el natural, sobre todo cuando hay un fondo racionalista en la concepción del mundo, pero que a veces se entiende como la idea divina de justicia, inaccesible a la razón y a la luz naturales y superior a toda condición histórica.

En el sentido habitual, derecho es el sistema de normas con que se regulan y ordenan de forma positiva y obligatoria las relaciones entre individuos en el seno de la comunidad[2]. Por su propia naturaleza, el derecho sería un término medio entre la anarquía y el despotismo, limitando el poder de los individuos particulares y a su vez limitando el poder del gobierno.
Al sistema de normas y deberes se le llama orden jurídico u ordenamiento jurídico, el cual ha de ser un sistema coherente, que coordine las diversas libertades de los individuos, ha de estar positivamente establecido, ha de obligar coactivamente y poder imponerse por medio de la fuerza a todos los miembros de una sociedad. El objeto del derecho, aquello sobre que regula el sistema jurídico, son las relaciones entre individuos; los sujetos del derecho son primaria y propiamente los individuos y, por derivación, otros sujetos «culturales» o sociales, como la familia, el pueblo o el Estado[3]. Las relaciones entre sujetos de derecho se regulan, no sólo dentro de la propia comunidad, sino también en comunidades más amplias, como la europea, por ejemplo, o la comunidad internacional.

Derecho, Historia.
A lo largo de la historia del pensamiento, el derecho se ha definido de diversas maneras. El jurista romano Ulpiano (muerto hacia 223 d.C.) lo define como el arte de lo bueno y lo justo. Tomás de Aquino como una ordenación de las relaciones entre personas directamente orientada al bien común e indirectamente orientada al bien personal. Para Thomas Hobbes es la libertad de hacer o no hacer algo, mientras que la ley obliga a hacer o no hacer algo. Según Kant es la conciliación de la libertad de uno con la del otro, de acuerdo con una ley común de la libertad[4]. En el idealismo de Hegel, derecho es el «reino de la libertad realizada», de donde brota el mundo del espíritu. Para Marx, la voluntad de la clase burguesa convertida en ley.
Von Ihering lo concibe como protección de intereses; Stammler como voluntad vinculatoria, autárquica e inviolable.

En el derecho se distingue fundamentalmente entre derecho objetivo y derecho subjetivo. Se llama objetivo al conjunto de normas, vigentes en una comunidad, que regulan las relaciones entre individuos; se llama derecho subjetivo a la facultad o voluntad, amparada por las normas objetivas, de poder exigir algo. Al derecho subjetivo corresponde, en los demás, el deber jurídico.

Distinción importante es la clásica entre derecho natural y derecho positivo.[5]

[1] «Por eso, de esta voz latina se han derivado y han entrado en nuestro idioma otros muchos vocablos: jurídico, lo referente o ajustado al Derecho; jurisconsulto, que se aplica a quien, con el correspondiente título habilitante, profesa la ciencia del Derecho, y justicia, que tiene el alcance de lo que debe hacerse según Derecho y razón. Es, pues, la norma que rige, sin torcerse hacia ningún lado, la vida de las personas para hacer posible la convivencia social.» Ossorio, Manuel. Diccionario de ciencias jurídicas, políticas y sociales. Buenos Aires. AR. Heliasta.1999.
[2] De ahí que sea importante aclarar que la palabra Derecho no es sinónimo de Ley. La ley es una de las maneras de crear el derecho en los estados modernos. Toda ley es derecho, pero no todo el derecho es ley.
[3] La totalidad de las normas del derecho constituyen un orden o sistema que tiene por objeto hacer efectivos ciertos valores jurídicos reconocidos por la comunidad. Dichas normas, para que cobren mayor efectividad, suelen dividirse en ramas diversas, haciéndose una distinción principal entre derecho público y derecho privado. El primero se caracteriza porque en él tiene la sociedad un interés social; forman parte de esta gran rama el denominado derecho político o constitucional, el derecho penal, el administrativo, el procesal y otros; sus normas no pueden evadirse. En el caso del derecho privado tiene el Estado también interés, pero éste no es de rango superior y su ejercicio queda a la voluntad de los obligados; hacen parte de este derecho, el civil y el mercantil.
[4] Podría ser también el derecho para Kant, la protección de voluntades.
[5] Bibliografía consultada:
Ferrater Mora José. Diccionario de Filosofía. Editorial suramericana Buenos Aires. Quinta Edición 1964.
ROJAS GONZALES GERMÁN. Introducción al Derecho. Segunda edición, Ecoe Ediciones, Bogotá D.C., 2001, páginas 5-14.
Diccionario de filosofía en CD-ROM. Copyright © 1996. Empresa Editorial Herder S.A., Barcelona.ISBN 84-254-1991-3. Autores: Jordi Cortés Morató y Antoni Martínez Riu.

3 de octubre de 2008

JOSE MIGUEL PEY biografia, vida

José Miguel Pey de Andrade biografía, historia; nació en Santafé de Bogotá el 11 de marzo de 1763. Estudió en el Colegio de San Bartolomé, graduándose de abogado en 1787. Era hijo del oidor de la Real Audiencia Juan Francisco Pey.
Bajo el gobierno de Amar y Borbón fue nombrado alcalde ordinario de primer voto de la capital, participando activamente en los sucesos del 20 de Julio de 1810 , yendo junto a Camilo Torres Tenorio a convencer al virrey de entregar el control de la artillería a los patriotas (Ver Camilo Torres y la Independencia). Ese 20 de Julio fue elegido como vicepresidente de la Junta Suprema de Gobierno por el cabildo abierto. El presidente nombrado, don Antonio Amar se niega a presidirla y don José Miguel Pey se convierte entonces en el primer granadino en ejercer el poder ejecutivo[1]. Pero no era sencillo mantener el equilibrio entre radicales y moderados en el seno de la Junta. Don José Miguel Pey supo hacerlo, gracias a su formación en leyes y a su habilidad política.
Hizo parte, así mismo, de la comisión de negocios diplomáticos interiores y exteriores de la Junta Suprema.
Fue responsable don José Miguel Pey, como mandatario, de la detención del virrey y la virreina, así como de su posterior destierro en agosto de 1810.
Expide, junto a Camilo Torres Tenorio (actuando como vocal-secretario), el 18 de septiembre de ese año, la “Proclama en que se exhorta a los habitantes del Nuevo Reyno de Granada a la unión y fraternidad en el presente estado de cosas”.
Del mismo modo, durante el mandato de José Miguel Pey se instala el primer congreso Supremo, reunido el 22 de diciembre de 1810, al que concurrieron varias de las provincias del antiguo virreinato[2]. Como presidente de los legisladores fue escogido Manuel de Bernardo Álvarez y como secretarios Antonio Nariño y Crisanto Valenzuela.
«Los miembros del congreso tomaron el empeño innegable de conseguir la grandeza de la patria, no obstante lo cual las labores del mismo fueron vanas y su conclusión silenciosa. Como diputados concurrieron: don Manuel de Bernardo Alvarez, por la provincia de Santafé; por Neiva, don Manuel Campos; por Nóvita, don Ignacio de Herrera; por el Socorro, don Andrés María Rosillo; por Mariquita, don León Armero; y por Pamplona, don Camilo Torres.»[3]
Una de las causas de disolución del congreso fue que no se quiso admitir como representantes válidos a quienes no representaran capitales de provincia[4]; luego de eso es que Cundinamarca se constituye como ente particular.
Por otro lado, José Miguel Pey inaugura las sesiones del Colegio Constituyente[5], el 27 de febrero de 1811, que en marzo expediría la Constitución del Estado de Cundinamarca.
Al irrumpir los partidarios de la federación y los centralistas, dirigió don José Manuel Pey las tropas enviadas por el gobierno de Cundinamarca hacia el Socorro a combatir el ejército federalista encabezado por Antonio Baraya, perdiendo el enfrentamiento y cayendo prisionero.
Posteriormente José Manuel Pey colabora con el gobierno de Antonio Nariño y sustituye a Manuel de Bernardo Alvarez en la presidencia de Cundinamarca en 1814.
En 1815 hace parte del triunvirato[6] que rigió la Nueva Granada, junto a Manuel Rodríguez de Torices y Custodio García Rovira. Durante este gobierno se nombró a Joaquín Camacho como Ministro de la Corte de Justicia y a Antonio Baraya como Jefe del Ejército.
Durante el “Régimen del Terror” implantado por Pablo Morillo, se ocultó en La Mesa de Juan Díez y zonas aledañas a Fusagasuga, hasta el triunfo de las tropas patriotas en 1819, lo que le valió contundentes críticas por parte de muchos historiadores.
Se mantuvo leal a la causa de Simón Bolívar aun durante la famosa conspiración septembrina de 1828.
Sirvió a la patria como Secretario (Ministro) de Guerra durante la dictadura de Rafael Urdaneta e hizo parte de la junta de gobierno que temporalmente ejerció el poder en tanto Domingo Caicedo asumía el cargo en propiedad, al renunciar el militar venezolano.
José Miguel Pey de Andrade muere en Santafé de Bogotá el 17 de agosto de 1838 a la edad de 75 años.[7]
[1] Luego sería el primer presidente de Colombia en la época republicana.
[2] Cartagena se declara enemiga de esta convocatoria por considerar que la capital, a semejanza de la Junta central de Sevilla, quería construir el gobierno central, favoreciendo sus propios intereses y desconociendo los de las provincias.
[3] Forero Manuel José. Camilo Torres. Biblioteca de Historia Nacional, Volumen XCIV, Edición conmemorativa del Sesquicentenario de la Independencia de Colombia, Editorial Kelly Bogotá D. E., 1960, páginas 132 y 133.
[4] Por ejemplo Mompóx y Sogamoso. Camilo Torres y León Armero no estuvieron de acuerdo con permitir su ingreso, pero don Manuel de Bernardo Alvarez sí, por ejemplo.
[5] Quien se declara continuador de las tesis consagradas en el acta del 20 de julio, con excepción de la relativa a la superioridad de la Regencia de España: reconocían a Fernando VII como rey de los cundinamarqueses siempre y cuando viniese a suelo granadino, más no aceptaron el dominio de la regencia. Gran responsable de estas determinaciones fue el doctor Jorge Tadeo Lozano, “Presidente del Estado” y “Viceregente de la persona del rey”.
Pero también hicieron parte del colegio electoral: Fernando Caycedo y Flórez; Camilo Torres, Frutos Joaquín Gutiérrez (secretarios del mismo); José María del Castillo y Rada; Miguel Pombo; Luis Eduardo de Azuola y José Gregorio Gutiérrez.
[6] «…del cual casi siempre había uno o dos individuos ausentes, tímido, no siempre unánime y por regla general aguardando órdenes, decretos y resoluciones de un Congreso permanente o imperiódico, fuerte a veces hasta la crueldad, débil otras hasta las más indignas complacencias, inconsulto en muchos de sus actos y sujeto a discusiones y deliberaciones prolongadas y perturbadoras…..el Triunvirato era demasiado débil por sí mismo y más si se tiene en cuenta que lo presidía el General José Miguel Pey, anciano acostumbrado a las medidas suaves, cansado de los años, fatigado por una larga serie de servicios públicos, y aunque militar por títulos, poco avezado en las faenas de la guerra…»MONSALVE J. D. Antonio de Villavicencio (el protomártir) y la revolución de la independencia, Tomo II, Bogotá Colombia, Imprenta Nacional, 1920, páginas 184 y 188.
[7] Bibliografía adicional Consultada: ARIZMENDI Posada Ignacio. Presidentes de Colombia 1810-1990, Bogotá D.E., 1989, Volumen complementario a la Nueva Historia de Colombia.
Ver también: Colombia, grito de independencia